Un nuevo Occidente para reconstruir el orden global?

Durante décadas, la alianza transatlántica operó bajo una premisa que resultó ser falsa: la creencia en el “fin de la historia” que asumió que la democracia liberal era inevitable, que el comercio reemplazaría a los estados y que las fronteras se disolverían en una ciudadanía global.

En el reciente discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el Secretario de Estado Marco Rubio manifestó que el momento actual marca el fin de esa “ilusión peligrosa” y el regreso de un “nuevo siglo occidental”.

Sumando a este diagnóstico, entendemos que para lograr esta reconstrucción, es imperativo redibujar el mapa geopolítico de Occidente. Para ello, la defensa de la civilización occidental requiere una integración cultural, económica y estratégica que englobe a sus tres pilares históricos: Europa, Estados Unidos y América Latina.

Para que esto suceda, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, afirma que es necesario que Europa se constituya como una “potencia geopolítica independiente”. Asimismo, América Latina debe tomar la decisión política soberana de fortalecer sus mecanismos de integración y coordinación estratégica que superen los discursos heroicos y comience a jugar un rol dentro de las nuevas reglas globales y en base a un nuevo realismo latinoamericano.

El primer paso para la reconstrucción es un cambio de actitud y conciencia política. Marco Rubio fue contundente al afirmar que el declive de Occidente no fue un destino inevitable, sino una “elección política consciente”.

La nueva política internacional occidental compartida por estos tres actores, exige aliados que no estén “encadenados por la culpa y la vergüenza” de su pasado, sino que se sientan orgullosos de su herencia cultural. En este sentido, sostenemos que Occidente no es una “abstracción burocrática”. Es una civilización forjada por siglos de historia compartida sustentada en la filosofía griega, el derecho romano, el heroísmo germano, los valores de la revolución francesa y la espiritualidad cristiana.

La unidad de Europa, Estados Unidos y América Latina debe basarse en objetivos concretos de poder real, para evitar caer en un “neo-occidentalismo moralista” sin sustento material que lo sustente.

Pero, ¿en qué pilares se sustenta esta refundación occidental desde la práctica de la política internacional?

En la soberanía industrial y tecnológica. Occidente debe liderar el proceso de la inteligencia artificial – que tiene que ser regulada como propone Francia-, fortalecer el espacio comercial y asegurar las cadenas de valor estratégicas. Aquí, la riqueza de recursos de América Latina es vital para la seguridad de los suministros occidentales.

En la seguridad y fronteras. El control de las fronteras es un acto fundamental de soberanía nacional necesario para la supervivencia y la protección de las sociedades contra los actores del narcotráfico y el terrorismo.

En el realismo institucional. Las instituciones globales del “viejo orden” como la ONU, han demostrado ser ineficaces ante conflictos reales como los de Ucrania o Gaza. Occidente debe priorizar el interés nacional de cada país en el marco de unas Naciones Unidas refundadas con un candidato sólido de experiencia internacional para la Secretaría General.

El regreso de Occidente como eje del orden global depende de reconocer que Estados Unidos, Europa y América Latina son parte de una misma realidad geopolítica. Al integrar la capacidad industrial y militar de Estados Unidos; la histórica y profesional diplomacia de Europa liderada por Francia; y el potencial humano y de recursos de América Latina, Occidente puede dejar de gestionar su declive y comenzar a construir un nuevo siglo de prosperidad y desarrollo inclusivo.

fuente: CLARIN

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