Cuántas toneladas más puede aportar el clima ante el escenario Niño?

Los antecedentes de las últimas décadas muestran que los años Niño suelen favorecer los rindes de maíz y soja. Un análisis de IERAL permite dimensionar el potencial productivo: bajo un escenario favorable, Argentina podría sumar unos 5,6 millones de toneladas de maíz y 5,4 millones de soja.

La historia agrícola juega a favor
¿Qué puede significar un escenario Niño para los cultivos argentinos? Una forma de aproximarse a la respuesta es mirar qué ocurrió en campañas anteriores bajo condiciones climáticas similares.

Un informe elaborado por Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, de IERAL, analiza el comportamiento de los rendimientos agrícolas durante diferentes fases del fenómeno ENSO y encuentra una señal favorable para los cultivos estivales.

El trabajo toma como referencia 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero, que en conjunto representan una superficie cosechada promedio superior a 18 millones de hectáreas. Sobre esa base se analizaron 28 campañas: 10 correspondientes a períodos Niño, 12 a La Niña y seis a condiciones neutrales.

El resultado muestra una diferencia significativa: los rindes tienden a ubicarse por encima de sus niveles históricos durante los años Niño, mientras que se deterioran durante La Niña.

Para el maíz, las campañas Niño registraron un rendimiento promedio 10,3% superior al nivel histórico, mientras que en años La Niña el resultado fue 9,9% inferior.

En soja total, la brecha también resulta importante: el rendimiento fue 10,8% superior al promedio histórico durante los episodios Niño, frente a una caída de 9,8% durante La Niña.

El contraste resulta todavía más marcado en la soja de segunda, donde la diferencia entre ambos escenarios alcanza 27 puntos porcentuales.

Córdoba aparece entre las zonas donde más pesa la señal climática
La respuesta frente al ENSO no es homogénea. El comportamiento cambia según el cultivo y la región, por lo que no resulta correcto hablar de un único impacto de El Niño sobre toda la agricultura argentina.

Córdoba aparece entre las provincias donde la señal histórica tiene una incidencia relevante.

En soja, la diferencia entre los rendimientos obtenidos en campañas Niño y La Niña llega a 22,3 puntos porcentuales, mientras que en maíz alcanza 17,1 puntos.

Santa Fe también presenta una respuesta importante, especialmente en soja, mientras que Entre Ríos muestra una de las relaciones más marcadas entre el comportamiento climático y los resultados productivos.

En cambio, en Santiago del Estero la relación entre el ENSO y los rindes es considerablemente más débil.

La explicación está en que no alcanza con saber cuánto llueve. También importa dónde se producen las precipitaciones, en qué momento llegan, cómo evoluciona la temperatura y cuál es la disponibilidad de agua durante las etapas críticas de los cultivos.

Más lluvias no significan automáticamente más rendimiento
La señal estadística es favorable, pero no debe interpretarse como una garantía de cosecha récord.

El análisis de IERAL encuentra una relación positiva entre la intensidad del índice ONI y los rendimientos, aunque de magnitud moderada. Por eso, la intensidad de El Niño funciona principalmente como un indicador de probabilidades, y no como una fórmula que permita anticipar el rendimiento de cada lote.

El antecedente de la campaña 2023/24 es ilustrativo. Aunque estuvo asociada a un episodio Niño fuerte, diferentes factores productivos y sanitarios condicionaron los resultados en determinadas regiones.

Así, el desafío para la campaña 2026/27 será aprovechar un contexto climático que, de acuerdo con los antecedentes, presenta mejores probabilidades para los cultivos, pero sin perder de vista las particularidades de cada zona productiva.

El dato que puede cambiar la ecuación: 11 millones de toneladas
El análisis permite trasladar esas diferencias históricas a una escala mucho más concreta: la producción nacional.

Tomando como referencia una superficie sembrada y cosechada similar a la de campañas recientes, IERAL estima que un escenario Niño podría aportar aproximadamente 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja, en comparación con los rindes típicos utilizados como referencia.

En conjunto, la diferencia se aproxima a 11 millones de toneladas adicionales entre ambos cultivos.

La magnitud del número permite dimensionar la importancia que puede adquirir el clima para la campaña agrícola. No se trata solamente de obtener mejores resultados en los lotes, sino del impacto potencial sobre el volumen total producido por el país.

Y la cuenta puede trasladarse también al ingreso de divisas.

Utilizando precios FOB de referencia de USD 240 por tonelada para el maíz y USD 500 para la soja, el incremento potencial de producción implicaría un valor cercano a USD 4.000 millones.

Una ventaja estadística que todavía debe convertirse en rendimiento
Los antecedentes analizados por IERAL dejan una señal concreta: los escenarios Niño históricamente estuvieron asociados con mejores rindes de maíz y soja que los períodos La Niña.

Pero entre esa señal climática y las toneladas finalmente cosechadas existe un largo camino.

La distribución de las lluvias, la disponibilidad de agua en los perfiles, las temperaturas, las fechas de siembra, el manejo agronómico y la evolución sanitaria serán algunas de las variables que terminarán definiendo cuánto de ese potencial estadístico puede materializarse.

Por eso, más que anticipar una cosecha récord, el dato central del informe permite dimensionar el premio productivo que podría estar en juego.

La estadística abre una puerta: si el comportamiento climático acompaña, la agricultura argentina podría capturar una diferencia de varios millones de toneladas.


fuente: Prensa Gobierno de Córdoba

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