
La inteligencia artificial y la robótica avanzan sobre un terreno hasta ahora reservado a las personas: la compañía, el cuidado y las tareas del hogar. Desde peluches inteligentes para adultos mayores hasta humanoides capaces de limpiar, cocinar e interactuar, la nueva generación de asistentes ya empieza a instalarse en la vida cotidiana.
“La soledad mata”, advirtió en 2023 el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, al presentar una crisis silenciosa que hoy encuentra en la tecnología una respuesta inesperada: máquinas diseñadas no solo para asistir, sino también para acompañar. En ese cruce entre necesidad humana e innovación se inscribe la nueva generación de robots e ինտeligencias artificiales que empiezan a ganar espacio en la vida diaria.
La compañía adecuada puede transformar la calidad de vida, pero en una sociedad cada vez más atravesada por el aislamiento social, encontrarla se volvió más difícil. En ese escenario, la tecnología comienza a ocupar un lugar nuevo: además de resolver tareas, también busca ofrecer presencia, conversación y contención.
El futuro que hasta hace poco parecía distante ya está en marcha. Existen asistentes inteligentes pensados para acompañar a las personas, dispositivos capaces de colaborar en el hogar e incluso desarrollos orientados a sostener vínculos íntimos. Algunos se comercializan como productos y otros operan bajo esquemas de suscripción.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la soledad y el aislamiento social afectan a una de cada seis personas en el mundo. El organismo estima que esta problemática está asociada con unas 871.000 muertes anuales y advierte por sus efectos sobre la salud mental y física.
En este contexto, los avances en inteligencia artificial y robótica comienzan a ofrecer una nueva generación de asistentes que van más allá de la ayuda práctica. Algunos pueden conversar, recordar rutinas y acompañar a personas que viven solas; otros realizan tareas del hogar o intentan generar interacciones cada vez más parecidas a las humanas.
Compañía para combatir la soledad
Hyodol es un peluche inteligente con forma de muñeco de tela desarrollado por la startup surcoreana del mismo nombre. Fue diseñado especialmente para acompañar y asistir a personas mayores que viven solas.
El dispositivo utiliza un chatbot basado en ChatGPT para iniciar conversaciones con una voz alegre disponible en distintos idiomas. A partir de la interacción con cada usuario, la inteligencia artificial puede aprender preferencias, recordar rutinas y funcionar como una agenda personalizada.
El peluche puede avisar cuándo es momento de tomar la medicación o de comer. Sus sensores monitorean a los usuarios en tiempo real y alertan a familiares o trabajadores sociales ante una emergencia. Incluso, un programa de inteligencia artificial de Microsoft analiza los registros de voz para evaluar el estado de ánimo de cada adulto mayor.
En Corea del Sur ya se distribuyeron como prueba 412 unidades desde 2019. Actualmente, más de 12.000 peluches inteligentes acompañan a adultos mayores que viven solos, según la empresa. Este año comenzará su comercialización y el mercado de asistentes para el cuidado de personas mayores proyecta un fuerte crecimiento hacia 2030.
Cada unidad cuesta unos 1.150 dólares y, de acuerdo con la empresa, comenzará a comercializarse en la Argentina en 2027.
Análisis y proyecciones: el caso de Hyodol refleja una tendencia de fondo: la llamada economía de la longevidad y el cuidado asistido por tecnología. En un mundo con poblaciones cada vez más envejecidas, especialmente en Asia y Europa, estos desarrollos pueden aliviar la carga de cuidadores y sistemas sanitarios, aunque también abren debates éticos sobre privacidad, dependencia afectiva y reemplazo del vínculo humano. En la próxima etapa, la aceptación social dependerá tanto de la eficacia técnica como de la capacidad de estas herramientas para integrarse sin desplazar la supervisión y el contacto personal.
Un humanoide para las tareas del hogar
Neo es un robot humanoide desarrollado para colaborar con distintas tareas domésticas: puede limpiar, cocinar y realizar otras actividades dentro del hogar.
Mide aproximadamente 1,68 metros, pesa 30 kilos y puede manipular cargas de hasta 25 kilos. Una de sus principales características es su sistema de aprendizaje continuo: cuando no sabe realizar una tarea, una persona puede enseñársela y el robot aprende mediante la observación.
El humanoide también incorpora visión artificial, micrófonos, cámaras y conexión Wi-Fi/5G, lo que permite supervisar de manera remota algunas de sus actividades.
El dispositivo tiene un precio de 20.000 dólares o puede contratarse mediante una suscripción mensual de 499 dólares.
Su lanzamiento inicial está previsto para Estados Unidos hacia fines de 2026, mientras que la expansión internacional comenzaría en 2027. La empresa ya acepta reservas mediante el pago de un depósito y también ofrece la alternativa de suscripción mensual.
En los últimos años, los robots domésticos han pasado de ser prototipos de laboratorio a productos cada vez más cercanos al mercado masivo. La gran barrera sigue siendo el costo, pero también la confiabilidad en entornos domésticos reales, donde la variabilidad de tareas y espacios es mucho mayor que en un entorno industrial. Si estas máquinas logran mejorar su autonomía y seguridad, podrían convertirse en una herramienta de apoyo para hogares con adultos mayores, familias con poco tiempo o personas con movilidad reducida.
Un humanoide para interactuar
Moya es otro de los desarrollos que buscan acercar la interacción entre humanos y robots. El humanoide puede caminar con movimientos similares a los de una persona, mantener contacto visual y reproducir expresiones faciales sutiles.
Una de sus características más llamativas es que cuenta con temperatura corporal: su “piel” puede mantenerse entre los 26 y los 32 grados Celsius, lo que busca darle una apariencia más realista.
Gracias a la integración de inteligencia artificial, Moya está diseñado para percibir, razonar y actuar sobre el mundo físico, en lugar de limitarse a operar en entornos digitales. El desarrollo fue realizado por la empresa de robótica DroidUp y presentado recientemente en Shanghái, China.
La intención es que pueda utilizarse en ámbitos educativos, comerciales y de interacción con personas. Su principal diferencial apunta justamente a esa capacidad de establecer vínculos y mantener conversaciones cada vez más naturales.
Se espera que llegue al mercado hacia fines de 2026, con un precio inicial estimado de 145.000 euros. Sin embargo, tanto el valor definitivo como la disponibilidad comercial todavía no fueron anunciados oficialmente.
La evolución de este tipo de humanoides muestra un cambio claro en la última década: de robots rígidos y funcionales a máquinas cada vez más expresivas, capaces de mirar, escuchar y responder con mayor naturalidad. Los actores del sector ya no compiten solo por potencia o precisión, sino también por empatía simulada, diseño y capacidad de generar confianza en el usuario.
Una nueva forma de compañía
Estos desarrollos muestran cómo la inteligencia artificial y la robótica empiezan a ocupar espacios que hasta hace poco parecían exclusivamente humanos. Ya no se trata solamente de máquinas capaces de ejecutar órdenes: algunas fueron diseñadas para conversar, recordar, cuidar, ayudar y generar una sensación de compañía.
La gran pregunta que abre esta nueva etapa no es solo qué tareas podrán hacer los robots, sino también qué lugar ocuparán en la vida cotidiana cuando la tecnología comience a intervenir cada vez más en la forma en que las personas se relacionan.
En perspectiva, el fenómeno combina dos tendencias que avanzan en paralelo: la automatización de tareas y la búsqueda de alivio frente a la soledad. Si ambas se consolidan, la próxima frontera no será únicamente tecnológica, sino social: cómo convivir con máquinas que no solo ejecutan funciones, sino que también intentan ocupar un lugar emocional en la vida de las personas.
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