
Fletcher, de 32 años, reside en Fredericton, Nuevo Brunswick, Canadá, donde cría a su único hijo, el pequeño Hunter.
Debido a que este fue diagnosticado con autismo no verbal, ambos se comunicaban mediante un dispositivo electrónico.
Sin embargo, en una oportunidad, ese aparato falló y, ante la urgencia, a Fletcher se le ocurrió una idea tan simple como efectiva.
Tras compartirla en redes sociales, tuvo una repercusión impresionante, al punto de que otros padres de niños autistas la copiaron y de que una empresa le propuso un negocio.
El incidente que motivó la idea del tatuaje
Hunter, hijo único de Fletcher y alumno de una escuela pública, fue diagnosticado con autismo no verbal a los 3 años.

Empezó a usar un dispositivo de comunicación aumentativa y alternativa (CAA) en primer grado, aunque al principio se mostraba reacio, tal como contó su madre a People.
“Antes de eso, teníamos nuestra propia forma de comunicarnos. Usaba un poco de lenguaje de señas. Inventaba sus propios signos y gestos. Así que, en casa, no quería usarlo porque pensaba: ‘Mamá ya sabe lo que quiero’. Por eso tuve que enseñarle y usarlo yo mismo durante uno o dos años antes de que empezara a utilizarlo de forma independiente”, detalló.
Sin embargo, en mayo pasado, la dependencia de Fletcher y Hunter del dispositivo CAA se puso a prueba, cuando este dejó de funcionar inesperadamente mientras ambos estaban en un restaurante.
“No me decía qué quería comer. Así que le pedí a la camarera una lapicera y papel, y escribí el abecedario. Se frustró y se enfadó mucho. No supe qué le pasaba hasta que me quitó el bolígrafo, le dio la vuelta al papel y empezó a escribir el teclado. Le ayudé a terminarlo, y entonces lo usó para escribir con el dedo lo que quería comer”, recordó Fletcher.
Tras este incidente, a la madre se le ocurrió la idea de tatuarse en el brazo la imagen de un teclado de computadora, con el objetivo de que Hunter pueda usar el dedo para indicar lo que quiere decir.
Días después, efectivamente, Fletcher se tatuó un teclado en el brazo. Ella misma explicó la reacción del niño al verlo:
“Hunter usó el tatuaje esa noche al llegar a casa de la escuela. En cuanto lo vio, escribió ‘mamá’ en mi brazo. Y luego, más tarde, creo que se dio cuenta de que era permanente, como mis otros tatuajes. Y entonces no paraba de escribirme ‘Te quiero, mamá’, lo cual fue increíble”.

Jessica también contó que la idea salvó a su hijo de potenciales problemas emocionales y de salud.
“Tener el tatuaje fue tremendamente útil cuando el dispositivo se averió. AppleCare tardó 8 días en reemplazarlo. “Si no hubiera tenido mi tatuaje, Hunter habría estado 8 días sin poder hablar, y eso podría haber afectado mucho a sus emociones y a su salud mental. Podría haberle provocado una regresión, así que estoy muy agradecida de haber tenido el tatuaje cuando sucedió”, explicó.
Actualmente, Hunter, cuyas actividades favoritas incluyen nadar y jugar a las canicas, usa su dispositivo de comunicación aumentativa y alternativa (CAA) y el teclado tatuado de su madre casi por igual, según Fletcher.
Se sabe de memoria la distribución del teclado, y su mamá suele adivinar lo que quiere escribir. “Después de las dos primeras letras, normalmente sé lo que va a decir. Pero lo que es realmente genial es que, si está al otro lado, puede escribir boca abajo”, dijo a la revista estadounidense.
“Este tatuaje es un recordatorio importante de que limitar a las personas no verbales a un solo medio de comunicación genera barreras de comunicación. Como aprendimos con el dispositivo de CAA, no es resistente al agua. ¿Qué pasa si hay un corte de luz?”, agregó.
Imitación de otros padres y prendas de vestir: la inesperada repercusión del tatuaje
Fletcher publicó en Facebook un video de Hunter usando el tatuaje del teclado, y este tuvo una repercusión impresionante, con millones de visualizaciones y de “me gusta”. La reacción fue mayoritariamente positiva, según comentó.
“He recibido entre 12 y 15 fotos de padres que se han hecho el mismo tatuaje, y tatuadores de todo el mundo se ofrecen a hacerlo gratis”, comentó.
Sin embargo, reconoció que tuvo algunos comentarios negativos, tales como “Deja de ser tan vaga y enséñale el lenguaje de señas”.
No obstante, para Jessica, este tipo de opiniones están vinculadas a un desconocimiento del trastorno. “Mucha gente no se da cuenta de que las personas con autismo tienen dificultades con las habilidades motoras, lo que dificulta la escritura a mano y hace que el lenguaje de señas sea muy difícil”, sostuvo.
Otros usuarios, en tanto, le sugirieron que diseñara prendas con un teclado estampado en la manga. Finalmente, Fletcher llevó esta idea a la realidad, asociándose con Maritimer Clothing, empresa que produce camisas de manga larga y sudaderas con capucha con diseños de teclados.
“Un amigo de la infancia me contactó y me dijo: ‘Mira, soy dueño de esta empresa de ropa. Necesitamos colaborar. Ni siquiera quiero ganancias. Solo quiero ayudarte. Quiero ayudar al mundo. Quiero marcar la diferencia’. Es así que yo obtengo una pequeña ganancia y el dinero que la empresa gana lo dona a organizaciones que ayudan a personas con discapacidad”, explicó Jessica respecto del negocio.
La madre contó que, desde entonces, personas no vinculadas con el autismo también se contactan con ella para pedirle las prendas.
“Tengo enfermeras que trabajan con pacientes con accidentes cerebrovasculares que las quieren, médicos, socorristas, profesores de apoyo las están comprando para todos los que trabajan bajo su supervisión, y esto ha dado lugar a todo un movimiento casi de la nada, y es una locura”, afirmó ante People.
A partir de toda esta experiencia, Fletcher desea que la gente sepa que no hablar no significa no pensar.
“Las personas que no hablan tienen pensamientos e ideas muy complejos y sentimientos profundos, (…) son capaces de comprenderlo todo. Simplemente no siempre tienen los medios para expresarlo… Por eso es tan bueno exponer a los niños a tantas formas de comunicación como sea posible, ya que eso les da la capacidad de brillar y la oportunidad de mostrarle al mundo quiénes son”, concluyó.
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