Los árboles muertos que podrían servir para reducir la contaminación

Una empresa propuso enterrar árboles quemados por incendios forestales para evitar que liberen gases que calientan el planeta. El método promete ayudar a restaurar bosques, aunque los científicos advierten que solo funciona bajo condiciones muy precisas.

En 2021, un incendio forestal arrasó una extensa zona de Poverty Flats, en Montana, después de que una veta de carbón subterránea que todavía humeaba encendiera pastizales y maleza seca. Las llamas avanzaron sobre unas 267 kilómetros cuadrados y dejaron un paisaje devastado, con decenas de miles de árboles muertos, en su mayoría pinos ponderosa, que quedaron en pie como columnas negras sobre la tierra quemada.

Esos troncos parcialmente calcinados tienen un nombre inquietante en el mundo forestal: “creadores de viudas”, o “widowmakers. La expresión se usa para referirse a árboles o ramas que pueden caer sin aviso y matar o herir a trabajadores, bomberos, animales o cualquier persona que pase por debajo.

En el rancho Gentry, donde ocurrió parte del desastre, también representaban otro problema: podían convertirse en combustible para un nuevo incendio.

La práctica habitual, en un caso así, habría sido talar esos árboles muertos y quemarlos en pilas. Pero esa salida libera a la atmósfera el dióxido de carbono acumulado en la madera durante décadas. Por eso, la empresa estadounidense Mast Reforestation decidió probar otra estrategia: enterrarlos.

Una estrategia para “reutilizar” a los widowmakers

La operación fue tan simple como llamativa. Con excavadoras y máquinas forestales, los troncos fueron depositados en una enorme fosa de unos 5000 metros cuadrados.

Luego, la cámara fue cubierta con tierra, grava y materiales diseñados para aislar la madera del aire y la humedad. La idea central es que, si los árboles quedan en un ambiente seco, frío y con poco oxígeno, los hongos y bacterias que normalmente los descomponen no pueden actuar con la misma rapidez.

Tierra arrasada por un incendio en Gisborne, Nueva Zelanda. Foto: REUTERS

El objetivo de la operación es impedir que una parte de esos gases vuelva pronto a la atmósfera. Mientras un árbol vive, absorbe dióxido de carbono. Cuando muere y se descompone o se quema, lo devuelve. El entierro de biomasa busca interrumpir ese ciclo durante décadas o incluso siglos.

Mast sostiene que este mecanismo puede cumplir la doble función de reducir el riesgo de nuevos incendios y generar créditos de remoción de carbono, que luego se venden para financiar la reforestación de zonas quemadas. En el caso de Montana, la empresa informó que parte de esos ingresos se destinará a plantar nuevos pinos ponderosa y otras especies nativas en el área afectada.

El método forma parte de una tendencia mayor

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, estas técnicas pueden ser necesarias para compensar emisiones difíciles de eliminar, aunque no reemplazan la reducción directa de gases contaminantes. En esa familia aparecen alternativas como plantar árboles, producir biocarbón, capturar CO2 del aire o almacenar biomasa bajo tierra.

Un árbol víctima de un incendio en California. Foto: AP

La base científica de la idea tuvo un respaldo llamativo en 2024, cuando investigadores de la Universidad de Maryland analizaron un tronco de cedro enterrado en Canadá durante 3775 años. El estudio mostró que había perdido menos del 5% de su carbono original, gracias a las condiciones del suelo arcilloso y de baja permeabilidad que lo conservaron casi intacto.

Pero ese hallazgo también muestra el principal límite del sistema: no alcanza con cavar un pozo y tirar madera. Para que funcione, el sitio debe impedir la entrada de oxígeno y controlar la humedad. Si la madera se descompone bajo tierra, el proyecto podría perder parte de su sentido climático. Además, mover maquinaria pesada, excavar y transportar troncos también genera emisiones.

Por eso, varios especialistas advierten que esta técnica no debe verse como una solución universal. Puede ser útil cuando la madera no sirve para construcción, bioenergía o biocarbón, y cuando la alternativa realista es quemarla. En cambio, no tendría sentido talar árboles sanos o desplazar madera que podría tener un uso duradero.

Un árbol quebrado en Altadena, California. Foto: REUTERS

Los “creadores de viudas”, que después de un incendio suelen representar peligro y destrucción, podrían convertirse así en una herramienta inesperada.

fuente: CLARIN

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