
Jesica Cirio acaba de pedirle a la justicia que no tome en cuenta como prueba los videos donde ella misma se filma mostrando fajos de dólares bajo la ropa acomodada en un vestidor, en la casa que compartía con Martín Insaurralde.
“El video no fue sometido a pericia alguna. No se determinó su origen técnico, ni su cadena de custodia, ni si fue objeto de alteraciones.… incluyendo la posibilidad de que haya sido generado, total o parcialmente, mediante herramientas de inteligencia artificial”, argumentaron los abogados de la modelo y conductora.
Bienvenida la barcaza de la IA al ancho océano de las chicanas judiciales, entendiéndose por “chicana” cualquier maniobra planificada para dilatar los ya extensos tiempos de la justicia todo lo posible.
Si es hasta el infinito, mejor.
Los cotizados abogados de los imputados involucrados en causas de corrupción venden precisamente eso: tiempo.
Naturalmente, todo legal y dentro de las normas del debido proceso, que incluye el derecho inalienable a la legítima defensa.
¿La Jesica Cirio que vimos acomodarse el pelo ante el espejo del vestidor, filmándose a sí misma con el celular mientras giraba otra vez hacia los estantes para seguir mostrando miles de dólares por todos lados sería, entonces, un avatar?
José López debe estar lamentándose de llegar con sus bolsos al convento de General Rodríguez demasiado temprano para los tiempos de la tecnología reciente, cuando la excusa de la IA todavía no estaba al alcance de la mano.
“Los bolsos no llevaban 9 millones de dólares sino ropa para donar, y sólo pudieron volar por acción de la IA”, pudo haber dicho. Tampoco estaban tan de moda los drones.
Incluso Lázaro Báez pudo objetar las imágenes de su equipo contando millones en efectivo en La Rosadita de Puerto Madero.
En el mismo barrio, la fiscal Fein pudo decir que ella estaba sola en el departamento de Nisman, preservando la escena del crimen, y que lo que terminamos viendo en los videos fue una multitud agregada con Inteligencia Artificial.
El propio Insaurralde pudo argumentar lo mismo sobre sus fotos en el yate Bandido, difundidas hace ya casi tres años.
Algo así como que le sacaron una foto mientras estaba abriendo una botella de sidra en Lomas de Zamora, pero con el montaje de la IA pareció que estaba sirviendo champán en un yate en la costa de Marbella.
Aún con miles de expedientes de papel apilados en rincones oscuros, el sistema judicial argentino corre de atrás a la tecnología. Muy de atrás.
Tras la irrupción intempestiva de la IA, la consigna de jueces y abogados ante las pruebas documentales -fotos, videos, audios- es considerar si pasaron las instancias de control humano.
La Corte bonaerense creó la semana pasada una comisión para regular el uso de la Inteligencia Artificial en la Justicia de la Provincia, prohibiendo delegar en la IA la resolución de los procesos, la valoración de pruebas y los fundamentos de las sentencias.
La primera paradoja es que el control humano para validar las pruebas digitales susceptibles de ser alteradas por la tecnología necesita… más tecnología.
El fiscal Taiano pidió en la causa $LIBRA un trabajo de pericias sobre billeteras virtuales y le respondieron que, por ahora, el área encargada de la tarea no tenía las herramientas ni las licencias tecnológicas para avanzar.
Lo está haciendo la Policía Federal, pero llevará más tiempo.
Créase o no, en Comodoro Py las fiscalías federales no tienen wifi y se suspenden audiencias en el juicio de los cuadernos porque aún se cae Internet.
La segunda paradoja es que el gran acelerador que es la IA podría, en la Justicia argentina, volverse un freno potente y sistemático para las causas de corrupción basadas en prueba digital.
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