
Al parecer, el 1 de julio se concretará el cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En respuesta al documento de la Santa Sede que la emplaza a no consagrar ese día a cuatro nuevos obispos sin el mandato pontificio, los “lefebvrianos”, como llaman a los seguidores del obispo francés Marcel Lefebvre, confirmaron su propósito.
Cuatro obispos consagrados ilegalmente en Ecône, Suiza, la sede de la Fraternidad, ya habían sido excomulgados por el papa Juan Pablo II en 1988 junto con monseñor Lefebvre. En 2009, el papa Benedicto XVI revocó la medida. Pero los cuatro obispos siguen suspendidos “a divinis”, lo que significa que no pueden ejercer su ministerio en la Iglesia católica. Sus comunidades están también en estado de cisma.
De hecho, el conflicto continúa y la Fraternidad ha producido un nuevo documento ante la confirmación por parte de la Santa Sede de que aplicará la excomunión a los cuatro obispos que quiere consagrar sin mandato pontificio el 1 de julio en Ecône, repitiendo la ceremonia presidida por monseñor Lefebvre en 1988.
El comunicado de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no respondió a la advertencia de la Santa Sede de que la decisión a aplicar el 1 de julio es para la Iglesia “un acto cismático”, con la consiguiente excomunión de los culpables.

Los tradicionalistas prefieren señalar abiertamente el “evento histórico” y destacan que se espera la presencia de más de 15 mil fieles junto con 1.300 sacerdotes, religiosos y monjas procedentes de diversos países.
Se estima que más de 230 mil fieles adhieren en todo el mundo a la Fraternidad, que encuadra también a centenares de sacerdotes, monjas y otros religiosos, porque ha continuado creciendo tras la excomunión de los cuatro obispos en 1988.
Un acto que toca la unidad de la Iglesia
Para la Santa Sede, la consagración de obispos sin mandato pontificio representa no solo una violación disciplinaria, sino un acto que toca directamente el principio de unidad de la Iglesia y el papel del papa como garante de la comunión eclesial.
Si el 1 de julio se concreta la nueva consagración de cuatro obispos, León XIV enfrentará la primera crisis seria de su pontificado, que acaba de cumplir este mes su primer año de vida.
Será un duro golpe el que afrontará Robert Francis Prevost, quien desde que fue elegido el 8 de mayo de 2025 ha construido su magisterio sobre la base de los temas de recomposición interna, del diálogo y de la pacificación eclesial.
El superior general de la Fraternidad, monseñor Davide Pagliarani, en su larga respuesta al documento de la Santa Sede que lo intima nuevamente a no realizar el acto cismático de nombrar sin autorización papal a cuatro nuevos obispos, presentó una “Declaración de fe católica” dirigida directamente al Papa y presentada como “el mínimo necesario para poder continuar definiéndose auténticamente católicos”.
Hace una semana, en una declaración del prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, uno de los principales “ministerios” del gobierno de la Iglesia, el cardenal argentino Víctor Fernández recordó que la consagración episcopal anunciada por los rebeldes “no tiene el correspondiente mandato pontificio” y que tal gesto “constituiría un acto cismático”.
“La adhesión formal al cisma constituiría una grave ofensa a Dios y comporta la excomunión establecida en el derecho eclesiástico”.
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