
Una joven de La Plata denunció haber sido víctima de violencia digital luego de descubrir que su exnovio compartía fotos personales suyas en redes sociales y grupos de Internet. El caso salió a la luz tras un mensaje que recibió en Instagram y expone una problemática cada vez más frecuente entre adolescentes.
Clara Quarteroni tenía 18 años y cursaba Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) cuando recibió un mensaje que le cambió la vida. Estaba sentada en una plaza esperando a su novio después de clases cuando una chica le escribió por Instagram para advertirle que imágenes suyas circulaban en una cuenta de X.
Según le explicaron, un usuario con miles de seguidores publicaba fotos de chicas de La Plata sacadas de sus perfiles personales de Instagram y TikTok. Las imágenes estaban acompañadas por comentarios sexuales y, en algunos casos, eran manipuladas con inteligencia artificial para mostrarlas desnudas.
En medio de la angustia y la confusión, Clara acudió a quien más confiaba: su novio. “Che, amor, me escribió una chica diciéndome esto, fijate si es verdad”, le escribió, según contó la propia víctima a La Nación. Él le respondió que ya conocía la cuenta y que incluso había intentado denunciarla.
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La difusión no consentida de imágenes íntimas se convirtió en una problemática cada vez más frecuente entre adolescentes
La sospecha que apuntó a su novio
Sin embargo, mientras seguía hablando con la joven que la había alertado, descubrió un dato que encendió todas las alarmas. Entre las fotos difundidas había una imagen tomada en la playa que nunca había subido a ninguna red social. Solo se la había enviado a una persona: su novio.
“Ahí sentí un frío en el cuerpo porque me di cuenta de que había sido él el que había compartido mi foto”, recordó la joven.
Aunque en ese momento sospechó de él, Clara asegura que terminó creyendo la explicación que le dio. El joven negó haber difundido las imágenes y sostuvo que probablemente le habían hackeado la cuenta. “Yo en ese momento no entendía nada de digitalidad. Y le creí”, contó.
Meses después, la situación dio un giro definitivo. En noviembre, mientras hacía un trabajo práctico desde la computadora de su novio, encontró decenas de capturas de pantalla de chicas conocidas guardadas en archivos del equipo. “Eran todas fotos robadas de Instagram de amigas mías, de él e incluso de mi hermana de 14 años”, recordó. “Me corrió un escalofrío por el cuerpo. Me quedé dura”.
Primero, el adolescente volvió a negar lo ocurrido. Después admitió que “tenía un problema”. Para Clara, ese momento fue clave para entender que no se trataba de un hecho aislado, sino de una práctica sistemática vinculada a circuitos de intercambio de imágenes entre adolescentes.
Clara Quarteroni

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Esa misma noche decidió terminar la relación y comenzó a interiorizarse sobre seguridad digital, hackeos, deepfakes e inteligencia artificial. También descubrió las dificultades que existen para acceder a información y acompañamiento frente a este tipo de violencias.
“Lo que me pasó hizo que cambiaran muchas cosas en mi vida”, aseguró. Actualmente estudia Comunicación Digital en la UNLP, participa en un programa de streaming con una columna sobre inteligencia artificial y forma parte de Altavoz, un espacio federal orientado a la formación de jóvenes. “Aprendí a los golpes. Por eso hablo de esto: para que otras chicas no tengan que atravesarlo solas”, subrayó.
En Argentina, este tipo de situaciones están contempladas dentro de la llamada Ley Olimpia, sancionada en 2023, que reconoce como violencia digital la difusión sin consentimiento de imágenes íntimas, la exposición de datos personales y el uso de inteligencia artificial para alterar fotografías.
*Foto de portada: Marina Belén Espeche | La Nación
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