En 1976, una bióloga de 26 años acampó sola bajo un nido de águila calva: uno de los polluelos que crió se convirtió en padre de 70 más

La recuperación del águila calva (Haliaeetus leucocephalus) es uno de los mayores éxitos de los programas de conservación en Estados Unidos.

Este ave rapaz, majestuosa, convertida en símbolo del país, estuvo al borde de la extinción en los años 60. Poco después, Tina Morris, una bióloga de 26 años, inició un proyecto audaz y exitoso.

En 1976, ella trabajaba para el Peregrine Fund, un programa pionero de conservación dirigido por el profesor Tom Cade de la Universidad de Cornell. El profesor había retirado polluelos de nidos de halcones peregrinos (Falcus peregrinus) y utilizado la técnica conocida como hacking para criarlos en estado salvaje. Poco a poco, la población de estos halcones comenzó a recuperarse.

Según destaca un artículo de The Guardian, a mediados de los años 70, el profesor Cade decidió probar las mismas técnicas con el águila calva, de la cual quedaban unas 417 parejas reproductoras. Era una carrera contrarreloj porque el gobierno quería reintroducir el águila calva para las celebraciones del bicentenario de la independencia, en 1976.

“Mamá águila”

La tarea recayó en Morris, que acampó en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Montezuma, en Nueva York, durante los veranos de 1976 y 1977. Colocó su tienda de campaña debajo de un enorme nido que una pareja de águilas había construido para sus polluelos.

El águila calva ha sido recuperada en Estados Unidos por una acción de la Universidad de Cornell. Foto: GrandTetonNPS, Wikimedia Commons.

Entonces, la biológa se convirtió en una especie de “madre águila” que alimentaba a los polluelos desde una plataforma ubicada a 10,5 m de altura. Los dos primeros se llamaban W1 y W2 y habían llegado desde Wisconsin. Pronto arribó M3, proveniente de Michigan.

Un día las águilas abandonaron el nido del refugio. La identificada como M3, que tenía un rastreador, lo hizo en 1977. Los científicos supieron que había formado parte de una pareja reproductora estable durante tres décadas en el nordeste. Él solo había engendrado alrededor de 70 polluelos. En 2015, a los 38 años, fue atropellado por un vehículo y murió. Supieron que era M3 porque conservaba su pata rota y su anilla de aluminio con el número 03142.

Un artículo de National Geographic dice que, gracias a estas acciones y a la prohibición del DDT, el águila calva dejó de ser catalogada como una “especie en peligro”. En 2007 había casi 10.000 parejas reproductoras en 48 estados, con una población total estimada en 316.000 ejemplares.

Después de criar a otras cuatro águilas, esta vez con ayuda del Departamento de Conservación Ambiental (DEC) de Nueva York, un doctorado de alto perfil parecía inevitable para Morris. Pero ella había conocido a su esposo, Larry, y quería un proyecto que pudiera realizar en la zona.

Cade la animó a probar las mismas técnicas con otra especie en peligro de extinción, el alcaudón cabecinegro (Lanius schach), pero no obtuvieron financiación.

Una de las águilas calva criadas por Morris en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Montezuma tuvo 70 polluelos. Foto: Pixabay.

Entonces, Morris se dedicó por completo a la crianza de sus cuatro hijos y, junto con Larry, restauró una granja que había sido abandonada. Más tarde, impartió clases de biología en una escuela secundaria. En 2024 publicó Regreso al cielo (2024), un libro donde comparte su inolvidable experiencia de los años 70.

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fuente: CLARIN

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