
Desde hace dos décadas, especialistas del INTA Concepción del Uruguay generan información estratégica para potenciar la producción de forraje en Entre Ríos. La elección de genética adaptada a las limitantes físicas de los suelos vertisoles se presenta como una herramienta de alto impacto productivo y costo cero para el productor.
En la provincia de Entre Ríos, la predominancia de suelos vertisoles representa un desafío para la ganadería debido a su alto contenido de arcillas expandibles. Estas características físicas condicionan el crecimiento de las pasturas y limitan el potencial productivo. Ante este escenario, el INTA Concepción del Uruguay trabaja desde hace más de dos décadas en la generación de información estratégica para los sistemas locales.
Al respecto, Alejo Re —profesional del INTA Concepción del Uruguay— explicó que, si bien estos suelos presentan limitantes, también ofrecen grandes oportunidades cuando se ajustan las decisiones tecnológicas. El especialista destacó que la utilización de cultivares adaptados a las condiciones específicas de la provincia puede producir entre un 5 y un 10 % más de forraje respecto al promedio. Se trata, según indicó, de una tecnología de costo cero para el productor, ya que el valor de la semilla es similar, pero el impacto en la producción final es muy significativo.
El especialista explicó que, en estas zonas, por lo general, se utilizan las especies tradicionales como alfalfa, tréboles, lotus, festuca, raigrás o cebadilla, pero, enfatizó: “Se deben abordar otros aspectos tecnológicos para potenciar la producción forrajera en este tipo de ambientes”.
En este contexto, el INTA estudia el comportamiento de cultivares de especies forrajeras como alfalfa, raigrás anual y festuca en condiciones locales a través de su participación en redes nacionales de evaluación que abarcan más de 10 localidades. “En estos ambientes no alcanza solo con elegir la especie, sino que es fundamental definir qué cultivar utilizar y cómo manejarlo. En ambientes complejos como los vertisoles, ajustar la elección de cultivares forrajeros puede ser una decisión simple, pero con alto impacto productivo.”, puntualizó Re.

Además de las evaluaciones en parcelas experimentales, el INTA impulsa módulos demostrativos en sistemas reales de producción. Allí se integran distintas tecnologías —especies, cultivares, fechas de siembra, mezclas y manejo— en planteos ganaderos a pasto. “Hace más de 15 años realizamos evaluaciones en sistemas de recría y engorde con base forrajera diversificada, que incluyen pasturas perennes, verdeos de invierno y de verano”, detalló Re. Estos sistemas han alcanzado producciones cercanas a los 450 kilos de carne por hectárea al año, exclusivamente a pasto.
La estabilidad productiva es otro de los aspectos destacados. “Si bien hay variabilidad entre campañas, vinculada principalmente a las precipitaciones, los sistemas muestran una buena capacidad de respuesta. La diversificación de recursos forrajeros y un manejo adecuado permiten amortiguar los efectos de años adversos”, indicó.
En este sentido, el trabajo del INTA no solo aporta información técnica, sino que también promueve espacios de intercambio con productores a través de jornadas, charlas y recorridas a campo. “El objetivo es acercar tecnologías validadas que permitan mejorar la eficiencia y sostenibilidad de los sistemas ganaderos entrerrianos”, concluyó.




