
Columnista invitado (*) | En contrapartida con lo que ocurre con las tareas manuales, existe una creciente sensación de amenaza entre los trabajadores del conocimiento, que ven cómo parte de su diferencial competitivo se vuelve replicable.

Trabajadores de la construcción realizan tareas que, por su naturaleza, siguen siendo difíciles de reemplazar por la tecnología. (Foto: Adobe Stock)
A lo largo de la historia, cada revolución industrial redefinió el valor del trabajo humano.
- En la primera, se pasó del trabajo artesanal al fabril
- En la segunda, se optimizaron los procesos productivos en busca de mayor eficiencia
- En la tercera, la tecnología permitió reemplazar muchas tareas manuales.
Hoy, en la cuarta revolución industrial, el cambio es aún más disruptivo: lo que empieza a automatizarse son las tareas que realizan los llamados trabajadores del conocimiento.
Un quiebre profundo
Durante décadas, el camino hacia el progreso parecía claro: estudiar, especializarse y convertirse en un trabajador del conocimiento. Sin embargo, el avance acelerado de la inteligencia artificial está desdibujando ese lugar. Ya no es el camino asegurado al éxito.
Actualmente, herramientas de IA pueden redactar textos, analizar grandes volúmenes de datos, programar, diseñar e incluso sugerir estrategias de negocio. Actividades que históricamente requerían años de formación hoy pueden resolverse en segundos y con equipos humanos más reducidos. Esto genera una creciente sensación de amenaza entre los trabajadores del conocimiento, que ven cómo parte de su diferencial competitivo se vuelve replicable.
En paralelo, emerge una paradoja: mientras estos perfiles enfrentan incertidumbre, muchos trabajadores de oficios comienzan a ser revalorizados. Electricistas, plomeros, técnicos, mecánicos y trabajadores de la construcción realizan tareas que, por su naturaleza, siguen siendo difíciles de reemplazar por la tecnología.
Pero quizás la discusión no sea si los oficios vuelven a ganar valor, sino si alguna vez debieron haber perdido centralidad.

Electricistas uno de los oficios revalorizados por el auge de la IA (Foto: Adobe Stock).
La inteligencia artificial no solo está tensionando el lugar de los trabajadores del conocimiento; también está dejando en evidencia algo más profundo: que toda profesión, incluso las más intelectuales, requiere una lógica de oficio.
En muchas disciplinas, el problema ya no es la falta de conocimiento, sino su abundancia
Cuando saber deja de ser diferencial, lo que empieza a marcar la diferencia es otra cosa: la capacidad de hacer. Porque el valor no está solo en saber, sino en saber hacer. Y, más aún, en la actitud: en la disposición a involucrarse, a tomar decisiones y a llevar las ideas a la práctica, incluso cuando no hay respuestas claras.
En este sentido, lejos de reemplazar a los profesionales, la inteligencia artificial obliga a repensar cómo se forman. Ya no alcanza con el conocimiento conceptual si no está acompañado por comprensión práctica, dominio de la ejecución y cercanía con lo real.
El desafío, entonces, no es resistir la tecnología, sino integrar estas dimensiones. Porque cuando el conocimiento se vuelve accesible y replicable, lo que empieza a marcar la diferencia no es cuánto se sabe, sino qué se es capaz de hacer con eso.
La inteligencia artificial no elimina el trabajo humano, pero sí redefine qué significa ser valioso. Y en esa redefinición, quizás el verdadero cambio no sea el regreso de los oficios, sino el reconocimiento de que nunca dejaron de ser parte esencial de cualquier profesión.
(*) Ariel Vázquez es director de UADE Online.
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