
Hay un lugar de España que no suele salir en las postales, pero que es uno de los más singulares de Europa. Está bajo tierra, en los cerros de arcilla que rodean Guadix, en la provincia de Granada. Allí, más de 3.000 personas viven en cuevas excavadas en la montaña, algunas con 15 o 20 metros de roca sobre sus cabezas. El periodista y creador de contenido Diego Revuelta, ha recopilado diferentes testimonios en su canal de YouTube.
“Puedes tirar bombas arriba que estamos totalmente protegidos”, dice Torcuato, un fotógrafo que compró su cueva por 15.000 euros hace 24 años. “Esto es un búnker”. Y no exagera, ya que la temperatura en el interior se mantiene en torno a los 20 grados incluso cuando fuera el termómetro roza los 40. “Ahora mismo hay 18 o 19 grados de diferencia”, explica. “Aquí no utilizas ni calefacción ni aire acondicionado”.
Alan es arquitecto. Vivía en Barcelona. Ahora duerme tapado en pleno agosto. “Me surgió la oportunidad de trabajar como arquitecto aquí en Granada”, cuenta. “Tengo familia que me apoya y me dijeron: vente, ahí tienes la cueva para ti. Dije, pues qué mejor que vivir en una cueva”.

Su vivienda, de apenas 50 o 60 metros cuadrados, tiene cocina, salón, baño y una habitación que originalmente era un establo para un burro. “En esta cueva hicieron primero un cuarto, tuvieron una niña, ampliaron aquí e hicieron esta habitación. Luego tuvieron otro y se generó otra habitación”. Un crecimiento orgánico, adaptado a las necesidades de cada generación.
Pepe tiene 73 años. Lleva 30 picando cuevas. Ha excavado más de 300. “Esta es mi cueva”, dice. “La hice yo, totalmente, de cero”. Cuando llegó, solo había un agujero donde metían al burro. Ahora tiene cocina, salón, dormitorio, baño con ducha y un ventanal con vistas a Sierra Nevada. “Lo más gordo lo haces con el martillo eléctrico”, explica. “Pero el acabado tiene que ser a mano, con el pico”.
Su especialidad son los arcos: curvas perfectas excavadas en la roca que dan sensación de amplitud y evitan que las cuevas parezcan cuchitriles. “Lo que hice yo es que cambié el mundo de las cuevas”, afirma. “Le quité la parte negativa”. Esa parte negativa era la asociación con la pobreza. “Antes, ser un cuevero era algo de baja categoría”, recuerda. “En los años 70 hubo gente que renunció a vivir en las cuevas por la categoría. Ahora las buscan como tesoro”.

El precio de las cuevas
“Es como un hormiguero humano”, describe el autor del canal, Diego Revuelta. En Guadix hay 3.500 cuevas habitadas, y otras tantas en los pueblos cercanos. Hay colegios excavados en la montaña, iglesias subterráneas y hasta un tablao flamenco en construcción dentro de una cueva. Los precios van desde los 15.000 euros, como los que pagó Torcuato en 2002, hasta los 300.000 euros de una cueva de lujo completamente reformada.

El alquiler ronda los 300-400 euros al mes, y una noche en una casa cueva turística cuesta unos 220 euros para cuatro personas. “Con 100.000 euros puedes tener una cueva reformada”, calcula Alan. “Compras una por 25.000 o 30.000, te gastas 60.000 en arreglarla y tienes algo parecido a esto”.
¿Quién quiere vivir bajo tierra hoy? Según Manuel, experto local, hay dos perfiles: “Por un lado está la gente que se está jubilando, que vuelve porque la calidad de vida aquí es impresionante. Y por otro lado, la gente joven, que está empezando a valorar las cuevas porque el mantenimiento es muy barato”.

El gasto de luz de Torcuato ronda los 40 euros al mes. “Pagan nada y menos de contribución y nada y menos de gasto energético”, añade. Alan lo tiene claro: “Mi piso en Castelldefels era de 60 metros cuadrados. ¿Cuánto cuesta un piso allí de 60 metros? Pues mil y pico. Aquí, 300 euros”. Y sentencia: “Cuando ves la calidad de vida que tiene la cueva, ya no quiero volver al departamento ni de broma”.
La propia Junta de Andalucía reconoce hoy el hábitat de cuevas de Guadix como un modelo singular de asentamiento adaptado a los cerros arcillosos y mantiene una regulación específica para estas zonas.
La Vanguardia.
GML
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