
Un estudio realizado por científicos de University College London recopiló datos de más de 3.500 adultos para analizar cómo repercuten en nuestro bienestar ciertas actividades artísticas o culturales, ya sea visitar un museo o participar en cualquier actividad que implique contacto con el arte.
La científica británica Daisy Fancourt lideró la investigación y resumió: “Si las artes fueran una pastilla, la tomaríamos todos los días”.
La profesora de psicobiología y epidemiología, especializada en ciencias del comportamiento y salud. Se dedica a investigar los efectos que tienen las conexiones y los comportamientos sociales en la salud.
Muchas investigaciones actuales incorporan en sus factores de análisis los déficits sociales, como la soledad y el aislamiento social, y los recursos sociales, incluida la participación comunitaria, las actividades artísticas y culturales y lo que se denomina “prescripción social”.
Se trata de una tendencia global. Desde 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve la investigación sobre intervenciones terapéuticas que utilizan el arte como medio, como espectadores y creadores, para mejorar el bienestar de los pacientes y la calidad de la atención en diversas áreas, sobre todo en la salud mental.
El sorpresivo efecto del arte en el reloj biológico
Los científicos detectaron que los signos biológicos del paso del tiempo, que van desde la inflamación hasta los niveles de estrés y los factores de riesgo cardiovascular, avanzaban un 4% más lento en quienes frecuentaban actividades culturales, lo que puede considerarse como una forma de envejecer más lento.
Fue el primer indicio de los efectos positivos del arte en la salud, y el patrón se mantuvo tanto cuando se observaba como espectador como cuando se practicaba en contextos de arteterapia.

“La participación en una actividad artística o cultural promueve el bienestar físico y mental de manera similar al ejercicio; el impacto de las artes en la salud a nivel biológico genera un comportamiento promotor de la salud”, sostuvo la epidemióloga Fancourt.
Visitar un museo y el acto puntual de contemplar una pintura tienen efectos beneficiosos similares a los que genera la observación de los entornos naturales.
Revitaliza los recursos cognitivos a través de lo que se conoce como “atención sin esfuerzo”, el fenómeno por el cual la fascinación que induce la belleza de la naturaleza relaja y recarga el cerebro.
Además, al apreciar a una obra de arte los participantes liberaron más dopamina, neurotransmisor clave para la motivación, el placer y el movimiento.
“Aquel conjunto de beneficios luego se traduce en un equilibrio saludable en el sistema inmunológico, haciéndonos más resistentes a las enfermedades”, indicó Fancourt.
Científicos de la Universidad de Berkeley descubrieron que admirar la vista del Gran Cañón o contemplar la Capilla Sixtina evocan la misma sensación de asombro, que actúa como un antiinflamatorio natural y reduce los niveles de diversas moléculas proinflamatorias.
Primeras experiencias de arte terapéuticas
El reciente proyecto “Museo Benessere: caminos terapéuticos a través del arte y la cultura” en Turín, Italia, consiste en que el médico de familia pueden prescribirle a sus pacientes una visita guiada al Castillo de Rivoli o a la Reggia di Venaria para personas vulnerables.
Funciona con resultados positivos en adultos mayores que viven solos, pacientes con enfermedades crónicas y personas con discapacidades leves, quienes aseguraron sentirse mejor al apreciar las exposiciones, una oportunidad para pasar tiempo con otras personas.
Lo mismo ocurrió en el Palazzo Maffei de Verona, donde 100 personas participaron en visitas que fomentaban la reflexión y el debate frente a las obras.
Los psiquiatras de la Universidad de Verona que llevaron a cabo el estudio registraron una mejora tangible en el bienestar psicológico en los participantes.
Los pacientes con fibromialgia que participan en un proyecto de terapia museística en el Museo Stibbert de Florencia son otro ejemplo.
Se trató de una experiencia inmersiva en la que las obras de arte fueron pensadas como un estímulo emocional. Su efecto objetivo sobre los niveles de estrés y las variaciones de la frecuencia cardíaca se estudió mediante registros específicos durante la visita guiada.
El “arte prescrito por médicos” también es una realidad desde hace tiempo en Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido, motivado por una necesidad social.
En base a todas esas experiencias, Fancourt se propuso demostrar el “efecto antienvejecimiento” de los museos tras detectar que al otro lado del Canal de la Mancha, muchas personas que acuden al médico por soledad o malestar psicológico leve, son tratadas con recetas sociales similares.
“El bienestar que sentimos frente a una obra de arte no es imaginario, sino que está científicamente probado y mediado por la capacidad humana innata para reconocer la belleza y experimentarla como un bálsamo para la mente“, indicó la epidemióloga británica.
Qué plantea la neuroestética: lo que le pasa a la mente con al arte y la belleza
Otras investigaciones se centran en neuroestética, la disciplina que combina las ciencias cognitivas con la estética para comprender qué sucede en la mente cuando nos exponemos al arte o a la belleza en general.
Mediante el análisis de imágenes de resonancia magnética de personas colocadas frente a obras de arte pueden medir cuándo aumenta la eficiencia de algunas funciones cerebrales, como la regulación de las emociones, al observar una obra de arte.

La región orbitofrontal medial, ubicada aproximadamente encima de los ojos, en el centro de la frente, y descubierta por el neurobiólogo Semir Zeki -profesor del University College de Londres y padre de la neuroestética-, se activa durante las actividades artísticas.
“Esta área se activa independientemente del tipo de obra de arte que estemos observando, así como de la cultura y el contexto, como si tuviéramos un sensor de belleza que la identifica y la disfruta para hacernos sentir mejor”, describen los científicos.
La pregunta existencial de qué es la belleza, para la ciencia tiene una respuesta objetiva: todos somos capaces de reconocer lo que cada quien considere bello y esa cualidad no reside en los ojos del observador, sino en su cerebro y el placer que se experimenta al contemplar obras de arte de manera casi inevitable.
La Universidad de Arkansas recopiló datos más de 10.000 niños de primaria y secundaria que realizaron excursiones escolares al museo. Después de un día en el museo, su pensamiento crítico estaba más desarrollado y aseguraron sentirse más felices, más tolerantes y mejor dispuestos hacia los demás.
Todo lo expuesto también se apoya en el “Estudio de Salud Nord-Trondelag” (HUNT), uno de los proyectos de investigación médica y de salud pública por sondeo de población más grandes del mundo. Se lleva a cabo en Noruega desde el año 1984 y continúa activo mediante la recolección masiva de datos clínicos, cuestionarios y muestras biológica.
Los datos de 130.000 entrevistados y sus respuestas demostraron que los asistentes regulares a eventos culturales se sienten menos ansiosos, más satisfechos con sus vidas y con mejor salud, con beneficios aún mayores para aquellos que pintan, esculpen, actúan y bailan.

Los expertos plantean que la arteterapia puede ser un aliado útil de las terapias estándar en muchas situaciones clínicas, desde la depresión y la ansiedad hasta las dificultades de aprendizaje en personas mayores con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.
“En 2022, la financiación para las artes en las escuelas del Reino Unido era de tan solo 9,40 libras por alumno al año (12, 66 dólares); en 2021, la financiación gubernamental para las titulaciones creativas se redujo a la mitad”, afirmó Fancourt en una entrevista con The Guardian.
“Cuando se preguntó a los adultos en Estados Unidos cuántos minutos habían dedicado a las artes el día anterior, la respuesta más común, dada por el 95 % de las personas, fue cero. Estamos cayendo en un estado de pasividad artística“, indicó la científica, a modo de llamado de conciencia sobre las consecuencias de la privación de las artes para la salud pública.
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