
La caída de River Plate frente a Atlético Tucumán por 1-0, en el encuentro pendiente de la novena fecha del Torneo Apertura, dejó más que un resultado adverso en el estadio Monumental. El equipo dirigido por Eduardo Coudet no logró sostener una propuesta convincente, fue despedido con silbidos por sus hinchas y cerró la fase regular en el segundo puesto de la Zona B, a la espera de conocer su rival en los octavos de final.
El desarrollo del partido evidenció dificultades en la generación de juego y en la contundencia ofensiva. El único gol llegó a los 18 minutos del primer tiempo, cuando Renzo Tesuri capitalizó una acción iniciada por Franco Nicola y definió de primera para establecer la ventaja visitante. A partir de ese momento, River intentó asumir el protagonismo, pero alternó imprecisiones con decisiones apuradas en los metros finales.
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A pesar de algunas situaciones aisladas —como intentos de Agustín Ruberto o un remate elevado de Germán Pezzella—, el equipo local no encontró eficacia. En el complemento, con los ingresos de Juan Fernando Quintero y Maximiliano Salas, el conjunto de Núñez ganó presencia en campo rival, aunque volvió a chocar con la falta de definición y con la actuación del arquero Luis Ingolotti, determinante para sostener la ventaja. Incluso, un cabezazo de Salas que dio en el travesaño reflejó la falta de precisión en momentos clave.
El desenlace del encuentro acentuó el malestar en las tribunas. Tras el pitazo final del árbitro Yael Falcón Pérez, el público expresó su disconformidad con silbidos, en una reacción que acompañó el bajo nivel exhibido por el equipo en varios pasajes del juego.
En la conferencia posterior, Coudet realizó una evaluación crítica del rendimiento. “Fue el peor partido desde que estoy acá”, reconoció el entrenador, quien también señaló que el equipo no logró “transmitir buenas sensaciones”. Sus declaraciones sintetizaron el análisis de una noche en la que River no encontró respuestas futbolísticas ni anímicas.
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El resultado adquiere mayor dimensión si se considera el contexto del rival: Atlético Tucumán cortó una extensa racha sin triunfos como visitante, que se extendía por 22 partidos y más de un año sin victorias fuera de casa. Para River, en tanto, la derrota funciona como un llamado de atención antes del inicio de la etapa decisiva del torneo, donde deberá ajustar funcionamiento y recuperar solidez si pretende avanzar en la competencia.
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