
El mensaje fue simple y claro: la Justicia no puede solucionar los problemas que la política no quiere resolver. Lo habría recibido Karina Milei en persona hace un tiempo atrás. Su autor, el juez Ariel Lijo que atiende el escándalo Adorni. Dicen que el promotor de este contacto habría sido Lule Menem, copiloto de la escudería de la secretaria general de la Presidencia.
Lijo no se rinde. Quedó frustrado en su intento de llegar a la Corte Suprema de la Nación pero mantiene viva su ambición de ser el Procurador General. No solo eso: como ex presidente de la Asociación de Magistrados, Lijo conserva influencia en Comodoro Py aunque se cuida en hablar en nombre de todos los jueces.
Acompañó al ministro Mahiques a participar en París de un foro mundial sobre lavado de activos. Tuvo tiempo para conversaciones interesantes y para concertar reuniones con periodistas a las que luego no asistió, sin aviso.
En ese marco, con una tensión política creciente, Manuel Adorni finalmente tuvo que presentar su renuncia, luego de resistir y de ser bancado personalmente por el Presidente. Hubo un esfuerzo enorme del oficialismo por tratar de convertir este despido liso y llano en un retiro por motivos particulares, del que participó hasta su reemplazante como jefe de gabinete, Diego Santilli.
En la asunción como ministro coordinador, Santilli ya estaba resignado a que esa “normalidad” fingida por el gobierno lo atrapara. No fue una emboscada la que le tendieron sino un abrazo del oso, al que tan bien describía Perón.
En la ceremonia, Milei invitó a Adorni a unirse al abrazo con Santilli para sellar la lealtad del recién llegado y su lealtad con el despedido. Una puesta en escena.
La política, a los tirones, resolvió el problema que la Justicia no quería solucionar.
Se abrió una segunda parte en la política y en la Justicia. Comencemos por lo último.
Cuando los corazones comenzaban a palpitar por el partido de la Selección, el juez Martínez de Giorgi se la colgó en un ángulo a los querellantes del caso $LIBRA, que es el que realmente preocupa a los hermanos Milei. La resolución niega a los denunciantes su derecho a reclamar por una presunta estafa porque eran jugadores conscientes en un mercado altamente volátil. Quien reclamó que esto sea así fue Mauricio Novelli, un trader de criptomonedas y lobista con acceso amplio a Javier Milei y a Adorni. Dos cuestiones más: el pliego de Ana Juan, esposa del juez del caso $LIBRA, aspirante a jueza federal, ya está en el Senado, como también está el de Tomás Rodríguez Ponte, ex secretario de Lijo.

Como decía Cristina Kirchner – a quien la Corte le confirmó el decomiso de bienes por corrupción- todo tiene que ver con todo.
Los camaristas que recibirán la segura apelación de los apartados del caso $LIBRA -Bruglia, Bertuzzi y Llorens- están mirando de reojo lo que ocurre con su situación en la Cámara. Bruglia ya recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
¿Será la decisión de alzada la que espera el ministro Mahiques como gesto de buena fe de la Justicia para continuar enviando pliegos al Senado? La política está llena de maledicentes pero también hay hechos objetivos que ocurren en un contexto determinado y que dejan una estela inquietante.
Mahiques ha puesto empeño de despegarse de la marca pegajosa de Toviggino y Tapia, en las causas de la AFA, y también busca diferenciarse, como otros ex miembros del PRO, de su pasado político que lo catapultó al tope de la justicia porteña en tiempos que brillaban la estrella de Macri y de Horacio Rodríguez Larreta. Como Fiscal General de la Ciudad, Mahiques juró en el salón Dorado del Teatro Colón. Su reemplazante, Javier López Zavaleta, reclama un escenario similar.
Volvamos a la política, si es que política no es lo que acaba de ocurrir en la Justicia.
Santilli quiere encarnar la nueva etapa liberándose de la mochila de Adorni. Primero hizo un acto de fe al decir que trabajará para la reelección de Milei y, tácitamente, aceptó que su jefa política es Karina. Su pasado macrista fue un tránsito, como lo fue su proto peronismo. Tras cartón, reiteró su ambición de ser el gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Debe lograr, primero, voltear las PASO y diseñar un sistema de colectoras para conformar a aliados y gobernadores.
Quienes venían a reformar la política terminan como Gildo Insfrán, buscándole la vuelta para conservar el poder: los gobernadores como Frigerio, Cornejo, Zdero, aplauden porque necesitan combinaciones que les garantice el triunfo.
Es que la potencial caída de las PASO favorece a las minorías intensas, entre ellas el kirchnerismo, que tiene una cuota de poder todavía importante. Kicillof, en cambio, como otros sectores que quieren armar algo diferente, precisan de las primarias obligatorias para dirimir liderazgos.
Pero el parto que debe atender Santilli no es tan fácil en el Senado. Allí, primero, tendrá que ponerse de acuerdo con Patricia Bullrich, una política curtida cuyo principal mérito fue decirles a los Milei la verdad de lo que ocurría con Adorni, aunque esa verdad no quería ser escuchada en el poder.
Un posteo de la senadora en las redes sociales, en formato de meme, la muestra frente a un laberinto que tiene tres salidas: la Presidencia, la vice y la Jefatura del Gobierno de la Ciudad. Hay que descartar, salvo catástrofe, la primera alternativa y, quizá, la segunda, más por desconfianza de los Milei que por Bullrich. No irá contra un presidente que busca la reelección, se la escuchó decir a su entorno.
Queda, entonces, la Jefatura de Gobierno, a la que también han postulado a Santilli, como una forma de darle virtualmente al PRO una salida a su objetivo de conservar la Ciudad. Tendrían que definirlo también con Jorge Macri, que está lanzado a repetir, si le da el combustible para hacerlo.
Sin embargo, Bullrich puede estar sopesando seriamente la posibilidad de postularse como candidata a gobernadora de la provincia. Produciría un terremoto político dentro de la Libertad Avanza.
Para volver al comienzo, aquello de que la política resuelva antes que la Justicia, un baquiano del poder, aquellos que conocen sus entrañas, parafraseó a Carlos Reutemann en esos días. Refiriéndose al caso Adorni y sus salpicaduras dijo: “He visto algo que quizá yo no lo deba decir en público, quizá no lo voy a decir nunca”.
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