
Cuando aprieta el calor, el gato suele hacer algo que puede resultar tranquilizador: se queda quieto. Se estira sobre el suelo, busca la baldosa del baño, duerme durante horas y parece haber decidido que el verano se combate sin moverse demasiado. En buena medida, es así.
El problema llega cuando esa calma deja de ser una estrategia para sobrellevar las altas temperaturas y se convierte en una señal de que el animal no está bien.
Esa diferencia, entre un gato que simplemente busca la manera de estar fresco y otro al que el calor empieza a pasarle factura, no siempre resulta fácil de identificar.
Víctor Rodríguez Úbeda, veterinario de Clinicanimal, explica para La Vanguardia que los gatos suelen gestionar mejor las altas temperaturas que los perros, pero también pueden sufrir un golpe de calor, especialmente cuando están en espacios cerrados o mal ventilados.
“Las primeras señales de que algo no va bien pueden ser muy sutiles”, señala Rodríguez.

“Los gatos también pueden sufrir un golpe de calor, especialmente en espacios cerrados o mal ventilados”
-¿Los gatos toleran mejor las altas temperaturas que los perros o esa aparente tranquilidad puede resultar engañosa?
-Los gatos suelen gestionar mejor el calor que los perros porque son animales más conservadores con su actividad. Cuando sube la temperatura reducen el movimiento, buscan una zona fresca y limitan su exposición.
Pero esa capacidad de adaptación puede llevar a una falsa sensación de seguridad. También pueden sufrir un golpe de calor, especialmente en espacios cerrados, mal ventilados o sin posibilidad de acceder a una zona más fresca.
-¿Qué cambios de comportamiento son habituales en un gato durante los días de más calor?
-Es normal que esté más tranquilo durante las horas centrales del día, que duerma más y que busque superficies frescas, como el suelo o una bañera. También puede reducir ligeramente la ingesta de alimento y aumentar el consumo de agua.
Los gatos suelen avisar tarde de que el calor les está afectando, por lo que conviene prestar atención a cualquier cambio que se aparte de su comportamiento habitual, especialmente si aparece junto a otros signos de malestar.
-¿Qué síntomas indican que el calor ha dejado de ser una simple molestia y puede estar poniendo en riesgo al animal?
-La respiración con la boca abierta es especialmente significativa, porque no es habitual en un gato. También son señales de alarma el decaimiento intenso, la debilidad, la salivación excesiva o una respuesta mucho menor de lo habitual. En los gatos, cualquier alteración respiratoria tiene una especial relevancia y requiere atención.
-¿Qué debe hacerse ante un posible golpe de calor?
-Hay que trasladar al animal a un lugar fresco, iniciar un enfriamiento progresivo y acudir al veterinario con rapidez. No conviene esperar a que el gato se recupere por sí solo. Cuando aparecen signos claros de golpe de calor, actuar con rapidez es fundamental.

-¿Qué estrategias pueden favorecer que un gato aumente su consumo de agua durante el verano?
-Las preferencias del propio animal son importantes. Muchos gatos se sienten atraídos por el agua en movimiento, por lo que las fuentes suelen funcionar muy bien. También resulta útil disponer varios puntos de agua por la casa, alejados de la comida, y mantenerlos siempre limpios y frescos.
“A la mayoría de los gatos no les gusta el agua y esa práctica puede generar un estrés innecesario”
-¿Qué errores habituales pueden hacer que un gato pase más calor sin que el propietario sea consciente de ello?
-Cerrar completamente la casa y dejarla sin ventilación, restringir el acceso a determinadas habitaciones frescas o no renovar el agua con suficiente frecuencia. A veces se limita, con buena intención, el acceso del gato precisamente a los lugares donde mejor puede regular su temperatura.
-¿Es aconsejable mojar directamente a un gato para intentar refrescarlo?
-En general, no. A la mayoría de los gatos no les gusta el agua y esa práctica puede generar un estrés innecesario. En determinadas situaciones puede utilizarse un paño húmedo, siempre con cuidado y respetando la reacción del animal. No se trata de forzar un método de enfriamiento que el gato no tolere bien.

-¿Cuáles son las tres medidas más eficaces para proteger a un gato durante una ola de calor?
-Agua fresca disponible en varios puntos de la casa, acceso libre a las zonas más frescas y observación de cualquier cambio en su comportamiento. Los gatos pueden mostrar señales muy sutiles cuando algo no va bien, y detectarlas a tiempo puede marcar la diferencia.
Pau Allué, La Vanguardia.
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