
Branko Milanovicć, 72 años, nació en Belgrado y luego emigró a Estados Unidos. Se formó como economista en el departamento de Investigación del Banco Mundial. Actualmente es profesor de la Universidad de Nueva York, entre otras y autor de varios libros sobre el tema al que le dedica su vida: la desigualdad. Estuvo la semana pasada en Buenos Aires invitado por el CIAS (Centro de Investigación y Acción Social) y por el Consejo Económico y Social de la Ciudad. Trajo bajo el brazo su último libro La Gran Transformación Global, cuya traducción al español se espera en noviembre.
-¿Cuál es esa gran transformación?, le preguntó Clarín.
-La era de la globalización neoliberal, aproximadamente desde los años 80 o 90 hasta la primera elección de Donald Trump (2017-2021) ha terminado. Esto no significa necesariamente que el sistema haya fracasado, sino que el período de alta globalización ha concluido.
-¿Tuvo que ver la pandemia o el fenómeno chino?
-Geopolíticamente, China se volvió lo suficientemente grande y poderosa como para rivalizar con Estados Unidos. A nivel interno, las exportaciones chinas redujeron el empleo y debilitaron a sectores de la clase media occidental.
-Y ¿qué pasó entonces?
-La distribución del ingreso mejoró a nivel global, pero no ocurrió lo mismo puertas adentro de las economías occidentales. Estos efectos generaron descontento político en Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y otros países. Los gobiernos occidentales podrían haber respondido redistribuyendo la renta de los ciudadanos más ricos a los perjudicados por la globalización, pero optaron por restringir o reformar la globalización misma.

– Se refiere a que tanto Trump como Biden han seguido políticas destinadas a contener a China…
-Estuvieron motivados por una combinación de temores geopolíticos y descontento interno. El ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 marcó un punto de inflexión, tras el cual su creciente poder se hizo cada vez más evidente. China superó las expectativas al pasar de la manufactura de bajo valor a los vehículos eléctricos, la tecnología solar, la informática, la tecnología espacial y otras industrias avanzadas. Su desarrollo se benefició de la inversión extranjera directa. Utilizó el acceso a su amplio mercado interno para exigir a las empresas extranjeras que compartieran tecnología, un enfoque generalmente inaccesible para países con mercados pequeños. Su progreso también fue posible gracias al desmantelamiento de las restricciones, el aumento de la productividad agrícola, la migración masiva de las zonas rurales a las ciudades y las estrategias gubernamentales. La tolerancia de Estados Unidos, primero por razones geopolíticas y luego por razones comerciales, fue una condición esencial para el ascenso de China.
-Usted ha sostenido que la crisis financiera global de 2008 fue un punto de inflexión…
-La crisis y la reacción política representó un punto de inflexión económico y psicológico crucial. Puso de manifiesto la inestabilidad generada por la libre circulación de capitales, un rasgo fundamental de la globalización neoliberal, y provocó graves pérdidas de ingresos y empleo en muchos países. En Estados Unidos, los gobiernos rescataron bancos mientras muchos ciudadanos perdían sus hogares y empleos, intensificando el resentimiento. Las generaciones más jóvenes se volvieron más escépticas respecto a la globalización y las instituciones políticas. Las clases medias no crecieron tanto como se esperaba y la posición que tenían a nivel mundial ha disminuido.
–También ha sostenido en sus trabajos que las élites se han alejado del sentir ciudadano..
-Las élites globalizadas, aproximadamente el 10% más rico, se beneficiaron de las oportunidades de inversión y empleo internacionales. Su capacidad para vivir y trabajar cómodamente en cualquier lugar contribuyó a su distanciamiento de los ciudadanos menos exitosos. Además, tienden a creer que su riqueza es totalmente merecida gracias a su educación y esfuerzo, lo que les llevó a interpretar la pobreza o el fracaso como prueba de pereza o falta de capacidad. Esta actitud contribuyó al rechazo popular a las élites políticas y alimentó el apoyo a figuras ajenas al sistema, como Trump.
-¿Cómo observa la desigualdad en América Latina?
-Sigue presentando una gran desigualdad a pesar de las mejoras en algunos países. La desigualdad en Brasil es mayor que en Argentina, mientras que Uruguay es más igualitario. Pero incluso el país latinoamericano con menor desigualdad es más desigual que el país europeo con mayor desigualdad.

-¿Qué pasa en el mundo?
– La desigualdad global disminuyó en las últimas dos décadas principalmente gracias al rápido crecimiento de China e India, que sacaron de la pobreza a cientos de millones de personas. Sin embargo, China es ahora lo suficientemente rica como para ampliar la brecha con los países más pobres, sobre todo en África y algunas partes de Asia. África es decisiva porque es el único continente cuya población sigue creciendo sustancialmente, mientras que sus ingresos se mantienen muy por debajo de los niveles mundiales.
-¿Cuáles son los instrumentos para reducir la desigualdad?
-Son bien conocidos: mejor educación, capacitación, subsidios por desempleo, pensiones, transferencias sociales y mayores impuestos sobre las rentas muy altas. El principal obstáculo es la viabilidad política, no el conocimiento técnico. En teoría, las políticas pueden reducir la desigualdad rápidamente, pero pueden resultar imposibles de implementar políticamente.
-En Argentina el Gobierno habla de efecto derrame de actividades que crecen sobre las que caen…
-La creencia de que la riqueza se filtrará automáticamente de los más ricos al resto es una ilusión interesada. Permite argumentar en contra de los impuestos y la redistribución con el pretexto de que su mayor riqueza, a la larga, creará empleos y prosperidad para todos. Insisto es una ilusión.
-¿Cómo observa a las nuevas elites tecnológicas?
-Poseen una enorme riqueza e influencia política a través de empresas y plataformas. Su posición ideológica no está clara. La inteligencia artificial podría continuar el proceso histórico de sustitución de mano de obra por máquinas o representar algo fundamentalmente nuevo. En un escenario pesimista, la IA podría eliminar muchos empleos, aumentar el poder del capital y dejar a una gran población excedente sin un trabajo significativo. La renta básica universal podría prevenir el hambre, pero no proporcionaría un propósito: la exclusión prolongada del trabajo podría generar inestabilidad social, psicológica y política. Una posibilidad más optimista es que la IA, al igual que internet, elimine algunos empleos a la vez que cree otros que actualmente son inimaginables. Los efectos finales siguen siendo inciertos. Es difícil imaginar una amplia clase media en convivencia con la IA.
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