
¿A qué edad hay que darles un celular a los chicos? ¿Hay que prohibirlos en las escuelas? Para Rosana Barroso, abogada, especialista en Educación y presidenta de Fundación LEA, ambas discusiones son necesarias, pero insuficientes.
Niños, niñas y adolescentes ya viven buena parte de sus vínculos y experiencias en territorios digitales. Allí aparecen el grooming, el ciberbullying, las apuestas online, la circulación de imágenes íntimas, los discursos violentos o la Inteligencia Artificial. Pero también la posibilidad de aprender, participar y comunicarse.
Y allí aparecen el grooming, el ciberbullying, las apuestas online, la circulación de imágenes íntimas, los discursos violentos, las estafas o los contenidos creados con Inteligencia Artificial. Pero también la posibilidad de aprender, participar, comunicarse y ejercer derechos.
Barroso estuvo en Córdoba porque la Legislatura otorgó un reconocimiento a Fundación LEA, organización que en septiembre realizará en la provincia el II Congreso Internacional de Ciudadanía Digital. En ese marco dialogó con La Voz.
—Se habla mucho de retrasar la entrega del celular o prohibirlo en las escuelas. ¿Pero qué significa realmente educar a un chico en ciudadanía digital?
—Una cosa son las habilidades digitales: poder usar un dispositivo, una aplicación, buscar información o verificar fuentes. Cuando hablamos de ciudadanía digital hablamos de mucho más. Son todos los derechos y deberes que tenemos como personas trasladados al mundo digital. Y, sobre todo, hablamos de reglas de convivencia.
—Entonces, ¿no alcanza con enseñarles a manejar bien la tecnología?
—No. Tiene que haber acuerdos de convivencia digital y esos acuerdos se van formando. Y no son solamente los niños, niñas y adolescentes quienes tienen que formarse. El mundo adulto tiene una responsabilidad muy importante.
—¿La prohibición del celular puede ser una herramienta?
—La prohibición nos da a los adultos una falsa sensación de seguridad. Los chicos encuentran estrategias para sortear los bloqueos. Lo que tenemos que construir es un aprendizaje y una cultura diferentes.
—¿Eso significa no poner límites?
—No. Significa que no alcanza solamente con eso. Nosotros decimos que este es un problema comunitario y que se sale en comunidad. Tenemos que trabajar con las familias, las escuelas, los docentes, las empresas, el Estado y sus agentes, y con los propios niños, niñas y adolescentes. Si no construimos ese entramado comunitario y abordamos los distintos frentes con estrategias específicas, no vamos a lograr un cambio significativo.
“Tu cuerpo es tuyo” también en internet
—¿Qué debería aprender concretamente un chico si recibiera buena educación digital?
—Hay cosas básicas: el respeto por la otra persona, entender que si algo le hace daño al otro no es divertido, aprender los límites. Hablar de intimidad, de consentimiento, del cuidado de la huella digital.
Barroso recordó una conversación con su sobrina cuando tenía apenas tres años. La niña acababa de tener una clase de ESI y le contó qué había aprendido: “Nadie me puede sacar una foto sin mi permiso”.
—Eso es un montón. Porque aprender que tu cuerpo es tuyo también se traslada a lo digital. Si un chico sabe que nadie puede fotografiarlo sin su consentimiento, también tiene una herramienta para reconocer que algo está mal y pedir ayuda. Muchos contenidos que trabajamos en ESI tienen que trasladarse al mundo digital.
—¿Y qué lugar ocupan los padres?
—Los adultos modelizamos con el ejemplo. Si mi hijo viene a contarme un problema y yo le digo “esperá que contesto estos cinco mensajes”, tal vez perdimos la única oportunidad que teníamos para acercarnos.
Por eso propone pequeños cambios, a los que llama “microcompromisos”: no llevar el teléfono a la mesa o guardarlo mientras se conversa con otra persona.
—Nosotros hablamos de microcompromisos. Pequeños cambios que les muestran a nuestros niños, niñas y adolescentes que son prioridad. Porque no puedo decirle a mi hijo “no estés todo el día con el celular” si él me ve todo el día con el mío.
Grooming y violencias: “Nadie se cuida de lo que no conoce”
—Grooming, difusión de imágenes íntimas, discursos de odio, ciberbullying, apuestas. ¿Los adultos estamos llegando tarde?
—Ya sucedieron un montón de cosas, pero la única vacuna que tenemos es la prevención. Una profesora de nuestro equipo siempre dice algo que para mí es fundamental: “Nadie se cuida de lo que no conoce”.
Para Barroso, informar no implica asustar sino dar herramientas para reconocer situaciones de riesgo y saber qué hacer.
La especialista sostiene que también deben discutirse las responsabilidades de las plataformas y considera valiosas las iniciativas legislativas que buscan establecer límites sobre los algoritmos y los contenidos que llegan a niños y adolescentes.
—Hay gente que se sorprende cuando conoce todos los tipos de violencia digital que existen. Por eso necesitamos prevención y acompañamiento desde el Estado, la escuela y la familia.
—¿Qué debería hacer el Estado?
—Necesitamos legislación que permita prevenir y acompañar las violencias digitales y también poner responsabilidades donde corresponden. No podemos pensar que todo depende de lo que hagan las familias dentro de sus casas.
Barroso mencionó como ejemplo las iniciativas vinculadas con la denominada Ley Ema, pensada para establecer herramientas de prevención y abordaje de las violencias digitales en la ciudadanía.
Para Barroso, una ley de este tipo en cada provincia sería un primer paso, pero no el último.
—Después tenemos que trabajar fuertemente en políticas públicas. Necesitamos que esto deje de depender de iniciativas aisladas o de la voluntad de una escuela, una familia o una organización. Tiene que haber una decisión del Estado de formar, prevenir y acompañar.
En ese sentido, plantea que la educación digital debería incorporarse también a la enseñanza de la ESI.
Los abuelos también pueden ser parte de la prevención
Fundación LEA incorporó otro actor a esta conversación: las personas mayores. No sólo para enseñarles a protegerse de estafas virtuales, sino para pensarlas como “agentes de prevención”.
—Quizás un abuelo no aprenda a bloquear una aplicación, pero puede darse cuenta de que su nieto bajó de peso, dejó de comer, está triste o sus amigos ya no vienen a buscarlo.
Para Barroso, esa red vuelve a mostrar que la ciudadanía digital no puede reducirse al manejo de herramientas tecnológicas: también implica aprender a convivir, reconocer una situación de violencia y saber a quién recurrir.
—Quizás un abuelo no aprenda a bloquear una aplicación, pero puede darse cuenta de que su nieto bajó de peso, dejó de comer, está triste o sus amigos ya no vienen a buscarlo.
Un Congreso Internacional de Ciudadanía Digital en Córdoba
Los días 10, 11 y 12 de septiembre, Córdoba será sede del II Congreso Internacional de Ciudadanía Digital, organizado como un espacio de encuentro entre organismos públicos, universidades, organizaciones sociales y especialistas. El objetivo es debatir los riesgos y oportunidades del entorno digital y construir estrategias de prevención, acompañamiento y políticas públicas.
La agenda refleja precisamente la amplitud que Barroso reclama para el debate: grooming, ciberbullying y discursos violentos, brecha digital, crianza, Inteligencia Artificial, violencia digital, apuestas online y ludopatía, personas mayores y legislación, entre otros temas.
Entre los panelistas anunciados se encuentran la psicóloga Débora Blanca, especialista en ludopatía y apuestas online; el fiscal Daniel Ichazo, especializado en ciberdelitos contra las infancias; el tecnólogo Rodrigo Álvarez; la comunicadora y gerontóloga Sol Rodríguez Maiztegui; la secretaria de la Mujer de Córdoba, Claudia Martínez; el psicólogo Agustín Dellepiane y Laura Sánchez, mamá de Ema Bondaruk e impulsora de iniciativas contra la violencia digital.
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