
Desde 1968, los científicos del Centro de Investigación Ambiental de Tahoe, de la Universidad de California en Davis, llevan a cabo una medición crucial para monitorear el estado de uno de los cuerpos de agua más famosos de Estados Unidos: el Lago Tahoe, un patrimonio natural compartido por los estados de California y Nevada.
Mediante el uso de un disco de 10 pulgadas, llamado disco Secchi, los investigadores evalúan la claridad del lago, un indicador clave de la salud ambiental. El instrumento permite calcular la profundidad hasta la cual la luz penetra en el agua y, con ello, examinar el estado del ecosistema acuático.
Bajo el Programa de Mejora Ambiental del Lago Tahoe, California y Nevada, junto con más de 80 organizaciones, buscan restaurar la transparencia histórica de 97.4 pies en un lago designado Agua de Recurso Nacional Sobresaliente.
Cómo funciona la medición con el disco Secchi
La medición a través del disco Secchi sigue siendo una de las más simples para ejecutar y arroja resultados precisos. El disco, de 25 centímetros de diámetro, se sujeta a una cuerda marcada y se baja hasta que deja de verse desde la superficie. Esa profundidad equivale a la claridad registrada para esa jornada en el lago.

El registro, considerado uno de los más largos e ininterrumpidos del mundo en su tipo, comenzó cuando el disco resultaba visible hasta los 102 pies de profundidad. Los investigadores del centro repiten la lectura en dos estaciones del lago, una de aguas profundas y otra ubicada en la zona media, y promedian los resultados obtenidos a lo largo del año. De este modo, los datos recopilados sirven como referencia central para las políticas de protección ambiental de la cuenca.
Un análisis citado por el panel de referencia Lake Tahoe Info, basado en trabajo de Jassby y otros investigadores publicado en 1999, estimó la precisión del método entre dos observadores distintos en apenas 2,7 centímetros de diferencia. Esa exactitud explica por qué el procedimiento, pese a su sencillez, se mantiene vigente frente a tecnologías más sofisticadas de monitoreo óptico.
En 1968, el disco era visible hasta los 102 pies. El promedio de 1967 a 1971, de 97.4 pies (29.7 metros), se fijó como meta regulatoria bajo el indicador WQ1 de la Agencia Regional de Planificación de Tahoe.
Entre finales de los años sesenta y 2000, la claridad del lago disminuyó casi un pie por año por el aporte de sedimentos y nutrientes ligado a la urbanización de la cuenca, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Qué dicen los reportes más recientes sobre el estado del lago
Según el informe más reciente, divulgado el 9 de junio por el Centro de Investigación Ambiental de Tahoe, en 2025 se registró un promedio anual de 69.2 pies de visibilidad, siete más que en 2024, aunque el centro precisó que la diferencia no es estadísticamente significativa.
Stephanie Hampton, directora del Centro de Investigación Ambiental de Tahoe, Universidad de California en Davis, afirmó: “No es momento de celebrar; la claridad del lago no ha mostrado una mejora sustancial en varias décadas”. El lago, reconocido bajo la Ley federal de Agua Limpia como un Agua de Recurso Nacional Sobresaliente, depende de esta transparencia para mantener su atractivo turístico y su equilibrio ecológico.
Los factores contaminantes que afectan la claridad del agua
La pérdida histórica de claridad en el lago Tahoe se atribuye principalmente a dos tipos de contaminantes que afectan la penetración de la luz en el agua, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Por un lado, las partículas finas de sedimento, de un tamaño equivalente a un tercio del grosor de un cabello humano, dispersan la luz dentro de la columna de agua y representan cerca de dos tercios del deterioro de la transparencia en aguas profundas.

El segundo factor corresponde a la proliferación de algas, alimentadas por los nutrientes nitrógeno y fósforo, que absorben la luz disponible en lugar de dispersarla.
El centro de investigación advirtió que el calentamiento del agua, el humo de incendios forestales y las especies invasoras alteran el ecosistema, lo que exige reinvestigar qué partículas afectan hoy la claridad del lago.
El monitoreo continuo, financiado por la Agencia Regional de Planificación de Tahoe, sigue siendo la herramienta central para orientar las políticas ambientales en la cuenca compartida por California y Nevada.
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