
Desde un local gastronómico de la ciudad, un emprendedor filma su movimiento de manos mientras realiza el repulgue de empanadas, para “alimentar” la inteligencia artificial de robots desarrollados por una empresa canadiense, en un proyecto que ya se replica en distintas partes del mundo.
En la cocina El Bate, en la esquina de Avenida Mitre y Corrientes, Martín Panza trabaja como siempre: abre frascos, corta fiambre, pesa ingredientes y prepara empanadas. La diferencia es que recientemente incorporó una vincha que sostiene un teléfono y que apunta a sus manos. El sistema registra el movimiento cuando hace el repulgue de las empanadas que vende. Y el material grabado “alimenta” la inteligencia artificial que se usa para entrenar robots en Canadá.
Panza explicó que el trabajo requiere un mínimo de cuatro horas diarias de grabación, distribuidas en períodos breves de al menos diez minutos. “Lo que grabo se almacena en el teléfono y, por la noche, lo subo a una plataforma programada en el mismo celular. La agencia selecciona los videos que son útiles y luego los envía a la firma canadiense”, detalló y agregó que las grabaciones elegidas se introducen en la IA del robot, que aprende así los diferentes movimientos.
Además del repulgue de empanadas, también se pueden registrar otros movimientos cotidianos de las manos, como abrir frascos, cortar fiambre o pesar artículos en una balanza. La propuesta no se limita al sector gastronómico, sino que cualquier persona que realice actividades manuales, como mecánicos, herreros o carpinteros, puede sumarse.
El emprendedor señaló que el servicio es pago y accesible para cualquier persona. Destacó que se trata de una actividad segura, ya que solo se graban las manos. “Es filmar algo que hacemos cotidianamente, y sirve para colaborar en el avance de un proceso tecnológico que después puede ayudarnos”, dijo.
El proyecto, que cuenta con sedes en Toronto, Bali, Vietnam, Kenia y Filipinas, llegó recientemente a la Argentina, y la ciudad de la Calle Angosta fue uno de los primeros lugares en donde comenzó a funcionar.
Es propietario del almacén de comidas El Bate.
Los representantes vinculados a la empresa canadiense son de Villa Mercedes y buscan expandirse a Buenos Aires y Córdoba, según contó Panza. Además, reveló que por ejemplo en Indonesia, ya cuentan con miles de horas de grabación con esta metodología.
Las filmaciones son infinitas, debido a que se necesita mucha información para entrenar a los robots. El emprendedor dijo que “lograr que una máquina haga lo que hace un ser humano es imposible”, pero que a través de los videos se puede acercar.
“Tenés que tratar de tener un mínimo de cuatro horas por día en periodos breves de media hora y no menos de diez minutos. Eso se almacena en el teléfono y después por la noche lo suben ellos mismos, lo capturan y acoplan toda la información diaria. Se libera el almacenamiento y ellos deciden qué video les sirve o no”, explicó el comerciante a El Chorrillero.
Según describió, el objetivo se concentra en acciones manuales concretas, como repulgar empanadas, manipular utensilios, abrir frascos, cortar fiambre.
Contó que aceptó la propuesta ya que recibirá una compensación económica: “Es un pago justo, no es ni módico, ni tampoco te vas a salvar. En esta época de crisis todo suma y no tiene ningún requisito más que tengas esto en la cabeza”.
“No me asusta que, en un momento, ni siquiera muy en el futuro, lo gastronómico sea reemplazado, porque lo artesanal tiene cosas que una máquina no va a copiar, como el olfato. Para procesos industriales va a ser muy útil, ojalá que con los repulgues no avancen demasiado”, bromeó.
“Creo que este es el comienzo de los nuevos trabajos que van a existir, donde la tecnología se aplica en función de más tecnología”, consideró al final.
Graba su trabajo y luego lo envía a una empresa que entrena una inteligencia artificial.
Tuvo en cuenta que se puede unir al proyecto cualquier persona que pertenezca a otros rubros que realicen movimientos manuales repetitivos.
“No me asusta que en un momento, ni siquiera muy en el futuro, lo gastronómico sea reemplazado, porque lo artesanal tiene cosas que una máquina no va a copiar, como el olfato. Para procesos industriales va a ser muy útil, ojalá que con los repulgues no avancen demasiado”, bromeó.
Producción y fotos: Sonia Schoenaker y Nahuel Sanchez
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