
Durante siete años, la curadora de origen argentino Melanie Roumiguière dirigió el Departamento de Artes Visuales del Programa de Artistas en Berlín de DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico), una de las residencias más prestigiosas de la escena global de las artes visuales.
La posibilidad de involucrar discursos más amplios, de aprender de esos discursos, las oportunidades de colaboraciones entre personas diferentes, fueron algunos de los ejes que Roumiguière eligió para trabajar desde su rol de dirección y curaduría. La desafiante tarea y los objetivos de gestionar un programa de peso histórico, político, social y cultural, su sentido e impacto en la trayectoria de los artistas que son seleccionados para participar, como algunos de los retos asociados a esta tarea.
Installationsansicht/ Installationshot: Patricia Belli: Dirt and Myth DAAD Galerie“Me interesa, especialmente, trabajar las narrativas que se construyeron sobre lo que conocemos como arte, los fuertes discursos territoriales asociados a eso y los impactos que han tenido”, explica la curadora sobre las líneas discursivas que la interpelaron para dirigir el área de artes visuales del Programa. “Que sea un lugar abierto, que pueda incluir prácticas que señalan el impacto social que el arte puede tener, un pensamiento transdisciplinar que contemple la dimensión política del arte”, agrega.
El Programa de Artistas en Berlín
El Programa de Artistas en Berlín de DAAD, que está financiado principalmente a través de recursos del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania y la Ciudad de Berlín, nació en 1963 en Berlín Occidental durante la Guerra Fría, impulsado por la Fundación Ford. Su objetivo, entonces, apuntaba a la internacionalización de la escena artística en una ciudad fragmentada, foco de las disputas geopolíticas globales. A nivel local, el Programa tuvo un rol central en la reorganización de las instituciones culturales de Berlín occidental; en 1978 inauguró su propio espacio de exposición, la daadgalerie.
Patricia Belli en DAAD Berlín. El Programa, que se dirige a artistas internacionales con trayectoria, contempla las áreas de literatura, cine, música y sonido, y artes visuales. Esta última es la única categoría a la que no se puede aplicar, sino que se invita y elige a los residentes a través de un complejo sistema de jurados que hacen la selección.
“Como directora del departamento de artes visuales del Programa, una de las tareas más importantes fue coordinar la conformación del jurado para que haya un acceso lo más amplio posible”, explica Roumiguière. “Desde hace algunos años, hay dos grupos de jurados diferentes, uno de selección y otro de invitación y, además, se los rota cada año. Son distintas personas que forman parte del mundo cultural y artístico, para que haya más acceso y diversidad en cuanto a los lenguajes y a los materiales representados en esta área del Programa”, añade.
Vida, cultura y política en las artes visuales
“Una parte fundamental del trabajo es con los artistas en tanto seres humanos, la vida es la vida y parte de lo que manejamos en el Programa es social. Hay artistas que vienen con sus familias o que pausan su cotidianidad en sus lugares de origen para venir, que tienen distintas expectativas, deseos o dificultades y eso, también, es parte de lo que acompañamos”, cuenta. “Ofrecer, además, lo que cada artista necesita en el momento de la carrera en que está, que puede ser una muestra en la galería, una publicación o tiempo para desarrollar el siguiente proyecto; pero sin requerir algo específico como parte del Programa. De hecho, muchas muestras terminan haciéndose después de la residencia”.
Jiyoung Yoon, Seeing Things The Way We See The Moon, 2025, en daadgalerie, Berlín.Roumiguière se formó en estudios culturales y estética en Alemania. Fue asistente de curaduría en el MACBA en Barcelona y en documenta 13; luego jefa de exhibiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Berlín, Hamburger Bahnhof. Allí participó en la curaduría de Hello World. Revising a Collection, una exhibición crítica de la narrativa occidental y hegemónica de la colección de la Galería Nacional de Berlín en su comprensión del arte. En todo su trayecto, la curadora exploró la potencia de este universo, los discursos construidos a su alrededor, sus posibilidades vitales y políticas; enfoques que luego determinaron los deberes del Programa de Artistas.
Acompañar a los artistas es acompañar la vida de los artistas, sus disputas identitarias y políticas, personales y colectivas, el dolor y el placer de construir sentidos, de debatir narrativas y tratar de aprehender aquellas que los/nos tienen inmersos. Además, el Programa existe en una ciudad que desafía su propia comprensión, que flota entre sentidos. Precisamente, a partir de su propia experiencia de vida Roumiguière comprende las disputas que se debaten en los mismos cuerpos entre identidades anfibias, entre narrativas confusas e imbricadas, entre el todo y la parte mixtas y heterogéneas en las que acontecen las vidas humanas.
“La diversidad, la representatividad de identidades plurales, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad, generar espacios de encuentro; me parece que todo eso es fundamental”, cierra la curadora respecto a cómo concibe la tarea y los abordajes del trabajo en el arte en cuanto a su impacto político y epistémico.
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