
Julio Silva, encargado del edificio de Recoleta, aseguró ante el Tribunal Oral Federal 7 que firmó su declaración de 2018 sin leerla y denunció que sufrió fuertes presiones.
Julio Silva, el portero del edificio de Recoleta donde residió la expresidenta Cristina Kirchner, dio un giro inesperado al declarar en el juicio oral por la Causa Cuadernos. El trabajador se apartó por completo de sus afirmaciones de 2018 y negó haber visto bolsos con dinero.
Frente al Tribunal Oral Federal 7, Silva reconoció haber firmado aquella primera declaración sin revisarla. “Cometí un delito y lo acepto. Firmé, pero no estaba de acuerdo. Ni lo leí. Eso de que venían con bolsos y valijas, eso yo no lo dije”, sentenció con firmeza.
El encargado permaneció más de dos horas ante los jueces negando haber observado movimientos semanales de valijas vinculados a Daniel Muñoz, exsecretario de Néstor Kirchner. Aclaró que Muñoz ingresaba con llave propia y que solo solía llevar un portafolio o un bolsito de mano.
Denuncia por amenazas en la Causa Cuadernos y repercusiones políticas
Durante la audiencia, el testigo de 68 años remarcó que sufrió una situación de fuerte presión en Comodoro Py. Según su relato, durante el interrogatorio los funcionarios le mencionaban reiteradamente que “tenía dos hijas”, haciéndole pasar un momento muy difícil.
Tras la declaración, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, utilizó sus redes sociales para vincular el episodio con un caso de persecución política. La dirigente aseguró que la causa estuvo armada bajo una “mafia judicial” para proscribir al peronismo y defender la inocencia de la expresidenta.
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