
En mi recorrido por el sector tecnológico me encontré de forma recurrente con una inquietud generalizada entre mis pares ejecutivos: ¿qué pasará con el empleo frente a la irrupción de la Inteligencia Artificial? Como líderes corporativos, nos enfrentamos a una encrucijada determinante, pero considero firmemente que la IA no viene a destruir valor, sino a exigirnos una evolución estratégica.
El punto de partida debe ser conceptualmente claro para disipar falsos temores: la industria del conocimiento es, por definición, “talento dependiente”.
Tanto en mi gestión diaria como en los debates que impulsamos desde la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), insisto en que nuestra verdadera materia prima competitiva no reside en la infraestructura tecnológica que adquirimos, sino en la “materia gris” de nuestros equipos.
La Inteligencia Artificial no viene a decretar el fin del empleo humano. Todo lo contrario. Su rol en nuestras organizaciones consiste en la automatización de las tareas operativas y de producción repetitiva, entre otras tantas cosas. Lejos de verlo como una amenaza, entiendo este cambio de paradigma como una liberación del potencial intelectual de nuestros colaboradores, permitiéndoles enfocarse en lo que realmente importa, cómo trazar una estrategia a largo plazo, explorar la creatividad disruptiva y tener condiciones para la resolución de problemas de alto valor agregado.
Bajo esta premisa, nuestra responsabilidad en la alta dirección se desplaza desde la mera supervisión de procesos hacia la orquestación de una reconversión constante de habilidades (upskilling). No estamos ante una crisis de empleo, sino ante un cambio radical de las capacidades exigidas. Mi desafío diario —y el de cada uno de ustedes— radica en cómo adaptamos nuestras estructuras para desarrollar las nuevas competencias que esta convivencia tecnológica nos demanda de forma inmediata.
*CEO GyL Group
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fuente: Inteligencia Artificial | Fortuna – Perfil”> GOOGLE NEWS



