El novillo perdió valor, pero hay un dato que sorprende al negocio ganadero

La hacienda viene retrocediendo en términos reales, pero el negocio conserva una relación de compra inusualmente favorable frente al maíz, las pasturas y el silaje. Ignacio Iriarte analiza además una faena en baja, animales cada vez más pesados y un mercado exportador que podría darle aire a los precios.

La foto de la ganadería argentina tiene dos caras. Por un lado, el precio real de la hacienda cayó durante los últimos seis meses y la faena se encamina a cerrar 2026 bastante por debajo del año pasado. Pero, por otro, el novillo conserva una capacidad de compra de insumos que resulta particularmente favorable.

El análisis del consultor en ganados y carnes Ignacio Iriarte que realiza mensualmente para FIFRA, pone el foco precisamente allí: aunque el valor del ganado se haya deteriorado en términos reales, el costo de producir carne también se redujo medido en kilos de novillo.

Un kilo de novillo compra 16 kilos de maíz
La relación entre el precio del novillo y el maíz muestra hasta qué punto cambió la ecuación. Para agosto, el promedio de los últimos diez años fue de 10,9 kilos de maíz por cada kilo de novillo. Hoy, esa relación trepa a 16 kilos. Es un nivel elevado, aunque todavía por debajo del máximo de los últimos 25 años: en 2015, un kilo de novillo llegó a comprar 20 kilos de maíz.

La diferencia también aparece en los recursos forrajeros. Una hectárea de pradera, que entre 2018 y 2025 equivalía en promedio a 234 kilos de novillo, actualmente demanda apenas 118 kilos.

El verdeo de invierno pasó de un promedio de 140 kilos a unos 74 kilos de novillo, mientras que el silaje de maíz cayó de un equivalente de 750 kilos a 440 kilos. En otras palabras, la ganadería perdió precio, pero ganó poder de compra frente a buena parte de sus costos productivos.

Menos cabezas, más kilos
La contracara aparece en la cantidad de animales faenados. Durante los primeros siete meses de 2026, la faena fue 10% inferior a la del mismo período del año pasado. Iriarte proyecta que el año terminará con unas 12,2 millones de cabezas, alrededor de 1,4 millones menos que en 2025.

Sin embargo, la producción de carne caería bastante menos: alrededor de 7%, hasta unas 2,9 millones de toneladas. La razón está en el peso de los animales. En julio, el promedio alcanzó 244 kilos en gancho, 12 kilos más que un año atrás y 14 kilos por encima de julio de 2024.

La ecuación favorable entre carne y alimentación está impulsando recrías más largas, mayor suplementación y permanencias más extensas en los corrales. También cambia la composición de la faena: hay menos terneros y más novillos.

La participación de las hembras, bajo la lupa
Otro dato que sigue de cerca Iriarte es la proporción de hembras en la faena. En julio representaron 44,3%, seis décimas por debajo del promedio de los últimos 25 años para ese mes. Para agosto, la estimación baja a 42,8%, el registro más bajo de los últimos diez años para ese período.

La menor presencia de hembras se combina con una reducción general de la faena y constituye otro indicador relevante para seguir la evolución de la oferta futura.

China y Europa pueden jugar fuerte
En el frente externo aparecen señales más alentadoras.

Para los últimos meses de 2026, Iriarte observa buenas perspectivas en Europa y China, vinculadas, entre otros factores, con la salida de Brasil del mercado europeo y el agotamiento de las cuotas de Australia y Brasil en China.

Estados Unidos presenta todavía interrogantes por la nueva cuota de 300.000 toneladas de carne picada anunciada por Donald Trump y por la eventual renovación de las 80.000 toneladas de “extra cuota” que Argentina está aprovechando durante 2026.

La proyección es que las exportaciones argentinas cierren el año en torno a 940.000 toneladas.

Y hay otro dato que alimenta las expectativas: los precios FOB de julio fueron 28% superiores a los de igual mes de 2025. Iriarte considera que, pese a la corrección que atraviesa el mercado internacional, Argentina podría mantener los actuales valores e incluso conseguir mejoras durante septiembre-diciembre, de la mano de la demanda de China y Europa.

Un consumo que se mantiene
Mientras tanto, el mercado interno no muestra grandes movimientos. Los precios al mostrador llevan unos cuatro meses relativamente estables, en torno a $19.500 por kilo, considerando el promedio de los principales cortes. Para todo 2026, el consumo se ubicaría entre 42 y 44 kilos de carne vacuna por habitante.

El escenario que deja planteado Iriarte es, entonces, particular: menos hacienda, animales más pesados, una oferta de carne que cae menos que la faena y una relación entre el novillo y los alimentos que todavía resulta favorable. La evolución de los precios y, especialmente, lo que ocurra con las exportaciones en los próximos meses serán las claves para saber cuánto puede durar esta particular combinación.


fuente: Prensa Gobierno de Córdoba

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