
La compañía presentó en Aapresid los avances de Yara Climate Choice y explicó cómo trabaja con hidrógeno verde y captura de carbono para reducir las emisiones asociadas a la fabricación de fertilizantes. El objetivo es avanzar hacia productos descarbonizados y, al mismo tiempo, ayudar a los productores a reducir la huella de sus sistemas productivos.
La descarbonización dejó de ser una discusión a futuro para convertirse en uno de los principales desafíos de la industria de fertilizantes. En el Congreso Aapresid, Yara puso el foco en las tecnologías que está desarrollando para reducir las emisiones de su producción y avanzar hacia una nueva generación de fertilizantes con una menor huella de carbono.
“Mi misión aquí es compartir con todos ustedes los avances tecnológicos que ya se están haciendo para intentar no ser tan contaminantes en la producción de nuestros productos”, explicó Emilio Iglesias, director Global de Yara Climate Choice.
La estrategia parte de una situación en la que, según explicó el especialista, los productos de Yara ya presentan una reducción significativa de emisiones frente a fertilizantes producidos en otros mercados. Sin embargo, el objetivo de la compañía es ir mucho más allá.
“Tenemos que producir totalmente descarbonizados nuestros productos con diferentes tecnologías”, afirmó Iglesias.
Del fertilizante convencional al amoníaco verde
Uno de los caminos que analiza Yara para reducir las emisiones es el desarrollo de amoníaco verde, producido a partir de hidrógeno obtenido mediante electrólisis.
El proceso utiliza electrolizadores que, mediante electricidad, separan la molécula de agua en hidrógeno y oxígeno. Luego, el hidrógeno se combina con nitrógeno presente en el aire para producir amoníaco.
La tecnología permite reemplazar parte de los procesos que actualmente dependen de combustibles fósiles y, por esa vía, reducir de manera sustancial las emisiones asociadas a la fabricación de fertilizantes.
Sin embargo, todavía existe un desafío importante: el costo y la escala.
“Es una tecnología nueva, cara, todavía no desarrollada a nivel que se pueda escalar esa producción”, explicó Iglesias.
Por eso, Yara trabaja también sobre una segunda alternativa que puede permitir acelerar la transición mientras las tecnologías basadas en hidrógeno alcanzan mayor competitividad.
Capturar el carbono para evitar que llegue a la atmósfera
La otra vía es la captura y almacenamiento de carbono.
En términos simplificados, el proceso permite continuar utilizando materias primas fósiles durante la producción, pero capturar el carbono generado antes de que sea liberado a la atmósfera. Ese carbono es posteriormente tratado y almacenado en el subsuelo.
“Es una tecnología más asequible económicamente y que sí esperamos que escale la descarbonización hasta que los electrolizadores sean competitivos”, señaló Iglesias.
Para Yara, ambas tecnologías forman parte de un proceso de transición. La captura de carbono puede contribuir a reducir las emisiones en el corto y mediano plazo, mientras que el desarrollo del hidrógeno verde abre la posibilidad de avanzar hacia una producción de amoníaco con emisiones mucho más bajas.
El desafío no termina en la fábrica
La estrategia de descarbonización de Yara no apunta únicamente a modificar sus propios procesos industriales. La compañía busca también que esa reducción de emisiones pueda trasladarse a lo largo de la cadena agroalimentaria.
“Lo que estoy haciendo es transmitir a la gente del congreso y a todas las compañías cuáles son esas tecnologías, cómo podemos ayudar a los productores a reducir su huella de carbono para que ellos lo transmitan a su vez a sus clientes finales, que son procesadores y empresas de alimentación”, explicó Iglesias.
El planteo responde a una demanda que crece en toda la cadena: los alimentos y materias primas agrícolas comienzan a ser evaluados no solamente por su productividad y calidad, sino también por la huella ambiental asociada a su producción.
En ese escenario, la fertilización aparece como un punto relevante, ya que la fabricación de fertilizantes nitrogenados concentra una parte importante de las emisiones asociadas al producto.
Tecnología para producir más con menor impacto
El desafío para Yara es, entonces, avanzar en paralelo sobre dos objetivos: mantener la capacidad de producir los nutrientes que necesita una agricultura de altos rendimientos y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de esa producción.
En ese marco se inscribe también el lanzamiento de YaraBela Nitromag-Z, que la compañía presentó durante el Congreso Aapresid. El fertilizante combina nitrógeno, calcio, magnesio y zinc y ya comenzó a utilizarse en Argentina.
Pero, más allá de la nueva propuesta nutricional, el mensaje central de Yara en Aapresid estuvo puesto en la transformación de fondo que atraviesa la industria.
La compañía busca pasar de una lógica basada exclusivamente en la eficiencia productiva a una estrategia que incorpore también la eficiencia ambiental, con tecnologías capaces de reducir las emisiones desde la fabricación del fertilizante hasta su impacto dentro de los sistemas agrícolas.
“Hay que mandar el mensaje de cuáles son los cambios que vienen a nivel mundial en este tema de la descarbonización”, resumió Iglesias.
Para Yara, la transición ya está en marcha y tendrá que combinar distintas tecnologías, inversiones y escalas de producción. El desafío será lograr que esas alternativas sean económicamente competitivas y puedan incorporarse progresivamente a una agricultura que, además de producir más, deberá demostrar cada vez más cómo lo hace.




