The Stack: el libro que explica el poder político de las plataformas

Un libro máquina, un sistema que puede contener la filosofía política y la ciencia ficción, la teoría de la arquitectura y los estudios de software. Para Benjamín Bratton, el universo virtual se ha convertido en una infraestructura, una nueva forma de gobernanza mundial: una configuración institucional planetaria que es necesario desentrañar. Una pieza monótona a interpretar de “ingeniosas soluciones anónimas y respuestas tácticas” asignadas por un usuario.

Benjamin Bratton. Archivo Clarín.Benjamin Bratton. Archivo Clarín.

The Stack es el libro donde el software se convierte en un lenguaje tecnológico sobre el que el autor británico va a construir una filosofía. Ese marco oficial, que podría leerse como una utopía o una distopía, es otra forma de realidad. También es una geometría que cumple con la fantasía de habitar varios tiempos y lugares a la vez.

El libro adquiere una dimensión híbrida que se desplaza entre disciplinas y formas de pensamiento, porque la imaginación es la herramienta para entender el mundo que se expande en una computadora o un teléfono.

El nombre The Stack hace alusión a la palabra pila y a una forma de estructurar el libro apilando capas ligadas a la tierra, la nube, la ciudad, la dirección, la interfaz, el usuario, como la construcción de una territorialización donde la materialidad y la virtualidad están ligadas al mismo sistema.

La división del mundo en espacios soberanos habla de una configuración del territorio donde la lógica gerencial de las plataformas constituye una política. Hay una cartografía donde lo real se une a lo simbólico como dos realidades paralelas. La calidad omnipresente que adquiere la pila de software la convierte, a la vez, en una idea y una cosa. Algo anterior al territorio que absorbe funciones de Estado, una soberanía de plataformas que instala una gobernanza maquínica.

Una arquitectura geopolítica

The Stack es una arquitectura geopolítica que obliga a replantear esta noción. Bratton elige definir su libro como un motor y, justamente, el gesto es el de empujar al lector a observar la realidad en otro orden: tenemos una máquina que se convierte en Estado y una geografía política que es producida por la máquina. Identificar los elementos causales y las consecuencias, entender qué es lo que está detrás del formato institucional, permite comprender este sistema.

Bratton recurre a la filosofía estructuralista como un código de traducción de su pila, que es claramente una estructura, además de una máquina o sistema. Esa máquina estatal que identificaba Louis Althusser o los modos de articulación del poder estatal que describía Michel Foucault pueden trasladarse al diseño y al comportamiento de las plataformas.

Surgen otros medios de percepción y vigilancia. Pero en esta gobernanza los sujetos pierden su dimensión de ciudadanos para convertirse en usuarios, como una forma de marcar la preeminencia de la economía sobre la política o, si vamos más a fondo, como una estrategia para destruir la noción de ciudadanía, de despotenciarla en función de la figura del usuario digital.

El Estado deberá pensarse, entonces, en relación con este sistema digital, donde lo que se pone en cuestión es la noción de lugar, que deviene en acontecimiento entre su concreción local y global. Hay un desplazamiento de la idea de soberanía, donde el mundo de las plataformas atraviesa tanto el territorio como la propiedad privada.

Si Giorgio Agamben tomaba la figura del lager para pensar un estado de excepción, Bratton considera que en la política de plataformas se instala una nueva normalidad donde también habita la noción de encierro.

El carácter físico de la abstracción es el nomos que, para el filósofo alemán Carl Schmitt, era la forma de partición de la tierra, la ocupación física que instalaba un orden. El tema es que esa división parece imperceptible en la esfera digital. Se trata de una crisis de direccionalidad.

La Nube es física

Para Bratton, la Nube no es virtual: es física. Entiende el sistema que describimos desde la virtualidad como materia. Para Schmitt, lo político funciona asentando y dividiendo un procedimiento que, para Bratton, se da en la Nube de forma simultánea e imperceptible.

Benjamin Bratton. Archivo Clarín.Benjamin Bratton. Archivo Clarín.

Slavoj Žižek afirma en su libro Órganos sin cuerpo que las computadoras tienden a convertirse en artefactos cada vez más invisibles, y Bratton parece ir en esta línea cuando señala que las computadoras por venir se parecerán a la biología misma. Podríamos aventurar que The Stack será, en poco tiempo, una parte de nuestro cuerpo.

La soberanía de plataformas surge de la automatización de la excepción, cuando el territorio de The Stack puede estar dentro o fuera de los límites legales y soberanos, donde su funcionamiento se explica desde la plasticidad.

Una realidad con inteligencias sintéticas que no nos necesiten, que realicen operaciones que ni los propios programadores puedan predecir ni entender, forma parte de esa política basada en todo lo que no se ve, que en su invisibilidad puede traspasar jurisdicciones, leyes y gobiernos. “La computación está entrenando a la gobernanza para que vea el mundo como ella, y para que sea ciega donde ella lo es”. Lo importante será preguntarse en qué se convertirá el Estado cuando asuma sus formas.

La web está signada por la ocupación de territorios. No es que el Estado sea una máquina, sino que la máquina se ha convertido en Estado, y el libro intenta reproducir su funcionamiento.

Combinación de plataformas

Las plataformas realizan agregaciones temporales y añaden valor a partir de una forma organizativa compleja que las acerca tanto al funcionamiento de un Estado como al de los mercados. De hecho, The Stack es una combinación de plataformas.

Una plataforma es, a la vez, un plan de acción, un escenario donde sucede una trama y un plan de gobierno en sus distintas acepciones. Existe entonces una apropiación de las máquinas de nociones que pueden desarrollarse en otros ámbitos políticos y que en las plataformas suceden de modo operativo, utilitario y pragmático, donde el usuario parece despojado de la síntesis que esa plataforma contiene como sistema de control.

Las plataformas preparan el escenario para una acción y se manejan entre la autocracia y la libertad de fines. Su valor de uso está marcado por las interacciones de los usuarios que, al mismo tiempo, están consumiendo esa información y la están generando. The Stack es también un funcionamiento humano que señala esa transformación del sujeto cuando necesita de las prótesis mecánicas para desarrollarse. El libro también es un texto introspectivo que realiza hacia el interior del lector el mismo gesto que se manifiesta en el armado de su escritura como sistema.

The Stack. Soberanía y software, de Benjamin Bratton (Adriana Hidalgo).

fuente: CLARIN

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adblock Detectado

Considere apoyarnos deshabilitando su bloqueador de anuncios