
Oriundo de una familia ligada históricamente a la cosecha, Fabián Miró (59) lleva en la sangre la pasión por las máquinas agrícolas. Su abuelo, nacido en Palma de Mallorca, emigró a la zona de Garré y Colonia Naveira, cerca de Trenque Lauquen, donde trabajó como cosechero. El oficio continuó con su padre, quien a lo largo de su vida llegó a adquirir 28 cosechadoras. Con ese legado familiar y algunas hectáreas de campo heredadas junto a su hermano, Miró decidió seguir el mismo camino, una trayectoria que años más tarde lo convertiría en el pionero del picado de forraje en la provincia de Río Negro.
Durante 32 años se desempeñó como contratista en la cosecha de granos, recorriendo campos de Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe y numerosas localidades de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, hace más de dos décadas decidió radicarse en Viedma, desde donde construyó una sólida trayectoria en la actividad forrajera. Actualmente trabaja en un radio superior a los 300 kilómetros, con base en Choele Choel, y se consolidó como uno de los principales referentes del picado y ensilado de maíz en Río Negro.

“Tenía 8 años cuando ya andaba en una cosechadora Ryksa a querosén, mi hermano manejaba y mi viejo me enseñaba a coser las bolsas. Ya de grande, llegó el momento que me dije, la rentabilidad de la cosechadora es muy pequeña, cosa que sigue siendo en la actualidad. El cambio fue en el 2006, cuando llegué a lo de un cliente para cosechar 2.000 ha, y encontré para sorpresa de todos, que el cultivo estaba helado, al igual que toda la zona”.
Entonces, Fabián supo que hasta ese momento había llegado su vida con la cosechadora. “Para entonces, con 32 años de cosechero, ya había estado probando con algo de picado, con una pequeña máquina y decidí hacer foco en esa actividad que me parecía más interesante. Así fue que arranqué de cero en Viedma con las 85 hectáreas picadas y facturé una suma que comparados con lo que facturaba por cosecha de grano, me había parecido una buena cantidad”, explica.
Los comienzos fueron armando camioncitos, catangos, camiones que ya estaban para dejar ser usados, y accesibles para su compra. “Como la cajita volcadora, que armamos con mi amigo Jorge Leonardo Del Sanelpidio, de Salliqueló, con quien arrancamos juntos y hoy que atiende uno de los dos equipos, y en tanto que yo atiendo el otro. Puede lograr todo lo hecho, gracias a la gente de Río Negro, a quienes no dejo de agradecerles por las muchas y buenas oportunidades que me brindaron”.

Con referencia a la vida de picador de forraje, dice que normalmente empiezan la campaña en febrero, y este año han tenido una temporada no muy larga porque no ha llovido.
“Cuando llueve llegamos picado hasta el 15 de mayo, y luego se corta hasta octubre, que es cuando arrancamos con la fina. Este año para mayo ya teníamos todo el equipo limpio, lavados los camiones y la maquinaria guardada en los galpones para cuando los chicos –como se refiere con afecto a su staff de colaboradores– vuelvan de vacaciones y así es que por unos días estamos tranquilos”, describe.
El parque de máquinas
En el parque de máquinas incluye 15 camiones y dos equipos de picado: una picadora autopropulsada con cabezal para maíz de 10 surcos y otra más chica con cabezal de 6 surcos, ambas picadoras están acompañadas por su correspondiente embolsadora, con lo cual el circo que esta armado es bastante importante.

“Siempre le digo a quien quiera saber sobre el picado de forraje que los detalles a tener en cuenta en esta actividad son cuantiosos, y para dar alguna referencia, comento que es un trabajo que reúne durante 100 días a 22 personas, que conviven trabajando 17 horas por día de manera intensa todo el tiempo, con presiones de las más diversas”.
Entre esas presiones destaca la del productor “quien siempre tiene el cultivo punto, esperando que lleguemos a tiempo, habiendo planificado ese momento durante 6 meses a fin de tener el alimento para sus animales en tiempo y forma. Nosotros, hacemos que los fierros lleguen y ocurra todo lo necesario para lograr el objetivo”.
Capacidad de trabajo y rindes
A manera de ejemplo, Fabián afirmó que la picadora de 10 surcos, cuando agarra campo de secano abierto, puede hacer tres hectáreas por hora, y cuando son lotes bajo riego, que están cruzados por canales con muchos bordos, surcos y drenes, hace como máximo una hectárea por hora.
En esas circunstancias, aclaró, demoran mucho los camiones porque el traslado es engorroso. “Siempre es necesario buscar la vuelta para entrar al lote, sumándose de esa manera maniobras que hacen que el equipo rinda menos”.

En los rindes de los cultivos con riego afirma que, de acuerdo a su experiencia de 20 años en la zona, siempre hay casos específicos a tener en cuenta, como la parcela que trabajó este año que venía de un desmonte de frutales, y había estado con cebolla fertilizada con 400 kg de urea, donde primero sembró avena para rollos, y luego sembró maíz, que rindió puntualmente 80 toneladas de materia verde.
Luego, aclara: “Ese lote como otros, es un caso puntual más allá de lo típico, en una zona donde el rinde corriente promedia de 40 a 45 toneladas por hectárea de materia verde”.
Recuerda que cuando arrancó en la región encontraba rindes de 30 a 35 toneladas. “Con el tiempo los productores fueron mejorando, buscando la mejor tierra, pulieron la operatoria y fueron levantando esos valores como también achicando las hectáreas, liberando espacio para otras actividades como pasturas de alfalfa para los animales de su chacra”, indica.

Para nuestro picador, un paño de riego superficial es el que recibe el agua gravitacional desde los canales, y luego esta el riego de pivote con capacidades de 60 a 80 hasta 100 hectáreas por equipo. “Los campos tienen de dos pivotes a más, con excepción de uno que hace alfalfa con 20 pivotes. Pero en promedio un productor chico maneja 25 ha a 30 ha, que es el que hace entre 3 y 10 ha para picar. Luego están los de 100 a 150 ha que hacen 50 a 60 ha de maíz para silo y el resto lo ocupan con pasto de alfalfa y verdeos entre otras cosas”.
Los tiempos del inicio en el sur
Sobre sus comienzos en el picado, dice que arrancó con una maquinita de dos surcos arrastrada por un tractor, con dos camioncitos volcadores, y haciendo un silo puente pisado por un tractor y tapado por una manta de plástico, ya que en ese momento no podía comprar una embolsadora.

A los dos años se encontraron superados por la superficie de manera permanente, lo cual se debió a que otros veían que cuando el vecino hacía el silo le había dado buen resultado, y también querían probar y proponían hacer 2 hectáreas o menos aún solo 2 metros de bolsa.
“Mi respuesta era: ‘No hay problema, vos empezás con dos ha y el año que viene vas a hacer 5’. Así fue como comencé haciendo entre 80 y 85 hectáreas los primeros años, y fuimos creciendo hasta hoy que el valle inferior esta pasando las 1.000 hectáreas de silaje”.
Luego, al segundo año de picado un mismo productor trataba de llenar el bolsón. Y así fue creciendo de a poco, y cuando apareció la necesidad de equipos más importantes, afirma, “Mejoramos las herramientas a través del crédito. Así fuimos evolucionando con la mentalidad productiva de las personas del Valle Inferior. Luego por logística pasamos al Valle Medio en Choele-Choel, buscando hacer más superficie al estar ubicado más en el centro de la región”.
También en Choele Choel arrancó con 60 a 70 ha y con mucho temor en la gente, debido que el trabajo requiere de una importante inversión, “Pero que distribuida por kilogramo de alimento logrado sale todo muy barato. Es un rendimiento que no se puede lograr con otro alimento”. En ese momento, alquiló un galpón, cambió una picadora por otra mejor, y compró un carretón que hoy utiliza para trasladar el equipo y atender las dos zonas.

Ahora todo es distinto, luego de haber sido el pionero del picado en la región, y recorrido un extenso camino, habiendo atravesado procesos baja de renta y haber vendido equipos para pagar deudas, aparece la competencia. Pero siente que los productores prefieren el picado de Fabian, y así trabaja unas 1.800 hectáreas por campaña entre Viedma, Valle Medio y Alto Valle en el picado de maíz, sorgo, alfalfa y verdeos de invierno, con su historia refleja en gran parte la evolución de la zona.
“Para abastecer al equipo de trabajo, dedico parte de mi tiempo a un pequeño feedlot, además de la producción de pollos y huevos, unos 80 lanares, y 60 madres porcinas, todo para el consumo del equipo. También he armando un invernáculo para la producción de verduras. Me encanta la idea de hacer cosas de utilidad que funcionen para que queden a disposición de quienes nos sucedan y las puedan continuar”, finaliza con entusiasmo Fabián Miró .
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