
La discusión sobre inteligencia artificial y trabajo suele aparecer asociada a una pregunta dominante: cuántos empleos serán reemplazados por máquinas. Es una pregunta importante, pero incompleta. La IA no sólo transforma el trabajo cuando sustituye tareas. También lo transforma cuando reorganiza cómo se asigna el trabajo, cómo se mide el desempeño, cómo se calcula el ingreso, cómo se vigila la actividad y cómo se sanciona a quienes trabajan.
Antes de que la IA generativa ocupara el centro del debate público, las plataformas digitales ya habían anticipado una forma de gestión laboral basada en datos, automatización, evaluación permanente y transferencia de riesgos. En ese modelo, la aplicación no sólo conecta oferta y demanda. También puede ordenar tareas, definir tarifas, monitorear tiempos, evaluar desempeño, distribuir oportunidades, aplicar penalizaciones y bloquear el acceso al trabajo.
La novedad no es únicamente tecnológica. Es laboral.
La gestión algorítmica y sus efectos
Esto se ve con claridad en la gestión algorítmica. Un sistema automatizado puede decidir quién recibe más tareas, quién queda relegado, qué tarifa se paga, qué comportamiento se premia y qué cuenta como incumplimiento. También puede hacerlo con apariencia de neutralidad, aunque sus efectos no sean neutrales.
Las decisiones basadas en datos pueden reproducir desigualdades previas: penalizar a quienes no pueden estar disponibles todo el tiempo, amplificar sesgos en las calificaciones de clientes o castigar a quienes rechazan tareas inseguras o incompatibles con responsabilidades de cuidado.
El Convenio 193 de la OIT y un nuevo estándar
En junio, la Organización Internacional del Trabajo adoptó el Convenio 193 sobre trabajo decente en la economía de plataformas. Es el primer estándar internacional del trabajo dedicado específicamente a este sector, pero su importancia lo excede.
El Convenio reconoce que la innovación digital no puede utilizarse como excusa para debilitar derechos laborales básicos e incorpora temas que serán centrales para cualquier discusión seria sobre IA y trabajo: gestión algorítmica, datos, transparencia, revisión humana, seguridad y salud, violencia y acoso, remuneración, protección social, desactivaciones y acceso a remedios.
Qué cambia el nuevo marco regulatorio
El texto no resuelve todos los problemas. Deja márgenes importantes para la implementación nacional y no define con precisión cuestiones como el pago del tiempo de espera o los criterios concretos para una revisión humana efectiva.
Pero cambia el punto de partida. La discusión ya no es si el trabajo mediado por plataformas debe regularse, sino cómo hacerlo de manera inteligente, entendiendo la especificidad de los sistemas digitales, pero sin abandonar principios básicos de protección laboral.
El desafío para América Latina
América Latina debería mirar este proceso con especial atención. La región combina alta informalidad, baja cobertura de protección social, desigualdades persistentes de género, debilidad de fiscalización laboral y mercados de trabajo atravesados por inseguridad económica.
En ese contexto, la digitalización puede ampliar oportunidades, pero también profundizar formas de precariedad si la regulación llega tarde o se limita a registrar trabajadores sin garantizar derechos efectivos.
Innovación sí, pero con reglas
El desafío no es frenar la innovación. Es evitar que la innovación funcione como un mecanismo para desplazar riesgos hacia quienes trabajan.
Si el ingreso depende de algoritmos opacos, si los costos recaen sobre el trabajador, si la disponibilidad no se remunera, si la vigilancia se naturaliza y si los reclamos no encuentran una persona responsable del otro lado, la promesa tecnológica se convierte en una nueva forma de asimetría.
El futuro del trabajo
La inteligencia artificial ya está reorganizando el trabajo. Las plataformas mostraron cómo puede hacerlo: no sólo reemplazando tareas, sino administrando personas, tiempos, ingresos y oportunidades.
La pregunta para los próximos años es si esa reorganización será gobernada por reglas democráticas, derechos laborales y protección social, o si quedará librada a sistemas privados difíciles de auditar.
El Convenio 193 abre una puerta. Ahora, la tarea es traducir ese estándar global en leyes, políticas públicas, negociación colectiva y herramientas concretas. Porque el futuro del trabajo no se juega solamente en qué tecnologías se adoptan, sino en quién define sus reglas y quién carga con sus costos.
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fuente: inteligencia artificial ya está reorganizando el trabajo – BAE Negocios”> GOOGLE NEWS



