Un manifiesto político para luchar por una IA soberana – Redacción Rosario

El avance de las nuevas tecnologías despierta todas las alertas y un grupo de militantes y especialistas platenses propone un debate a nivel nacional sobre marcos normativos y auditorías que pueden empezar desde los mismos municipios.

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la Inteligencia Artificial (IA). Y desde este lado del planeta, que además se transformó en el nuevo plato deseado de los grandes tecnofeudalistas, llegó la hora de poner las barbas en remojo y hacer una mirada centralizada en el aspecto político del fenómeno. Ese es el objetivo del “Manifiesto por una IA soberana y humanista”, un documento con 21 principios “para pensar una inteligencia artificial al servicio de la dignidad, la justicia social, la democracia y la comunidad”, según explica Jerónimo Guerrero Iraola, abogado platense, magíster en derechos humanos y doctor en ciencias de la educación, y compilador del documento. El texto es informativo y propositivo, recorre todos los interrogantes que conlleva la aparición de la IA y su impacto en el mundo laboral y social y en la cotidianidad de la comunicación. Además, contiene definiciones muy concretas como que “la inteligencia artificial no es neutral”, “no flota en una nube”, “no decide sola” y “no aparece por fuera de la política”.

El Manifiesto por una IA soberana y humanista, redactado por un grupo editor nucleado en Centro de Estudios para la Gobernanza, se presentó en junio pasado en el centro de ex combatientes de Malvinas de La Plata (Cecim) y rápidamente el debate se fue desparramando por todo el país porque esencialmente es una propuesta de soberanía, con un lema claro: “La inteligencia artificial será herramienta de emancipación, o no será”.

Guerrero Iraola sostiene que Argentina ocupa un rol estratégico en la cadena de suministros de la IA y cuenta con el talento necesario para desarrollar una industria propia. Y en el texto del Manifiesto se incluye también información para visibilizar el fenómeno en su materialidad más concreta, en contraposición a la virtualidad, nube o tecnología inmaterial con la que en general se presenta a la IA. Porque la virtualidad es apenas la punta del iceberg de la IA, por debajo está lo material. “Edificios reales, con miles de servidores apilados, sistemas de refrigeración a base de agua, generadores de respaldo, cables de cobre, fibra óptica y chips fabricados con minerales que se extraen de la tierra a costa de paisajes y de cuerpos. La parte visible de la inteligencia artificial es la respuesta. La parte invisible es todo lo demás. Y todo lo demás es mucho”, dice el Manifiesto.

El documento cita a grandes pensadores y especialistas, y en especial a la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV que habla de un colonialismo de datos, y que los grandes monopolios de la inteligencia artificial se han convertido en una nueva forma de dominación. También el manifiesto le agrega a esa dominación lo adictivo: horas y horas de nuestra existencia que se evaporan frente a las pantallas en “un diseño al servicio de la adicción”. Así denuncian “el narcomenudeo de dopamina del que viven las grandes corporaciones tecnológicas”.

Los conceptos “humanismo” y “comunidad” son el eje de una propuesta amplia, que incluye, por ejemplo, un régimen de propiedad de los datos con los que se entrenan los modelos de IA. “Provienen de nosotros (los datos), son el rastro de nuestras vidas, y sin embargo no son nuestros: los acumula un puñado de empresas que han convertido los datos en el petróleo de la cuarta revolución industrial”. 

Pero más allá de enmarcar que se trata de una disputa a nivel global, el Manifiesto se manifiesta por trabajar sobre lo más cercano, en las legislaciones municipales. 

La “Carta Platense de Inteligencia Artificial” es un proyecto de ordenanza que apunta a fijar un estándar regulatorio nacional desde el municipio. “Reserva de humanidad, evaluación de impacto algorítmico vinculante, registro público de sistemas, auditoría externa independiente, soberanía de datos, sustentabilidad ambiental e hídrica, derechos de la ciudadanía digital”, plantea. “Si es posible en La Plata, es posible en cualquier lugar que se lo proponga”, agrega.

También el manifiesto resalta la importancia del rol del Estado, como promotor de las tecnologías: los grandes saltos de las últimas décadas –Internet, el GPS, los algoritmos que volvieron viable a Google– nacieron de inversión pública orientada con propósito. “Esa es la lección que conviene traducir, urgente, a la era de la inteligencia artificial”, sostiene el texto.

El abogado Guerrero Iraola, compilador del Manifiesto, luego del impacto y la repercusión que tuvo el documento, habló desde La Plata con El Eslabón sobre los detalles de la propuesta y la idea de una apropiación soberana de la Inteligencia Artificial.

—¿Cómo surgió la necesidad de generar este Manifiesto de la IA? 

—Bueno, mirá, la génesis es parte de un proceso que a veces surge de alguna neurosis. Yo soy abogado, magíster en Derechos Humanos, doctor en Ciencias de la Educación, pero mi gran campo de desempeño son los Derechos Humanos. Ya para el año 2017, empecé a toparme con un par de lecturas. Un libro en particular de Eduardo Levy Yeyati que habla sobre el impacto de la automatización y la robotización en la economía. Y ese libro me disparó la lectura de otros porque hacía citas cruzadas. Empecé a estudiar algunos manuales de divulgación o libros de divulgación de periodistas como (Leandro) Zanoni y me empecé a volver loco con lo que estaba pasando en el campo de la automatización y la robotización. Y me pregunté cómo esto que muchos dan en llamar la Cuarta Revolución Industrial tenía que ver o impactaba en relación con los derechos humanos y el ejercicio de la ciudadanía. Después empecé con lecturas un poco más profundas, filosóficas, de (Yuval Noaḥ) Harari, de Byung-Chul Han y tantos otros filósofos que se empiezan a preguntar sobre cuestiones más complejas, sobre el sustrato de esta Revolución Industrial. Y en ese plano, en 2020, un poco antes de la pandemia, me ofrecen integrarme a un programa de radio, en Radio Provincia de Buenos Aires, y allí empezamos con las primeras columnas que se llamaban “Surfeando la Cuarta Revolución Industrial”, que abordaban temas de tecnología o de novedad tecnológica, pero desde una perspectiva de derechos humanos, para pensar los derechos, la ciudadanía, los alcances del Estado-Nación en medio de toda esta ola. La pandemia aceleró las cosas y hace dos años y pico Sam Altman se paró frente al mundo y dijo que estábamos frente a un nuevo verano de la inteligencia artificial –porque la inteligencia artificial como concepto viene desde mediados del siglo XX y ha atravesado inviernos y veranos– y puso a disposición del planeta su modelo Transformer que es el ChatGPT, y ahí empezamos a ver enormes transformaciones a una velocidad supersónica. Y es así que con el grupo de compañeros y compañeras que integramos el Centro de Estudios para la Gobernanza, dijimos en un momento determinado, cuando encontramos un punto común entre todos los que vienen pensando, diagramando y proyectando la materia –que nadie sabe bien para dónde disparará el vizcachazo–, que teníamos que escribir un par de principios rectores para ordenar la discusión y sobre todo, para un ordenamiento desde la política pública y desde el sector público.

—Como dice el texto: “hacía falta un manifiesto, no un protocolo”.

—Sí, dijimos «hagamos un manifiesto, posicionémonos políticamente». ¿Cuáles son los ejes, los valores, los principios que deberían ordenar toda discusión en torno a la adopción de la inteligencia artificial? ¿Cuáles son los límites que deberíamos tener humanamente para discutirla? Dar una guía humana y soberana. Y ahí surgió este documento que es un poco el fruto de todas esas, de todas esas reflexiones y esa toma de posición.

—Y que subraya lo político sobre la IA…

—Es que fue pensado para tomar posición. No es un texto que sólo describe, un texto que separa un peldaño por delante, no venimos a dar consejos de qué herramientas usar, si quieren consejos podemos darlos, porque somos usuarios fervientes, exploramos, incorporamos las herramientas de IA a nuestro trabajo cotidiano, o sea, sabemos de lo que estamos hablando, la hemos adoptado en forma temprana y hacemos un uso bastante especializado y técnico, pero no damos consejos de qué tecnología usar ni de cómo usarla. Damos una mirada política sobre cómo posicionarnos frente a la adopción y ahí advertimos cuestiones que son eminentemente políticas, que hay un montón de discusiones desencadenadas que se suscitan con la irrupción de esta tecnología que no están siendo abordadas desde el Estado y desde la política. Y eso representa en sí mismo un problema, porque no es sólo una mirada técnica que se ordena en torno a un buen o un mal uso, que es como esta idea inicial de que es como un martillo. Yo con el martillo puedo clavar un clavo y construir un refugio o puede ser un arma homicida, solo depende de qué uso le dé quien la utilice. Nosotros partimos de la premisa de que acá estamos en presencia de un cambio civilizatorio que pone en tensión como tal hasta una caracterización histórica y antropológica del humano. Lo que no se explica, o a veces con la simplificación del ejemplo del martillo no llega a aprenderse, es que el martillo no toma decisiones, no decide quién va preso o quién no, y no decide si matar o clavar el clavo. En todo caso, siempre decide un humano.

—De ahí que dicen que Ia IA “no es ni artificial ni inteligente” y que pongan de manifiesto el lado de la materialidad en contraste con lo virtual, hablen del “cuerpo” de la IA.

—Es una de las tareas que nos hemos dado, esto de materializar la IA. Es un elemento central porque en definitiva las grandes discusiones siguen siendo materiales. Cuando hablamos de materialidad hablamos de fierros, hablamos de montañas, hablamos de ríos, hablamos de desplazamientos de seres humanos como en Ceuta, lo que nos genera muchísima tristeza por la crisis humanitaria. Pero no poder linkearlo con la adopción de estas tecnologías nos lleva a pensar que «es sólo un problema de gente que no quiere vivir más en su lugar». Y la verdad es que la adopción de este tipo de tecnologías generan procesos que muchas veces son irreversibles, ambientales, sociales, incluso de gentrificación, que implica el cambio de asunto. 

La demanda de cobre para infraestructura de inteligencia artificial podría multiplicarse por seis hacia 2050. Consume, sobre todo, trabajo humano. Trabajo invisibilizado.

—El Manifiesto subraya la destrucción del trabajo por un lado y por otro la generación de puestos precarios e invisibilizados, que son parte fundamental en el desarrollo de las IA.

—El otro día escuché a Andrés Malamud en una entrevista, y me pareció muy bien, cómo explicó que estamos frente a un cambio de paradigma tan grande en que se está dando como fenómeno global un incremento en la productividad sin el necesario incremento y acompañamiento del empleo. Entonces, de repente, tenemos que la productividad puede crecer por producto de la automatización, pero no crece el empleo y eso genera una masa de personas que van quedando en los márgenes. Y bajo esta premisa, la respuesta o la solución que se va dando justamente tiene que ver con esta idea de los trabajadores de plataforma que son un fenómeno que debemos atender y cuyo impacto es demoledor. 

—En ese marco global de impactos de la IA Argentina de pronto se transformó en uno de los ejes de un día para otro por posibles llegadas de inversiones de estos sectores.

—Es que Argentina tiene todo lo que la IA va a requerir para el desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial, por eso se está desplegando un plan sistemático de entrega de la soberanía que está, justamente, ordenado en función de estas necesidades que son necesidades de suministros. Quien domine la cadena de suministros en el transcurso de la Cuarta Revolución Industrial va a dominar el siglo XXI. Y eso es lo que hoy está en juego en nuestro país, en nuestra región. Es muy importante entenderlo para poder comprender dónde estamos y hacia dónde vamos. Minerales críticos, agua dulce y energía son los aspectos que van a marcar el pulso de las transformaciones globales. 

—Ustedes proponen empezar por lo más pequeño, ordenar normativas y regulaciones en los municipios, sobre cuestiones muy polémicas y dudosas que trae consigo esta tecnología.

—Nosotros entendemos que la adopción de herramientas de inteligencia artificial por parte de los municipios o de los estados tiene que regirse por principios muy claros, muy concretos, y bajo esa premisa entendemos que debe ordenarse el Estado. Por eso es central poder adoptar instrumentos legislativos que contemplen esta situación, porque de lo contrario vamos a estar frente a la adopción de herramientas que tal vez operen en detrimento de la ciudadanía. Así conformamos esta “carta platense”, que es un modelo de ordenanza para municipios que lo que busca es garantizar los derechos de todos los y las ciudadanos, a partir de justamente contemplar estos principios rectores, que son ni más ni menos que la estructuración de los esquemas de promoción y derechos humanos. 

Justamente, el manifiesto sostiene que la inteligencia artificial llegó al Estado por la puerta menos vigilada: la municipal. 

“Sin marco normativo, sin auditoría, sin debate público, los gobiernos locales adoptan sistemas que deciden sobre tránsito, vivienda, salud pública, asignación de turnos, control del espacio urbano. La velocidad de implementación supera, en muchos casos, la velocidad de la deliberación democrática. Eso hay que invertirlo”, señala el Manifiesto. 

La democracia en jaque

“La expansión de las tecnologías digitales y el desarrollo de la inteligencia artificial plantean nuevos desafíos para las democracias actuales. En particular, su impacto sobre los procesos electorales abre interrogantes importantes en torno a la calidad de la información que consumimos al momento de decidir, la formación de la voluntad política y las condiciones en las que ejercemos nuestro derecho al voto libre e informado”, dice el Manifiesto. Y más adelante agrega: “La circulación masiva de desinformación, las fake news y la utilización de herramientas de IA capaces de generar contenidos sintéticos –como los denominados deepfakes– incorporan nuevas complejidades al debate democrático. La posibilidad de producir imágenes, voces, videos falsificados, pero con altos niveles de verosimilitud, obligan a repensar las herramientas disponibles para garantizar procesos electorales confiables”.

Además, propone una ley nacional que reconozca a toda persona, sin excepción, un derecho de control jurídico sobre su imagen, sus rasgos faciales y su voz frente a las réplicas sintéticas generadas por inteligencia artificial.

➡️Manfiesto por una IA humanista y soberana

Publicado en el semanario El Eslabón del 22/8/26

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fuente: GOOGLE NEWS

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