Un año en el espacio: China lanzó la nave espacial Shenzhou 23 y acelera su plan para llevar astronautas a la Luna antes de 2030

A las 23:08 de Beijing, el rugido del cohete Gran Marcha-2F atravesó la noche del Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan y empujó hacia el cielo a la nave Shenzhou-23. Durante unos segundos, la plataforma quedó envuelta en humo blanco y fuego naranja; después, solo quedó una estela luminosa perdiéndose en la oscuridad. China acababa de dar otro paso en su carrera espacial, pero esta vez no se trataba únicamente de llegar más lejos: el objetivo era permanecer más tiempo que nunca.

A bordo viajaban tres astronautas rumbo a la estación espacial Tiangong, donde intentarán abrir una nueva etapa para la exploración humana fuera de la Tierra. Diez minutos después del despegue, la nave se separó del cohete y entró en su órbita designada. Desde la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China (CMSA) confirmaron que la misión había sido “un éxito rotundo” y aseguraron que la tripulación se encontraba en buen estado.

La Shenzhou-23 realizará ahora un encuentro y acoplamiento rápido y automatizado con el complejo orbital Tiangong. Allí se producirá el relevo con la tripulación de la Shenzhou-21, que espera en la estación espacial para concretar el traspaso en órbita. Según la CMSA, Tiangong ya ingresó en la órbita de acoplamiento y las condiciones para el ingreso de los astronautas son óptimas.

Con este lanzamiento, China alcanzó otro número simbólico: ya son 30 los astronautas enviados al espacio desde el inicio de su programa espacial tripulado. Además, la misión representó el vuelo número 644 de la histórica familia de cohetes Gran Marcha, el emblema tecnológico con el que Beijing sostiene su expansión espacial.

La tripulación está integrada por Zhu Yangzhu, veterano de la misión Shenzhou-16; Zhang Zhiyuan, ex piloto de la Fuerza Aérea; y Li Jiaying, ex integrante de la Policía de Hong Kong. Los tres ocupan roles específicos dentro de la misión: Zhu es ingeniero de vuelo, Zhang piloto de naves espaciales y Li especialista en carga útil.

La tripulación está integrada por Zhu Yangzhu, veterano de la misión Shenzhou-16; Zhang Zhiyuan, ex piloto de la Fuerza Aérea; y Li Jiaying, ex integrante de la Policía de Hong Kong.

Para Zhang y Li, se trata de su primer viaje fuera de la Tierra. Pero es Li quien concentra gran parte de la atención pública: acaba de convertirse en la primera astronauta de Hong Kong en viajar al espacio y en la cuarta mujer china en alcanzar la órbita, siguiendo el camino de Liu Yang, Wang Yaping y Wang Haoze.

Su presencia tiene un peso simbólico enorme para Beijing: el programa espacial ya no busca mostrar únicamente capacidad tecnológica, sino también construir una narrativa nacional que integre a Hong Kong dentro de los grandes logros científicos chinos.

Mientras la nave avanzaba hacia Tiangong, en tierra firme cientos de estudiantes observaban el lanzamiento con la cabeza inclinada hacia el cielo. Entre ellos estaba Lin Xinying, alumna de la escuela secundaria Pui Kiu de Hong Kong. Hasta ahora, dijo, el espacio era para ella algo que existía “sólo en las películas de ciencia ficción”. Ver despegar la Shenzhou-23 cambió esa percepción.

Otro estudiante, Lee Cheuk Hei Trevis, aseguró que presenciar el lanzamiento activó su imaginación sobre la exploración espacial y se convirtió en una inspiración para la juventud hongkonesa. En China, cada lanzamiento espacial ya no es solamente una operación científica: también funciona como una demostración pública de orgullo nacional y como una herramienta para acercar la ciencia a las nuevas generaciones.

Pero detrás de la emoción y del espectáculo visual, la misión tiene un objetivo mucho más ambicioso: romper el récord de permanencia china en órbita y estudiar cómo resiste el cuerpo humano al aislamiento extremo.

Hasta hoy, la estadía más larga había sido la de la tripulación de la Shenzhou-21, que alcanzó 204 días en el espacio. Ahora, China intentará ir todavía más lejos: uno de los astronautas de la nueva misión permanecerá un año entero fuera de la Tierra, mientras que los otros dos regresarán a la Tierra después de seis meses.

fuentes explicaron a Clarín que la Shenzhou-23 forma parte del primer programa integral de investigación humana espacial de China. El objetivo es obtener datos completos sobre el astronauta que permanecerá más tiempo en vuelo, comprobar la capacidad de garantizar su salud durante una estadía prolongada y generar oportunidades de investigación continua para futuros proyectos científicos y tecnologías espaciales.

La misión tripulada Shenzhou-23 despega del Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan.

Los científicos chinos insisten en que duplicar el tiempo no significa simplemente “hacer dos misiones de seis meses”. La diferencia es física, médica y psicológica. Un año en microgravedad implica alteraciones musculares, pérdida de masa ósea, cambios metabólicos y un desgaste emocional difícil de medir.

Por eso, antes del vuelo, los astronautas atravesaron entrenamientos reforzados de resiliencia psicológica, convivencia extrema y preparación física intensiva. El experto Bian Qiang, del Centro de Astronautas de China, explicó que la misión exige demandas “significativamente superiores” para el bienestar físico y mental de la tripulación.

Durante la residencia de un año, China implementará además su primer programa integral de investigación del cuerpo humano en el espacio. Los científicos buscan recopilar datos cruciales sobre cómo reacciona el organismo frente a exposiciones prolongadas a la microgravedad y construir un “atlas multisistema y de ciencias ómicas” del cuerpo humano en órbita.

La investigación intentará determinar los límites de adaptación humana en el espacio y mejorar los sistemas médicos y de protección para futuras misiones de larga duración. En otras palabras: China está estudiando cómo sobrevivir durante meses, e incluso años, lejos de la Tierra.

La estación Tiangong, convertida ya en un laboratorio orbital permanente, también será escenario de más de cien experimentos científicos y proyectos tecnológicos. Las investigaciones abarcarán áreas consideradas estratégicas para el futuro espacial: ciencia de la vida, medicina aeroespacial, física de fluidos en microgravedad, ciencia de materiales y nuevas tecnologías espaciales.

Algunos experimentos parecen salidos de una novela futurista. Embriones de pez cebra y de ratón crecerán en condiciones de microgravedad para estudiar cómo se desarrolla la vida fuera de la Tierra. Incluso se trabajará con “embriones artificiales” creados a partir de células madre, en un intento por construir un sistema integral de investigación embrionaria espacial que abarque desde vertebrados inferiores hasta mamíferos superiores.

Según afirmaron estos experimentos biológicos y agrícolas buscan estudiar cómo los seres vivos se adaptan al entorno espacial. En el caso del arroz, la intención es desarrollar variedades resistentes que puedan garantizar suministro alimentario en futuras misiones prolongadas.

Los estudios embrionarios, en tanto, apuntan a comprender cómo se comporta la reproducción biológica bajo condiciones de microgravedad, un conocimiento considerado fundamental para pensar la supervivencia humana a largo plazo fuera de la Tierra.

De acuerdo con Yu Leqian, investigador del Instituto de Zoología de la Academia de Ciencias de China y responsable del proyecto experimental de embriones artificiales, las muestras enviadas a la estación espacial no tienen capacidad de desarrollarse hasta convertirse en individuos completos. Su función es únicamente científica: servir como modelos para estudiar las primeras etapas del desarrollo de la vida humana en el espacio.

En otro módulo de la estación, científicos chinos cultivarán semillas de arroz nunca antes enviadas al espacio. Por primera vez intentarán producir dos generaciones consecutivas de arroz en órbita para observar cómo la microgravedad altera la estabilidad genética de los cultivos. El objetivo es entender si será posible producir alimentos de manera sustentable durante futuras misiones espaciales prolongadas o en eventuales bases lunares.

También se desarrollarán investigaciones médicas enfocadas en el metabolismo de los lípidos y las enfermedades hepáticas. Los científicos estudiarán cómo la separación de fases biológicas en microgravedad afecta a los hepatocitos —las células principales del hígado— para comprender los mecanismos que podrían desencadenar enfermedades vinculadas al hígado graso en astronautas sometidos a vuelos prolongados.

Además, se instalarán tres tipos de muestras biológicas en un dispositivo de exposición extravehicular: nanoenzimas, actinomicetos y semillas de plantas. Durante cinco meses permanecerán expuestas directamente a la radiación espacial para analizar cómo las condiciones extremas afectan la evolución microbiana, los catalizadores vinculados al origen de la vida y las variaciones genéticas en plantas superiores.

En el campo de la ciencia de materiales, China probará tecnologías consideradas claves para la próxima generación de exploración espacial. Entre ellas aparecen investigaciones sobre imanes permanentes de tierras raras de alto rendimiento y aleaciones ligeras de alta entropía, materiales que podrían utilizarse en futuras estructuras orbitales y vehículos espaciales.

Por primera vez, además, la estación espacial china realizará experimentos dinámicos en órbita con células solares de perovskita, un material revolucionario para la generación de energía. Los científicos buscarán medir cómo se degrada la eficiencia de conversión energética bajo condiciones espaciales extremas reales y analizar los mecanismos de falla del material.

Los investigadores creen que estos estudios podrían convertirse en reservas tecnológicas fundamentales para satélites de órbita baja, misiones de exploración del espacio profundo, bases lunares e incluso sistemas energéticos destinados a la fabricación espacial in situ.

Detrás de todos estos experimentos aparece una meta mucho más concreta: la Luna.

fuentes consultadas por Clarín explicaron que el objetivo final de las permanencias prolongadas en órbita es dominar la tecnología de supervivencia y trabajo humano en el espacio, comprender el impacto real del entorno espacial sobre el cuerpo y perfeccionar toda la cadena de soporte vital necesaria para futuras misiones.

La experiencia acumulada en Tiangong es considerada una preparación indispensable para una futura presencia humana en la superficie lunar.

China ya trabaja en el desarrollo de cohetes de gran capacidad y módulos de aterrizaje lunar, mientras que los entrenamientos de astronautas y los experimentos realizados en la estación espacial funcionan como una base técnica y científica para ese proyecto.

La meta oficial del gobierno chino es concreta: llevar astronautas chinos a la Luna antes de 2030.

Mientras tanto, los tripulantes de la Shenzhou-23 deberán ocuparse de tareas mucho menos abstractas: caminatas espaciales, instalación y retiro de equipos externos, transferencia de carga y mantenimiento cotidiano de la estación. Vivir un año en órbita implica sostener una rutina suspendida a 400 kilómetros de la Tierra, donde cada movimiento depende de la gravedad cero y donde el planeta aparece apenas como una esfera azul silenciosa detrás de las ventanillas.

La tripulación también participará en actividades de divulgación y educación científica, un aspecto que China considera central para inspirar a las nuevas generaciones y fortalecer su imagen como potencia tecnológica global.

Con esta misión, China no sólo busca consolidar a Tiangong como una estación espacial estable. También intenta demostrar que ya juega en la misma liga que las grandes potencias espaciales.

El lanzamiento de la Shenzhou-23 dejó algo claro: el próximo capítulo de la carrera espacial ya no consiste solamente en llegar al espacio, sino en aprender a vivir allá.

fuente: CLARIN

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