Son los gatos naranjas los más traviesos, la genética tiene la respuesta

Los gatos naranjas arrastran una reputación particular ya que se los asocia como más inquietos, más demandantes de atención y, en muchos casos, más traviesos que otros.

Esa percepción no surge de la nada. El color del pelaje tiene una base genética concreta y, en el caso de los gatos naranjas, esa base está asociada a una característica clave y es que la gran mayoría son machos. Ese dato, lejos de ser anecdótico, ayuda a entender por qué este tipo de gato suele destacar por su comportamiento.

De todos modos, el color por sí solo no alcanza para explicar cómo es un gato. La personalidad se forma a partir de varios factores que se combinan con el tiempo y que van mucho más allá del tono del pelaje.

Desde la genética, el color naranja en los gatos está ligado a un gen ubicado en el cromosoma X. Ese gen es el que define la pigmentación del pelaje y explica por qué los felinos naranjas son, en su mayoría, machos.

En los machos, una sola copia del gen alcanza para que el color se exprese. En las hembras, en cambio, se necesitan dos, lo que vuelve menos frecuente la aparición de gatas completamente naranjas. Esa diferencia de base tiene impacto en cómo se distribuyen ciertos comportamientos.

¿Los gatos naranjas son los más traviesos? La genética ofrece la respuesta.¿Los gatos naranjas son los más traviesos? La genética ofrece la respuesta.

En términos generales, los gatos machos suelen mostrar más conductas exploratorias, mayor territorialidad y un nivel de actividad más alto, sobre todo cuando no están castrados. Al concentrarse ese perfil en los gatos naranjas, la percepción de que son más traviesos se refuerza.

Esto no significa que el color determine la personalidad, sino que la genética influye de manera indirecta en algunos rasgos que luego se hacen visibles en la convivencia diaria.

Qué comportamientos suelen asociarse a los gatos naranjas

Quienes conviven con gatos naranjas suelen describirlos como animales sociables, insistentes en el contacto y con dificultad para quedarse quietos durante mucho tiempo. No es una regla, pero sí un patrón que se repite con frecuencia.

Los especialistas aclaran que el comportamiento felino no responde a una sola causa. La genética aporta una base, pero el entorno, la socialización temprana y la rutina del hogar terminan de moldear la personalidad.

Un gato con mucha energía y pocos estímulos suele manifestar conductas inquietas, independientemente de su color. En ese contexto, los gatos naranjas no necesariamente “se portan peor”, sino que expresan más lo que les pasa.

El peso del entorno y la crianza en el comportamiento de un gato

Más allá del pelaje, el entorno en el que crece un gato cumple un rol decisivo. La estimulación durante los primeros meses de vida influye directamente en cómo se comportará en la adultez.

Los gatos que cuentan con juego, exploración y contacto humano suelen desarrollar conductas más equilibradas, sin importar su color. En cambio, la falta de estímulos puede potenciar comportamientos inquietos, sobre todo en animales jóvenes.

La rutina diaria también importa. Horarios, espacio disponible y nivel de interacción condicionan la forma en la que cada gato canaliza su energía. Por eso, los expertos insisten en que no existe un “color problemático”, sino combinaciones de factores que explican cómo se expresa cada animal.

fuente: CLARIN

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