
El ciclo de Eduardo Coudet sufrió un golpe devastador en los 16avos de final de la Copa Argentina. En el estadio Padre Ernesto Martearena, River Plate cayó por 3-1 frente a Aldosivi, un resultado que no solo lo margina de la competición, sino que desató un clima de hostilidad inédito en lo que va del año.
A medida que el marcador se volvía irreversible, el apoyo inicial de los miles de aficionados que viajaron al norte argentino se transformó en un reclamo feroz. El primer síntoma del quiebre fue el estruendoso cántico de “Jugadores…”, seguido de una silbatina generalizada que bajó desde las cuatro tribunas del estadio salteño.
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La disconformidad con el rendimiento y la actitud del equipo fue escalando con el correr de los minutos. Promediando el segundo tiempo, la popular entonó el clásico “Movete, River, movete”, una clara señal del malestar por la pasividad mostrada en el campo. Sin embargo, el momento de mayor tensión llegó sobre el cierre, cuando el estadio entero exigió a los futbolistas “poner más huevo y corazón”, marcando una ruptura definitiva entre la gente y el plantel.
Tras el pitazo final, los jugadores se retiraron rápidamente hacia los vestuarios bajo una lluvia de reproches y silbidos. Esta derrota frente al “Tiburón” no solo representa un fracaso deportivo, sino que profundiza la crisis futbolística del equipo y enciende las alarmas de cara al futuro inmediato del semestre.
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