
Tras los dichos de un funcionario diplomático y por la creciente cantidad de proyectos mineros en la región, se retomó el debate acerca de la posibilidad de concretar el túnel de “Agua Negra”.
Se trata de una gigantesca obra que atravesaría la cordillera de los Andes y facilitaría la circulación, tanto de personas como de productos, entre San Juan y la región chilena de Coquimbo.
El plan tiene su origen muchos años atrás, pero su realización se ha visto postergada.
Los detalles de la gigantesca obra
Luego de que Mario Schiavone, el cónsul de Chile en San Juan, declarara que “es una aspiración que no se va a perder nunca“, volvió a instalarse la discusión en torno a los avances del proyecto túnel Agua Negra.
Este prevé la construcción de una ruta cerrada para reemplazar el Paso Internacional de Agua Negra, que atraviesa la cordillera de los Andes y conecta la provincia argentina de San Juan con la región chilena de Coquimbo, pero que solo puede utilizarse durante el verano, debido a la acumulación de nieve y las condiciones extremas de la alta montaña.

Para sortear esta dificultad y lograr una conexión durante todo el año, se diseñó una obra que proyecta la creación de dos túneles paralelos, de 14 kilómetros ambos, uno para cada sentido de circulación: descendente desde Argentina hacia Chile y ascendente de Chile a la Argentina.
La boca del argentino estaría a 4085 de altitud por sobre el nivel del mar, mientras que el chileno a 3620. Además, el proyecto contempla galerías peatonales de conexión entre túneles, para emergencias, a lo largo de todo el trazado, y distintos caminos de acceso de calzadas.
Origen y derrotero del túnel “Agua Negra”
El proyecto del túnel es fruto de una iniciativa de hace varios años. La idea fue impulsada por los Gobiernos de Chile y de Argentina, y por los de la Provincia de San Juan y la región de Coquimbo.
Un primer esbozo fue planteado formalmente en 1998, en ocasión del proyecto de mejoramiento y pavimentación de la Ruta Nacional Nº 150 hasta el límite internacional.
Cuando ese diseño tomó cuerpo, se decidió contratar en un estudio de prefactibilidad técnica para definir cuáles debieran eran las obras más convenientes para el cruce de la frontera.
Se evaluaron más de una decena de posibilidades, que contenían túneles de longitudes variables de 4,5 a 24 kilómetros, en una amplia zona geográfica que cubría la mayor parte de las quebradas de Agua Negra y San Lorenzo en la Argentina, y el Valle del Río Colorado en Chile.

En esa ocasión, se seleccionó como más conveniente una alternativa, que es la actual, que incluía un túnel de aproximadamente 14 kilómetros, con portales de ingreso en la desembocadura de la Quebrada de San Lorenzo en Argentina y en el Llano de las Liebres en Chile.
Entre el 2009 y 2011, el Gobierno de Argentina se encargó primero del estudio y diseño conceptual y, luego, del diseño de ingeniería básica y de impacto ambiental.
Ello propició, entre otros factores, que el 30 de octubre de 2009 se suscribiera un Protocolo Complementario al Tratado de Maipú, lo que dio origen a la Entidad Binacional para el Proyecto de Túnel de Baja Altura (EBITAN), encargada de conducir y analizar los estudios y dirigir las demás etapas relativas a una eventual construcción.
Al poco tiempo, llegó una de las noticias más positivas para el plan: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se ofreció a financiarlo en su totalidad, con el compromiso de poner a disposición alrededor de 1500 millones de dólares.
En diciembre de 2014, los gobiernos de ambos países aprobaron el II Protocolo Complementario al Tratado de Maipú, a través del cual se decidió realizar la obra del Túnel de Agua Negra y se definió el marco regulatorio aplicable al proyecto, asignándole a la EBITAN personalidad jurídica internacional para el cumplimiento de sus objetivos.
En abril de 2016, en Washington, los ministros de Hacienda de Argentina y Chile y el Presidente del BID acordaron el primer desembolso del financiamiento del proyecto, por un monto de 40.000.000 de dólares, destinados a toda la instancia previa al inicio de obra.
A pesar de todo, en los últimos años, los avances se detuvieron, debido a que Chile dejó de dar impulso político en Chile, renunció al crédito asociado del BID y planteó cuestionamientos sobre la rentabilidad del proyecto y algunos aspectos técnicos de la obra. Como consecuencia, la licitación internacional nunca llegó a concretarse y la construcción no comenzó.
Sin embargo, la ilusión volvió a aparecer hace poco tiempo, luego de que Mario Schiavone, el cónsul de Chile en San Juan, sostuviera que es una “aspiración que no se va a perder nunca”. “Tendremos paciencia, esperaremos y algún día se dará”, dijo convencido ante el medio local Huarpe TV.
Además, las empresas que llevan a cabo proyectos mineros en San Juan, tal como Vicuña, esperan que la obra se concrete para poder conectarse más fácilmente con el país vecino.
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