
Cristina Pedroche reconoció que antes de tener a su segundo hijo tuvo miedo de no saber quererlo igual, una reflexión que la psicóloga María José Ortolá Sastre explica con una imagen concreta: “El amor no funciona como una tarta que se reparte en porciones”.
La duda apareció cuando una seguidora le preguntó cómo superar ese temor. Pedroche respondió desde su propia experiencia: ella también había pasado meses intentando imaginar cómo sería incorporar otro vínculo después de haber construido uno tan fuerte con su primera hija.
“Por supuesto yo también tenía esa duda”, reconoció Cristina Pedroche al recordar su segundo embarazo.
La presentadora contó que incluso le preocupaba más porque esperaba un niño. Antes de conocerlo no podía anticipar cómo sería ese nuevo vínculo ni si sentiría la misma intensidad que con su primera hija.
María José Ortolá Sastre, psicóloga clínica integradora de la clínica Libélula, asegura que esa pregunta aparece mucho más de lo que suele reconocerse. En consulta, algunas mujeres incluso la plantean en voz baja por miedo a ser juzgadas.

El primer hijo ya ocupa un lugar conocido. Durante meses o años, los horarios, los cuidados, los juegos y buena parte de la vida familiar se organizan alrededor de esa relación.
Cuando aparece un segundo embarazo, surge una pregunta difícil de responder antes de vivirla: cómo incorporar a otra persona sin quitarle algo al vínculo que ya existe.
Ahí aparece la comparación de Ortolá: el amor, sostiene, no funciona como una tarta con una cantidad determinada que debe cortarse en porciones cada vez más pequeñas. La capacidad de vincularse puede ampliarse.
Del primer embarazo al segundo: qué cambia en la vida diaria
La psicóloga marca una diferencia que se observa fuera de cualquier teoría. Durante el primer embarazo puede haber tardes para pensar en el bebé, preparar su habitación o imaginar cómo será la vida después del parto.

En un segundo embarazo esa disponibilidad suele ser distinta. Ya hay otro chico que necesita comer, bañarse, jugar, dormir y recibir atención mientras la gestación continúa.
También están la casa, el trabajo y las obligaciones habituales. La madre puede llegar al final del día con menos tiempo para detenerse a pensar en el bebé que viene.
Para Ortolá, comparar las dos experiencias como si debieran sentirse exactamente iguales puede generar preocupación innecesaria. El contexto ya cambió y, por lo tanto, también puede cambiar la manera de atravesar el embarazo.
Esa diferencia puede continuar después del nacimiento; algunas madres sienten una conexión inmediata; otras necesitan días, semanas o incluso meses para construirla.
Por qué el cansancio puede confundirse con falta de amor
Atender a dos hijos también cambia algo muy concreto: las horas disponibles para dormir, descansar o permanecer a solas. Ortolá explica que una persona con falta de sueño y una carga mental alta puede sentirse menos emocionada, paciente o conectada durante algunos momentos.
Esa sensación puede interpretarse como falta de amor cuando en realidad el cuerpo está cansado. La especialista separa ambas cosas: tener menos energía emocional no implica querer menos.
Por eso, Ortolà recomienda que la pareja o las personas cercanas escuchen antes de responder con frases automáticas como “ya verás que los vas a querer igual”.
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