A 100 días del terremoto en Venezuela: entre el derrumbe emocional y una urgencia que no cede

“Mi esperanza era encontrar vida y lo que encontré fue cuerpos“, dice Israel Lanza. Tiene 36 años y es rescatista de Protección Civil. Cien días después del doble terremoto de 7,2 y 7,5 en la escala de Richter, que sacudió Venezuela el 24 de junio, la naturaleza de la emergencia ha cambiado de manera significativa.

Lo que comenzó como una respuesta centrada en salvar vidas y atender traumatismos físicos se ha transformado en una crisis marcada por las consecuencias prolongadas de la incertidumbre, el desplazamiento y el impacto emocional acumulado sobre los sobrevivientes y rescatistas.

“Lo que más me marcó fue que encontramos el cuerpo de un canino, y lo tenían abrazado una señora y su hijo. Sus brazos estaban alrededor de él, y todos fallecieron. Hasta la persona más valiente llora ante esto. Llegó un momento en que mi propio nombre se me olvidaba. No reconocía cuando me llamaban. Estuve 15 días continuos sin pisar mi casa”, dice Lanza.

Según las autoridades venezolanas, al 24 de agosto los terremotos habían dejado 6.509 personas fallecidas, 6.462 rescatadas y 226.696 heridas.

Los terremotos dejaron más de 220 mil heridos. Foto: EFE

Según las cifras oficiales y los balances presentados tras la emergencia, se registraron aproximadamente 190 edificios colapsados (derrumbados totalmente) y más de 850 edificaciones con daños graves. Además, unas 25.000 viviendas sufrieron daños estructurales de diversa consideración

El peso físico del estrés prolongado

En las comunidades afectadas de La Guaira y Caracas, muchas personas continúan viviendo con el temor constante de nuevos movimientos sísmicos, la incertidumbre sobre el acceso a una vivienda segura y la dificultad para recuperar sus rutinas y medios de vida.

Según un informe de Médicos Sin Fronteras, enviado a Clarín, en ocasión de los cien días desde el desastre natural, “esta situación sostenida en el tiempo ha transformado el impacto emocional inicial en cuadros persistentes de ansiedad, alteraciones del sueño, síntomas físicos relacionados con el estrés, sentimientos de desesperanza y un agotamiento generalizado que afecta tanto a individuos como a comunidades enteras”.

“Lo que observamos hoy no es únicamente el efecto de un evento traumático aislado, sino el impacto acumulado de vivir durante meses en condiciones de incertidumbre. Muchas personas llegan a consulta con dolores musculares, cefaleas recurrentes, problemas gastrointestinales o insomnio, síntomas que con frecuencia reflejan un importante sufrimiento emocional y psicológico”, señala Milagritos Valderrama, coordinadora médica de MSF para la respuesta a la emergencia.

Noemi Marrero (izq.) junto a sus hermanas, en el funeral de sus dos hijos muertos en el terremoto. Foto: AP

“Esto me ha desmoralizado. Fue un desastre natural, pero ha acabado con todo, mi corazón, mente y alma. Sufro del corazón y de la tensión, y no duermo,” explica Ashley Mayora, de 43 años, sentada dentro de su carpa en Mare Abajo, un complejo de viviendas que colapsó parcialmente tras el doble terremoto.

“Yo vivía con mi hija y mi nieto recién nacido en mi casa, ellos son mi vida. Cuando esto pasó yo estaba en una carpa en la que solo cabía yo, tuvimos que separarnos. Yo siento que me moría de la tristeza por no estar con mi nieto. El 29 de julio tuve un preinfarto. Yo estoy viva solo por ellos”, dice.

El desgaste de la primera línea

Rescatistas y civiles buscan cuerpos entre los escombros. Foto: Reuters

Quienes han estado en primera línea de la respuesta también enfrentan sus propias consecuencias emocionales. Personal de salud, equipos de protección civil, rescatistas y voluntarios han sostenido una intensa carga de trabajo mientras acompañan el sufrimiento de sus propias comunidades.

La fatiga extrema, el estrés traumático secundario y los procesos de duelo acumulado son cada vez más evidentes entre los trabajadores esenciales, cuya salud mental resulta fundamental para mantener la capacidad de respuesta y recuperación de las zonas afectadas, dice el documento de MSF.

En los refugios y comunidades, el dolor de la pérdida convive con la organización y el apoyo mutuo.

El dolor de la pérdida convive con la organización y el apoyo mutuo. Foto: AP

Rosmari Colmenares, vocera de su comunidad en Playa Grande, La Guaira, cuya vivienda quedó gravemente afectada y debió ser demolida, describe el peso de la ausencia y la incertidumbre. “Lo más desgastante es que hasta el sol de hoy no sabemos nada de mi hermano. El edificio donde vivía se cayó; su esposa pudo ser rescatada, pero a él y a su hijo que tiene síndrome de Down no los encuentran. El cuerpo de mi sobrina sí lo encontraron,” relata.

Volver a tener casa, documentos, protección, servicios…

Un campamento de damnificados en Caracas. Foto: EFE

Desde Fundación ACNUR Argentina, agregan que a cien días del doble terremoto, miles de familias afectadas todavía precisan apoyo urgente para reconstruir sus vidas.

Y aunque la respuesta humanitaria avanza hacia una etapa de estabilización y recuperación, aún existen importantes necesidades vinculadas al acceso a alojamientos temporales dignos y seguros, documentación, protección y servicios esenciales.

En un comunicado enviado a Clarín, ACNUR Argentina recuerda que “el daño habitacional continúa siendo uno de los principales factores de vulnerabilidad y desplazamiento: muchas familias todavía no pueden regresar a sus hogares y se trasladan entre sitios transitorios, refugios ofrecidos por familiares y comunidades de acogida, mientras que algunos sitios temporales están siendo reorganizados o cerrados”.

Las necesidades humanitarias evolucionaron, pero no desaparecieron, subrayan.

Cómo ayudar desde Argentina

La recuperación tras la crisis humanitaria causada por los terremotos en Venezuela requiere recursos sostenidos para que ACNUR pueda continuar fortaleciendo los servicios de protección, el acceso a documentación, el alojamiento temporal digno y seguro, el acompañamiento a las familias y la entrega de artículos esenciales.

Venezuela: 55 toneladas de ayuda humanitaria entregada

Desde el inicio de la respuesta a la crisis por los terremotos en Venezuela, ACNUR movilizó más de 55 toneladas de artículos de ayuda humanitaria. Esta asistencia material es parte de una respuesta más amplia que busca acompañar a las personas durante la transición hacia la recuperación. Hasta el momento, está respuesta ha incluido:

  • 10.038 servicios de protección y apoyo que comprenden asistencia legal, asesoramiento, apoyo psicosocial, gestión de casos y derivaciones.
  • 7.200 personas alcanzadas a través de actividades de protección y asistencia apoyadas por ACNUR.
  • Entrega de kits con artículos de primera necesidad y elementos para el hogar a 3.356 personas.
  • 2.750 sesiones de información y asesoramiento, que permitieron a las personas conocer sus derechos, acceder a información sobre servicios disponibles y recibir orientación sobre procedimientos de documentación.
  • 1.286 servicios de apoyo psicosocial para acompañar situaciones de trauma, pérdidas y estrés vinculados al desplazamiento.
  • Distribución e instalación de miles de lámparas solares y reflectores para mejorar la seguridad y el acceso en sitios de alojamiento temporal y espacios comunitarios.
  • Instalación de carpas de servicio para ampliar el acceso a servicios de protección en sitios afectados.

Sin embargo, actualmente las necesidades financieras para la emergencia en Venezuela no están suficientemente cubiertas: solo se ha financiado el 31%.

“La respuesta humanitaria no termina cuando pasa la etapa de rescate”, señala Paula Martínez Álvarez, Directora de Comunicaciones de Fundación ACNUR Argentina.

Refugio temporal en Catia del Mar. Foto: Reuter

Y agrega: “A 100 días de los terremotos, la emergencia continúa para miles de familias que todavía no pueden regresar a sus hogares y necesitan apoyo para recuperar su documentación, acceder a servicios y reconstruir sus vidas. Una pequeña donación contribuye a que la ayuda llegue a quienes necesitan un lugar seguro donde vivir, protección y acompañamiento para volver a empezar”.

La solidaridad sigue llegando a las familias afectadas. Las donaciones permiten que ACNUR continúe brindando protección, asistencia humanitaria y acompañamiento a las personas que lo necesitan para reconstruir sus vidas con seguridad y dignidad. Desde Argentina, es posible colaborar a través de FundaciónAcnur.org./dona

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fuente: CLARIN

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