
Hasta hace pocos años, los adolescentes platenses buscaban respuestas en amigos, familiares o docentes cuando atravesaban un conflicto emocional. Hoy, para muchos, esa primera conversación ocurre frente a una pantalla y con un interlocutor que no es una persona.
Los chatbots de inteligencia artificial dejaron de ser herramientas para resolver tareas escolares o responder consultas rápidas. Cada vez con mayor frecuencia, los jóvenes los utilizan para hablar de ansiedad, relaciones afectivas, inseguridades o problemas familiares, atraídos por una característica que los diferencia de cualquier vínculo humano: siempre están disponibles y nunca juzgan.
El fenómeno comenzó a despertar preocupación entre especialistas en salud mental, que advierten sobre el impacto que puede tener en una etapa clave del desarrollo emocional.
EL CAMBIO SE MANIFIESTA EN LA PLATA
Aunque en Argentina todavía no existen estadísticas específicas sobre el uso de inteligencia artificial como apoyo emocional, psicólogos consultados por este diario sostienen que el tema aparece cada vez con más frecuencia en los consultorios.
Algunos jóvenes cuentan que utilizan estas plataformas para ordenar ideas antes de tomar una decisión. Otros buscan consejos sentimentales, ayuda para resolver conflictos con amigos o simplemente alguien con quien hablar cuando sienten ansiedad o tristeza.
“A veces no quiero preocupar a mis viejos o cargar a mis amigos con lo que me pasa”
Tomás tienen 17 años, vive City Bell y reconoce que suele consultar a ChatGPT cuando tiene problemas personales. “A veces no quiero preocupar a mis viejos o cargar a mis amigos con lo que me pasa. Le escribo primero a la IA para ver qué me responde”, cuenta.
Para Martina, de 19 años y vecina de Tolosa, la principal ventaja es la inmediatez. “Siempre responde. No tengo que esperar a que alguien esté conectado. Después hablo con mis amigas, pero muchas veces primero escribo ahí.”
LA ADVERTENCIA DE LOS ESPECIALISTAS
Los psicólogos aclaran que el problema no radica en utilizar inteligencia artificial como una herramienta ocasional, sino cuando comienza a ocupar el lugar que deberían tener las relaciones humanas.
Aurora Gómez, especialista en comportamientos digitales, sostiene que algunos pacientes incluso dejan de asistir a terapia porque consideran que los chatbots resuelven sus inquietudes.
La psicóloga Eriene García coincide en que muchos jóvenes valoran la disponibilidad permanente de estas plataformas y la ausencia de críticas, pero advierte que eso puede generar una falsa sensación de acompañamiento.
“Las relaciones personales implican desacuerdos, frustraciones y aprendizajes. Un chatbot está diseñado para mantener la conversación y validar al usuario. Esa diferencia es fundamental”, resume.
EL RIESGO DE UNA VALIDACIÓN PERMANENTE
Diversos estudios internacionales muestran que el uso de estas herramientas no deja de crecer.
Una investigación realizada por Rand Corporation junto con la Universidad de Harvard reveló que uno de cada ocho adolescentes estadounidenses ya utiliza chatbots como apoyo emocional. Otro informe del Pew Research Center indica que casi dos de cada tres jóvenes usan habitualmente herramientas de inteligencia artificial, mientras que uno de cada tres lo hace todos los días.
Para los investigadores, el principal riesgo aparece cuando esos intercambios sustituyen las conversaciones cara a cara.
La doctora Thao Ha, de la Universidad Estatal de Arizona, sostiene que durante la adolescencia las habilidades sociales se desarrollan enfrentando conflictos reales. Si esas experiencias son reemplazadas por un sistema que responde exactamente como el usuario espera, el aprendizaje emocional puede verse afectado.
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Cuando estoy angustiada o discuto con una amiga, a veces lo primero que hago es abrir ChatGPT. Le cuento lo que pasó y le pregunto cómo podría manejar la situación. Me ayuda a ordenar las ideas, aunque después termino hablándolo con mi mamá o con mis amigas”
Lucía, 21 años, vecina de Gonnet
Además, la validación constante que ofrecen muchos asistentes virtuales puede generar dificultades para tolerar la frustración, aceptar opiniones distintas o desenvolverse en relaciones donde no siempre existe una respuesta favorable.
CASOS QUE ENCENDIERON LAS ALARMAS
La preocupación no surge únicamente de hipótesis académicas. En Estados Unidos ya existen demandas contra empresas desarrolladoras de inteligencia artificial por casos de adolescentes que se autolesionaron o se suicidaron después de mantener prolongadas conversaciones con personajes virtuales.
El episodio más conocido fue el de Sewell Setzer, un joven de 14 años que mantenía una intensa relación con un personaje creado mediante Character.AI. Su familia sostiene que el chatbot reforzó pensamientos autodestructivos antes del desenlace fatal.
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Al principio la usaba para la facultad y para resolver dudas. Ahora también le consulto cosas personales, como decisiones sobre el trabajo o problemas con mi pareja. Me gusta porque me devuelve distintas opciones y nunca siento que me esté juzgando. Muchas veces necesito ordenar lo que pienso antes de contárselo a otra persona”
Franco, 24 años, vecino de Villa Elisa
Otros casos ocurridos en Estados Unidos y el Reino Unido volvieron a poner sobre la mesa un debate que recién comienza: hasta dónde llega la responsabilidad de las plataformas cuando los usuarios establecen vínculos emocionales con sistemas diseñados para simular empatía.
UNA TECNOLOGÍA QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE
Los especialistas coinciden en que la inteligencia artificial formará parte de la vida cotidiana de las nuevas generaciones y que prohibir su uso no parece una solución.
El desafío, sostienen, pasa por enseñar a utilizar estas herramientas con criterio, entendiendo que pueden servir para organizar ideas, resolver dudas o incluso ofrecer una primera orientación, pero nunca reemplazar la contención que brindan la familia, los amigos o un profesional de la salud mental.
En una etapa de la vida en la que se construyen la identidad, la autoestima y las habilidades para relacionarse con otros, el desafío será aprender a convivir con una tecnología cada vez más cercana sin perder aquello que ninguna inteligencia artificial puede reproducir por completo: la complejidad de los vínculos humanos.
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