
El médico veterinario y empresario Lucas Cutaia hizo un recorrido sobre los progresos históricos de la mejora genética. Luego de alcanzar registros muy eficientes, ¿cómo seguir creciendo?
La inseminación artificial ha recorrido un largo camino, desde aquel primer registro de semen congelado en 1951, pasando por los avances en detección de celo en la década de los años 70, en el siglo pasado. Uno pocos años después la aparición de la progesterona en la inseminación artificial hizo un aporte decisivo en la mejora del proceso, en la preparación del útero y el mantenimiento del proceso de gestación.
En 1988 una onda folicular incentiva el crecimiento cíclico de un grupo de folículos ováricos estimulados por la hormona y precede al advenimiento en el año 2000 de la IATF y en 2010, con la PMSG, una hormona utilizada en la reproducción animal para estimular el desarrollo de los folículos ováricos, inducir el celo y sincronizar la ovulación en programas de inseminación artificial.
Hay mucho camino para recorrer
La IATF lleva 25 años de crecimiento que se ha traducido en un impacto fuerte en ganancia de kilos de carne, el desarrollo de la industria farmacéutica y ha revalidado el rol del veterinario en un nicho muy prometedor. Varios países del Cono Sur marchan a la vanguardia en adopción de IATF, con registros en torno al 50% de preñez, preanunciando que los avances de ahora en adelante serán de pequeño porte.
¿Cómo crecer?
“Ya tenemos adoptados todos los protocolos con altos niveles de eficiencia. Estamos en un nivel pero pensamos crecer y la clave es el trabajo veterinario, con más profesionales vinculados y muchos más animales integrados en un rodeo. La tasa de uso por unidad productiva es el camino para crecer”, señala con énfasis Cutaia, y subraya que el desafío está en convencer el productor de que la IATF es rentable, tiene un impacto muy fuerte en la eficiencia, en los kilos de carne extra conseguidos.
Cutaia cuenta que en Australia la IATF le saca ventaja al toro y en las consignas que deja caer que hay que revisar los programas de inseminación, y preñar entre los 45/55 días luego de la parición.




