Quién reemplazará a Karoline Leavitt: la disputa por un cargo clave en plena crisis de libertad de prensa durante la era Trump

Reemplazar a Karoline Leavitt, que dejará el puesto de secretaria de prensa de la Casa Blanca a finales de mes, no será fácil. La persona capaz de pararse detrás del atril de la sala de prensa más famosa del mundo deberá también reunir una combinación de características que Donald Trump exigió siempre a sus voceros: lealtad personal, instinto televisivo, conocimiento de la maquinaria del gobierno, habilidad para defender cambios repentinos de política y, quizá por encima de todo, capacidad para entender qué quiere el presidente antes de que él mismo lo diga públicamente.

Leavitt anunció que abandonará el cargo a finales de agosto para dedicar más tiempo a sus dos hijos pequeños. A los 28 años, se había convertido en la persona más joven de la historia en ocuparlo. Trump la describió como una de sus colaboradoras de mayor confianza y anunció que continuará vinculada a su círculo como asesora externa. Hasta ahora, la Casa Blanca no designó a un sucesor.

La ausencia de un heredero evidente dice bastante sobre el lugar que Leavitt consiguió dentro del gobierno republicano. Su función excedía ampliamente las conferencias de prensa televisadas. Tenía acceso directo al presidente, participaba de discusiones internas, coordinaba mensajes con distintas áreas y ejercía como una de las defensoras públicas más disciplinadas de una presidencia que, por definición, rara vez se caracteriza por la disciplina comunicacional.

La Casa Blanca tampoco parece apurada para anunciar su reemplazo. Un alto funcionario dijo a NBC News que Trump tiene intención de reemplazarla, pero podría no hacerlo hasta después de las elecciones legislativas de noviembre.

Mientras tanto, el gobierno podría recurrir nuevamente a una fórmula que ya utilizó durante la licencia de Leavitt: funcionarios de alto rango apareciendo de manera rotativa frente a los periodistas. Durante ese período, incluso el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio encabezaron encuentros con la prensa.

Anna Kelly, la candidata de la continuidad

Anna Kelly. Foto: @AnnaKellyGOP/X

A sus 29 años, Kelly ocupa el cargo de principal subsecretaria de prensa y trabaja directamente dentro del equipo que dirigía Leavitt. Antes de llegar a la Casa Blanca fue secretaria nacional de prensa del Comité Nacional Republicano y trabajó para el representante republicano Derrick Van Orden, de Wisconsin.

En los últimos meses, la Casa Blanca comenzó a darle mayor exposición pública. Kelly apareció en entrevistas televisivas para explicar posiciones del gobierno, incluidas cuestiones de política exterior.

Alina Habba, lealtad probada y experiencia frente a las cámaras

Alina Habba. Foto: AP, archivo

Habba, de 42 años, ingresó al círculo de Trump como abogada personal en 2021 y se convirtió en una presencia frecuente frente a los tribunales y las cámaras durante las causas judiciales del mandatario.

Representó a Trump en algunos de sus enfrentamientos legales más importantes y posteriormente fue nombrada consejera presidencial. Más tarde ocupó el cargo de fiscal federal en Nueva Jersey, aunque terminó renunciando después de una disputa judicial sobre la legalidad de su permanencia en el puesto.

Trump ya la describió públicamente como una persona de “lealtad inquebrantable”, una característica que históricamente ha pesado mucho en sus decisiones de personal.

Steven Cheung, el hombre que ya controla el mensaje

Steven Cheung. Foto: AP/Evan Vucci

Actualmente es director de comunicaciones de la Casa Blanca y trabaja con Trump desde su campaña presidencial de 2016. Durante el primer mandato fue director de respuesta rápida y posteriormente continuó vinculado a las campañas del presidente.

Antes de incorporarse a la política había trabajado en comunicaciones para Ultimate Fighting Championship, una experiencia curiosamente compatible con el estilo confrontativo que después caracterizaría sus intercambios con periodistas y adversarios políticos.

Katie Miller: experiencia en la Casa Blanca y llegada al público conservador

Tiene 34 años, fue secretaria de prensa del entonces vicepresidente Mike Pence entre 2019 y 2020 y posteriormente su directora de comunicaciones. Durante el segundo mandato de Trump trabajó además en la estructura comunicacional del denominado Departamento de Eficiencia Gubernamental, inicialmente encabezado por Elon Musk.

Está casada con Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y uno de los arquitectos más influyentes de la política migratoria de Trump. Después de dejar el gobierno, Katie Miller lanzó un podcast orientado principalmente a mujeres conservadoras, en el que entrevistó a figuras como JD Vance y Marco Rubio.

Katie Miller, Karoline Leavitt, Dan Scavino y Steven Cheung. Foto: REUTERS/Nathan Howard

Scott Jennings, el defensor de Trump desde CNN

El comentarista conservador de CNN se convirtió durante los últimos años en una de las voces más visibles en defensa de Trump dentro de una cadena que el presidente critica regularmente. Trump ha elogiado públicamente su desempeño. En un acto, el presidente llegó a señalar que Jennings lo defendía “todo el tiempo”.

A los 48 años, tiene además una experiencia política considerable. Participó en cuatro campañas presidenciales y trabajó en campañas del senador Mitch McConnell.

Matthew Boyle y la posibilidad de mirar hacia los medios conservadores

Otro nombre que circula es Matthew Boyle, jefe de la oficina de Washington de Breitbart. Trump lo conoce, lo ha entrevistado en distintas oportunidades y mantiene una relación estrecha con un sector del periodismo conservador que considera ideológicamente más próximo.

Su designación significaría colocar a una figura procedente directamente de un medio conservador al frente de la oficina encargada de gestionar las relaciones entre la presidencia y toda la prensa estadounidense.

Sería, a la vez, una elección coherente con la transformación que ya impulsó Leavitt, quien amplió el acceso a podcasters, influencers y medios alternativos mientras reducía el poder tradicional de algunas organizaciones históricas dentro del sistema de cobertura presidencial.

Tricia McLaughlin, una portavoz formada en la batalla migratoria

Fue subsecretaria de Asuntos Públicos del Departamento de Seguridad Nacional, donde se convirtió en una defensora particularmente visible de las políticas migratorias de Trump.

Antes había trabajado en distintas funciones durante el primer gobierno republicano, además de desempeñarse como comentarista política en ABC News y directora de comunicaciones del gobernador de Ohio, Mike DeWine, y de la campaña presidencial de Vivek Ramaswamy.

El próximo vocero asumirá en una era turbulenta para la prensa en EEUU

Hasta anunciar reemplazo, el gobierno podría recurrir a una fórmula que ya utilizó durante la licencia de Leavitt: funcionarios de alto rango apareciendo de manera rotativa frente a los periodistas. Foto: AP/Jacquelyn Martin

La elección ocurre en un momento particularmente delicado para las relaciones entre el gobierno estadounidense y los medios.

Reporteros Sin Fronteras ubicó a Estados Unidos en el puesto 64 entre 180 países en su Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2026. Un año antes ocupaba el 57. La organización sostiene que el regreso de Trump al poder profundizó un deterioro que ya llevaba varios años y menciona, entre otros factores, restricciones al acceso, investigaciones contra medios críticos, recortes a medios públicos y una utilización creciente de herramientas gubernamentales contra organizaciones periodísticas.

El enfrentamiento más simbólico fue probablemente el de The Associated Press. Después de que la agencia se negara a adoptar exclusivamente la denominación “Golfo de América” impulsada por Trump para referirse al Golfo de México, la Casa Blanca restringió su acceso a determinados eventos presidenciales. La disputa terminó en los tribunales.

Durante el segundo mandato de Trump, el gobierno protagonizó enfrentamientos con NPR y PBS. Un juez federal bloqueó una orden presidencial que buscaba eliminar determinadas fuentes de financiamiento federal para ambas organizaciones, al considerar que existían problemas constitucionales relacionados con la discriminación basada en el punto de vista editorial.

La tensión sumó un nuevo capítulo esta semana. The Intercept y Freedom of the Press Foundation presentaron una demanda federal contra un servicio de Truth Social que permite pagar hasta USD 100.000 mensuales para acceder de manera anticipada a publicaciones del presidente Donald Trump, incluidas aquellas que pueden contener información sobre políticas públicas capaz de afectar los mercados. Los demandantes sostienen que el esquema vulnera garantías constitucionales al ofrecer un acceso privilegiado a información oficial a quienes pueden pagar por ella.

En ese contexto, el próximo secretario de prensa tendrá una función institucional particularmente compleja, ya que deberá también administrar el acceso de los periodistas a una Casa Blanca que ha redefinido quién entra, quién pregunta y qué medios considera legítimos.

fuente: CLARIN

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