Premiaron un desarrollo del INTA que utiliza huevo en polvo para mejorar la salud de adultos mayores

Las complicaciones intestinales que pueden agravar una internación en adultos mayores fueron el punto de partida de una investigación que hoy busca llegar a la industria alimentaria. Un equipo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en articulación con la empresa Bioinnovo, desarrolló OvoProtect, un ingrediente a base de huevo enriquecido con anticuerpos presentes en la yema, con potencial para mejorar la protección frente a patógenos intestinales. El proyecto obtuvo el primer premio en la segunda edición latinoamericana del concurso Alimentación del Futuro, organizado por el Centro de Investigación y Asistencia Técnica a la Industria (CIATI) y la Fundación Ciencia para el Ser, dotado con 10.000 dólares y una mentoría.

Presentada por Luciana Rossetti, la propuesta apunta a aprovechar los anticuerpos del huevo como herramienta de inmunonutrición pasiva. El ingrediente puede incorporarse a distintos alimentos y busca contribuir a la protección contra enteropatógenos frecuentes, como Salmonella spp., Escherichia coli, rotavirus y adenovirus, entre otros. La iniciativa combina investigación aplicada, nutrición funcional y biotecnología, con el objetivo de desarrollar soluciones que puedan mejorar la calidad de vida de poblaciones vulnerables, especialmente adultos mayores y niños. El desafío ahora es avanzar en su desarrollo y escalado para facilitar su incorporación a productos alimenticios.

El reconocimiento a OvoProtect fue el punto central de una convocatoria que busca transformar conocimientos científicos en soluciones concretas para el sector productivo. En total, se postularon 135 proyectos provenientes de nueve países, una participación que refleja el interés regional por desarrollar nuevos ingredientes, procesos y tecnologías para la alimentación.

El desafío de conectar la ciencia con la industria

El presidente del CIATI -un centro tecnológico especializado en servicios analíticos certificados, asistencia técnica e I+D para los sectores de alimentos, ambiente y geoquímica- el bioquímico Rodolfo Ardenghi, destacó que el premio forma parte de una estrategia para acercar dos ámbitos que históricamente tuvieron dificultades para trabajar de manera articulada: el sistema científico y el entramado industrial.

“Hace pocos años decidimos hacer I+D en producción de alimentos”, explicó Ardenghi al repasar el origen de la iniciativa. La decisión surgió de un diagnóstico sobre el sistema argentino de ciencia y técnica, que cuenta con reconocimiento por la calidad de sus investigaciones, pero que enfrenta dificultades para trasladar una mayor proporción de sus resultados al mercado.

Según los datos mencionados durante la presentación, de un volumen de alrededor de 850 publicaciones científicas anuales, solo una proporción reducida se traducía en patentamientos y menos del 4% llegaba a la industria. Entre las principales barreras identificadas aparecen la falta de financiamiento, la desarticulación entre los sectores público y privado y las dificultades para escalar los desarrollos desde el laboratorio hasta la producción comercial.

Frente a ese escenario, Ardenghi planteó la necesidad de construir un puente entre la investigación y la industria, capaz de convertir el conocimiento en productos y procesos que generen valor económico y social.

El concurso es una de las herramientas elegidas para avanzar en esa dirección. El jurado reunió a referentes de distintos ámbitos. Entre ellos estuvo Lino Barañao, exministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. También participó Alfredo Román Silva, presidente de la Fundación Ciencia para el Ser, quien destacó el compromiso de acompañar a los proyectos ganadores para que puedan identificar una demanda concreta, convertirse en emprendimientos económicamente viables y generar transformaciones positivas en las comunidades y el ambiente.

Alfredo Román Silva, presidente de la Fundación Ciencia para el Ser, y Rodolfo Ardenghi, presidente del CIATI, responsables del Premio Alimentación del Futuro.

Colorantes naturales y nuevos ingredientes

El segundo premio, de 5.000 dólares, fue para Red+, un proyecto de Michroma, que desarrolla colorantes mediante la fermentación de hongos. La propuesta busca ofrecer una alternativa a los colorantes sintéticos utilizados por la industria, en un contexto de creciente interés por los ingredientes de origen biológico.

El tercer puesto, dotado con 4.000 dólares, correspondió a Kresko RNA Tech, que investiga los ARN bioactivos presentes en la leche materna y en otros alimentos. A partir de la construcción de una biblioteca de estos compuestos, el equipo desarrolló ingredientes con aplicaciones concretas, entre ellas DormoRNA, orientado a mejorar la calidad del sueño. Desde la empresa señalaron que buscan impulsar el crecimiento y el reconocimiento de los ingredientes basados en ARN. “En Argentina tenemos el potencial para liderar la próxima revolución biotecnológica”, sostuvo Carla Borini Etichetti.

Además de los tres premios principales, el certamen otorgó dos menciones especiales a proyectos que abordan desafíos sociales y ambientales.

En la categoría Alimento Social fue distinguido Mapic, de la empresa Producciones Nativas, que trabaja en el desarrollo de harinas de algarroba destinadas a comunidades del Norte Grande argentino. La iniciativa incluye el diseño de maquinaria adaptada para que las propias comunidades puedan producir su harina y agregar valor a un recurso regional. El reconocimiento consistió en US$ 3.000 y una mentoría para avanzar en el escalamiento del proyecto.

En la categoría Sostenibilidad, la distinción fue para Orujo de Manzana Extrudado, del Centro de Investigación y Transferencia (CIT) de Río Negro. El desarrollo utiliza un procesamiento del orujo de manzana -un residuo de la actividad frutícola- para aumentar la disponibilidad de sus polifenoles y facilitar su aprovechamiento como ingrediente en la industria alimentaria, tanto para consumo humano como animal, y en aplicaciones de mayor valor agregado, como la industria cosmética. Durante el agradecimiento, los responsables del proyecto destacaron la importancia de las políticas públicas que permitieron fortalecer las capacidades de investigación y desarrollo, entre ellas la creación de los centros de investigación y transferencia y el programa Equipar Ciencia.

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fuente: CLARIN

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