Albertina Carri reúne ensayos sobre cine, feminismo y memoria en ‘Cine vivo’

“El cine, como todas las artes, tiene como fin último llegar al espectador. No importa si son más o menos espectadores, más o menos de nicho, más o menos avisados en el arte de ver y deglutir imágenes o relatos audiovisuales. El cine se hace para unos expectantes humanos dispuestos a ser atravesados e invadidos por las sombras y los destellos que esa fantasía escupe con convicción hace ya más de un siglo. Ilusión, quimera o espejismo a la que se llamó, durante mucho tiempo, la máquina de hacer sueños”, se lee en las primeras páginas de Cine vivo, el nuevo libro de la directora de cine y escritora Albertina Carri.

La directora del Nuevo Cine Argentino, Albertina Carri, durante una entrevista con EFE en Ginebra. EFE/Alicia Hegar

Se pregunta: “¿Qué sueña la máquina?”. Al respecto deja que su pensamiento discurra en este libro, editado por el sello independiente chileno Banda propia, que recopila ensayos y textos críticos en donde reflexiona sobre el cine en general y su obra en particular. Funciona como una ventana entreabierta para conocer el trasfondo de una de las realizadoras más interesantes del cine latinoamericano.

Cultura de un estilo propio, supo pasar de una renovación en el cine documental en torno a las narrativas sobre la memoria y la identidad pasando por imaginarios campestres/rurales y una exploración propia por el cine porno y el feminismo. Todo atravesado por un ineludible prisma político que invade toda su obra no desde un punto de vista panfletario sino, más bien, desde sutiles pronunciamientos a partir de ecos, señales y gestos forjados a través de su manera de habitar el lenguaje audiovisual.

“El cine está vivo porque en el momento mismo de la captura el instante ya está muerto y ese plano o esa escena pasa a ser un archivo de lo viviente”, sentencia Carri y, a la vez, construye toda una declaración de principios. Su prosa, por momentos, muta. Se convierte en verso, sorprendiendo al lector. Sus primeros textos indagan acerca de lo autobiográfico y lo heterobiográfico en relación al manejo del archivo. Sobre todo a partir de sus documentales Los rubios y Cuatreros.

Cartas desde el encierro

También incluye los textos de Punto impropio, una videoinstalación compuesta de las cartas que les envió su madre a ella y a sus hermanas mientras estaba secuestrada por la última dictadura cívico-militar. En esa instalación, Carri leía esas cartas con su propia voz. Decir que su lectura impacta y conmueve es casi una obviedad. Sorprende la dedicación y el amor de su madre volcadas en esas misivas en medio una resistencia a la más feroz represión que parece volverse ineluctable.

“Pensar en una imagen que represente la masacre cometida por la última dictadura argentina me resulta difícil, sino imposible”, escribe Carri en “Imágenes sinfín”, otro texto breve que podría tratarse de una suerte de entrada de diario. Así uno comprende los gestos que, para muchos, fueron audaces de la realizadora en Los rubios al representar el secuestro de sus padres con muñecos Playmobil. En realidad, la directora se encontraba indagando precisamente sobre la imposibilidad de representar el horror. Casi como si estuviera intentando tomarle las huellas dactilares a un fantasma.

Bajo el subtítulo “Archivo y memoria” se recopilan varios artículos y piezas breves que indagan acerca del componente documental del cine, su factor histórico y la importancia de los archivos respecto a la manipulación de materiales dentro de la composición audiovisual.

Son convocantes las preguntas que va desperdigando a lo largo de todos estos textos: ¿Qué nos interesa más de los archivos? ¿Su valor testimonial/fantasmal? ¿Su carácter de fósil/arqueológico? También lo es cuando indaga acerca del auge actual del extractivismo capitalista y se pregunta qué papel le corresponde al cine en todo eso: “El brutal avance del capitalismo extractivista, ¿se podrá atemperar si ponemos nuestras cámaras más al servicio de los sueños y menos a la demanda de lo real?”.

La lengua, de la mano de un proyecto en conjunto con la Biblioteca Nacional en tiempos de Horacio González, y el Festival Asterisco (se incluye un diario de rodaje) también se cuelan en este volumen y, una vez más, es valioso seguir la lectura al ritmo de las mutaciones y desplazamientos textuales que se proponen mediante la edición. La prosa de Carri se convierte en verso, luego en guión, vuelve a una prosa ensayística y una vez más muta en un diario de gestación del festival antes mencionado.

Porno y política

Los últimos textos, recopilados bajo el apartado “Porno y política”, indagan acerca de los últimos intereses de Carri, ligados a la pornografía. Algo que se ha visto en sus filmes Las hijas del fuego y ¡Caigan las rosas blancas!

Allí vuelca indagaciones acerca del concepto de lo monstruoso, el primerísimo primer plano o sus motivaciones que la fueron volcando al cine porno: “No me gustan las obras perfectas, inmaculadas o clínicas, como cortadas con bisturí. La pureza me da vergüenza y me provocan angustia los talentos domesticados. Me aburren los ideales burgueses. Tal vez de esas inquietudes venga ese amor por lo pornográfico”, escribe.

La directora del Nuevo Cine Argentino, Albertina Carri, durante una entrevista con EFE en Ginebra. EFE/Alicia Hegar

Sobre el final se incluye una extensa y notable conferencia titulada “La herejía del cinematógrafo” que funciona como un corolario para todo lo que confluye en el libro. Allí Carri construye una elegía a la desconfianza desde la reflexión. “Debemos desconfiar de las imágenes para crear nuevos signos”, afirma, invitando a su auditorio, y por ende a los lectores, a imaginar. Concluye: “Les invito a salir a filmar con conciencia cívica, poética y social”.

Cine vivo conforma, también debido a una excelente labor de edición, una síntesis de su universo cinematográfico y, al mismo tiempo, una puerta de entrada a su obra a través de sus reflexiones. Su voz se vuelve una potencia lúcida para meditar en torno al alcance y la significación de la lengua, los cuerpos, los archivos y la memoria más allá de los intereses del mercado.

En tiempos en donde el individualismo parece imperar, su pensamiento es, también, un llamado a la acción comunitaria: “El cine se hace en comunidad y también es una forma de construir comunidad. Es una linda idea para tener en mente antes de salir a filmar”.

Cine vivo, de Albertina Carri (Banda Propia Editoras).

fuente: CLARIN

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adblock Detectado

Considere apoyarnos deshabilitando su bloqueador de anuncios