
En el país nocturno de lo onírico, se abren otros caminos, esquivos, indefinidos. El sonambulismo es una parasommia, un trastorno del sueño, en particular en su fase profunda. En el reino de los sonámbulos, la persona puede sentarse en la cama, ponerse en pie, caminar con los ojos abiertos o hablar en rondas de palabras ajenas al lenguaje consciente. Al despertar, priva el olvido, la confusión, la desorientación.

El sonámbulo experimenta la alteración del sueño, y una mitigación de sus beneficios: la restauración neurológica, el mejoramiento del sistema inmunológico, la baja del estrés. El sonambulismo obstruye esos bienes para el cuerpo y la psiquis. Y abre un mar de sensaciones, difícil de traer a la claridad de la explicación. En ese sentir se sumerge La parte del sonambulismo, de Nicolás Hochman, publicado por Fondo de Cultura Económica.
El narrador recorre su doble vida entre la normalidad de los días y las puertas abiertas a la rareza nocturna de quien practica el sonambulismo, aunque esto suene extraño.
Nicolás Hochman es escritor, editor, gestor cultural, fundador y director del festival de literatura latinoamericana Desmadres, el Congreso Gombrowicz, y la productora UnaBrecha; coordina un taller literario desde 2010, ha publicado novelas y el ensayo Incomodar con estilo. El exilio de Gombrowicz en Argentina (2018).

Ya desde la Antigüedad, el despertar inconsciente en la noche envolvió el fenómeno en el halo de lo misterioso y sobrenatural. Desde el siglo XIX, el Barón Karl Ludwig von Reichenbach, estudió el andar de los sonámbulos. También es interesante recordar que, en Macbeth, de William Shakespeare, lady Macbeth es sonámbula por la culpa que la acosa.
El autor consulta a neurólogos en pos de explicaciones que descifren su modo especial de habitar las noches. Acude también a Oliver Sacks, el famoso neurólogo británico. Pero en la Parte del sonambulismo, el narrador traduce en escritura sus vivencias a sabiendas de que esto no es una sublimación que regale una curación de su supuesto “mal”: por eso “con este texto, entonces, no busco dejar de ser sonámbulo. Porque sé que no tendría sentido y porque, si pudiera, ¿querría eso de verdad?”.

Y como las fuentes del historiador, el propio sonámbulo como fuente del origen o naturaleza de su particularidad tampoco es demasiado confiable. Por eso, en definitiva, más decisivo que las teorías o hipótesis sobre el sonambulismo, para el autor la condición sonámbula es una práctica, “como quien hace un deporte, o ensaya para una obra, o estudia para un examen”.
Una travesía en el regazo del sonambulismo, ejemplo de lo extraño que siempre escapa a las palabras que intentan comprender.
La web cultural de Esteban Ierardo: La mirada de Linceo: estebanierardo.com
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