San Martín: máximas de un padre viudo

Esto suena a confesión, y lo es. El General José de San Martín fue, para mí, un amor a primera vista. Cuando, a los dos días de bajar del barco italiano que nos traía a la Argentina, mi tía Irina me quiso mostrar las bellezas de Buenos Aires, me llevó a una Plaza llena de frondosos árboles centenarios, en cuyo centro se erguía el monumento ecuestre de un hombre que con su brazo derecho extendido, indicaba un camino.

“Fijate – me dijo- este es el Libertador General San Martín, el mayor prócer de este país. Lo llaman El padre de la Patria”. ¿De qué me hablaba? Para mí, lo que pisaba era una “terra incognita”, sin idioma conocido y sin pasado. Pero mi tía, siguió: “Por él, tu cumpleaños es un día feriado aquí, no hay escuela, no se trabaja”.

Al oír eso, algo por fin me sorprendía favorablemente. Miré el monumento de bronce con otros ojos. Me gustó todo. Ese sombrero bicornio, el hombre que parecía altivo y seguro, señalando una dirección importante, quizás el futuro, su caballo, todo lo esculpido por el francés Louis- Joseph Daumas. Y luego, cuando vi su paradigmático retrato con la bandera, en el colegio al cual me hicieron ingresar unos días más tarde, sentí que ya lo amaba.

Así comenzó mi “romance” con San Martín, sin saber nada de Historia Argentina. Pero fue el puntapié que me llevara luego a averiguar quién realmente había sido, qué epopeyas definían su accionar.

En el colegio Mallinckrodt se encargaron de enseñarme todo aquello que yo ignoraba. Me maravilló su valentía, imaginarme los Andes, y ese cruce estando él tan enfermo, en una camilla.¡Qué gesta era liberar tres países! Me interesó su vida personal ( una esposa que murió a la edad de 25 años, dejando viudo a un hombre 20 años mayor y a una hija, Mercedes, de apenas 7 años.

Me subyugó su terrible biografía, su decisión de exiliarse a Europa tras la pérdida de su joven mujer y de supervisar la educación de Merceditas en el extranjero. Me unía a él hasta cierta identificación de destinos, el desarraigo , ese destierro en lugares como Londres, Bruselas y luego Francia.

La niña -huérfana de madre- estuvo largos años en un internado de Londres, de Bruselas y él estaba muy preocupado porque al hablar inglés y francés, se estaba olvidando del castellano natal. Por eso la quiso tener con él cuando pudo. Mucho después, cuando ella ya estaba casada con Mariano Balcarce ( se había unido en matrimonio a los 16 años) y ya con dos hijas, los llevó a todos a vivir con él en Boulogne- sur- Mer.

Creo que todos los avatares que marcaron la vida de San Martín definieron también una línea de conducta en el hombre y en el militar. Vistos en perspectiva, sus ideales, sus lealtades, su pasión por la verdad podrían ser hoy un ejemplo imborrable para nuestra sociedad que –como otras en el mundo, lamentablemente- está confundida, perdida, violenta y cada vez más iletrada.

Me impresiona la trascendencia que San Martín siempre dio a la Educación y a la Cultura. El mismo era un gran lector , sabía latín y hablaba francés e inglés a la perfección.

En una carta a Guido, le cuenta lo contento que estaba porque su hija hacía grandes progresos en dibujo y música: “Usted me dirá que un padre es un juez muy parcial para dar su opinión, sin embargo mis observaciones son hechas con todo el desprendimiento de un extraño, porque conozco que de un juicio equivocado pende el mal éxito de su educación”.

Dos años después de la muerte de su esposa, en 1925, viviendo San Martín en Bruselas escribe 12 máximas para su hija Mercedes. Ese legado resulta sumamente significativo porque su destinataria era una niña de 9 años y porque, como Uds. se pueden dar cuenta, mantiene una vigencia sorprendente.

Esas máximas pintan, en primer término los propios ideales de San Martín en cuanto a su amor por la libertad , la verdad , la ética y la Patria; sus acentuadas preocupaciones sociales por los más desposeídos y su respeto por la naturaleza y sus seres vivos.

San Martín quiere transmitirle a su hija, sus valores, valores que el mundo actual se fueron extraviando. Voy a compartir textualmente esas 12 significativas Máximas:

1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. 2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira. 3. Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto. 4. Estimular en Mercedes la caridad por los pobres.5. Respeto sobre la propiedad ajena. 6. Acostumbrarla a guardar un secreto. 7. Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones. 8. Dulzura con los criados, pobres y viejos. 9. Que hable poco y lo preciso. 10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa. 11. Amor al aseo y desprecio al lujo. 12. Inspirarle amor por la Patria y por la libertad.

Para escribir esta nota, miré los distintos retratos que algunos pintores de su tiempo le hicieron a San Martín . El más icónico, el que está en casi todas partes, es el que vi por primera vez en el colegio y que se presume fue pintado por la profesora de Dibujo de Merceditas, sin descartar alguna pincelada de la propia alumna.

Es un San Martín con su uniforme de granadero, sosteniendo la bandera, un general decidido, triunfante, seguramente idealizado para eternizar así una imagen gloriosa.

Yo prefiero el hombre viejo, nacido en la provincia de Corrientes, enfermo de reuma, de úlcera, con cataratas en los ojos, el San Martín setentón y vulnerable, lejos de su tierra, rodeado por su hija, su yerno y sus dos nietas; el exiliado con su mente llena de recuerdos, las alianzas, las traiciones, alegrías y congojas, con su epopeya grabada en la memoria como si fuese un largo sueño.

El que, lúcido y sereno, entregó su alma a los Dioses, el 17 de Agosto de 1850.

fuente: CLARIN

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