
El rey Charles y la reina Camila habían iniciado sus vacaciones familiares escocesas en el palacio de Balmoral y estaban recibiendo a William y Kate, los príncipes de Gales y futuros herederos, cuando llegó la llamada de Harry, el duque de Sussex. Era domingo y les avisaba, antes de que saliera en los diarios, que regresaban a vivir a Gran Bretaña.
Un encuentro relajado se convirtió en una reunión de crisis, con un príncipe William histérico y furioso por las repercusiones que tendría la llegada de los Sussex sobre una monarquía que él está moldeando, con el soberano enfermo de cáncer. La “cumbre Sussex” en marcha, imaginando conspiraciones, maquinaciones y objetivos. Nadie tenía nada más que interrogantes.
Sin la menor explicación por su decisión, el rey y los príncipes de Gales comenzaron a especular sobre las razones y veían todas como amenazantes. El miedo a una corte paralela, organizada por Harry y Meghan, era una de sus principales preocupaciones. El vínculo con los tabloides, la seguridad y, especialmente, el gran interrogante: ¿a qué venían?

William no quiere reconciliarse con su hermano y menos aún Kate. Buscan centrarse en ayudar a que el príncipe George tenga un buen comienzo en Eton en septiembre, en lugar de ocuparse de las inquietantes noticias de que su tío y sus primos —con quienes no tiene contacto— podrían querer iniciar un diálogo.
Los límites para Harry
Se llamó al secretario real saliente, Sir Clive Alderton, alias “La avispa”, quien debió operar con los medios ante esta bomba mediática. El mensaje fue terminante: “El rey ha dejado claro que William, su heredero, es su prioridad profesional“. Aunque para el monarca sería “agradable ver más a su hijo menor y a sus dos nietos, la labor de la institución no cambiará“.
¿Lo invitarán a Sandringham para Navidad? ¿Caminará hacia la iglesia con William, Kate y el rey? ¿Qué harán con las carreras de Ascot? ¿Y las reuniones familiares o vacaciones en Balmoral? Nadie tiene una respuesta.

No habrá funciones oficiales para Harry. Ni tampoco —como dejó claro la reina Isabel— una situación de “medio dentro, medio fuera” de la Casa Real, en la que él y la duquesa de Sussex puedan continuar con sus negocios privados mientras cumplen puntualmente con alguno que otro acto oficial. Y lo que es más importante: tampoco habrá fondos reales para los Sussex, ya sean públicos o privados, ni seguridad.
Andrés, duque de York, a quien el rey retiró sus títulos el año pasado, recibe una asignación económica de Charles: una suma procedente de las arcas privadas del rey que, para cualquier ciudadano, se consideraría extremadamente generosa.
Meghan y Harry generan sus propios ingresos a través de iniciativas empresariales, como la marca de Meghan “As Ever” o sus series de Netflix. Se estima su fortuna en 48 millones de dólares. Han decidido mantener su casa de 14 millones de dólares en Montecito y su lujosa mansión de 6 millones, que compraron en Portugal, al lado de la de la princesa Eugenie.
Un hecho que refleja que el proyecto británico no es a largo plazo ni definitivo, sino probablemente, para Harry, el deseo de acompañar al rey enfermo y “britanizar” culturalmente a sus hijos, los príncipes Lilibet y Archie, que hablan con un acento californiano, además del trabajo de Meghan.
¿Drama, crisis de la monarquía o reconciliación familiar?
¿Será un drama o provocará una crisis en la monarquía la llegada a fin de mes de los Sussex? El Palacio, tomado por sorpresa, nunca tomó la llegada de Harry con alegría y tampoco la Familia Real.

El domingo, Harry informó al rey que regresaría al Reino Unido, que había encontrado un lugar donde vivir y que había inscrito a sus hijos en una escuela del país. Se habían encontrado un mes antes. Ni él ni Meghan le habían contado sus planes, cuando los recibieron a la hora del té en Highrove, de un regreso más permanente.
A la defensiva, con el rey advirtiendo a su hijo Harry que no podía ser parte de la Casa Real trabajadora y el primer ministro anunciando que la seguridad de los duques de Sussex era “una cuestión privada”, la actitud de la Casa Real fue mostrar su debilidad y sus temores.
Si el rey muere y William es el nuevo soberano, el príncipe de Gales será el pequeño príncipe George, de 13 años. En ese caso, la ley real indica que Harry debe ser el regente. Una idea que enfurece a William. Pero la otra opción es su tío destituido, Andrés, duque de York.
El proyecto recibido por Meghan
Nunca imaginó la Familia Real que podría haber otras razones para que los Sussex vivieran en Gran Bretaña. La realidad es que Meghan ha recibido una oferta de trabajo para hacer un gran proyecto, que en parte se desarrollará en Gran Bretaña. Por eso vienen los Sussex al reino y tomaron la decisión de inscribir a sus hijos en una escuela británica.

Bronte Coy, la periodista que dio a conocer la noticia, afirmó que el hecho de que a Meghan le ofrecieran un papel en una producción británica, “altamente secreta”, había desempeñado un papel “significativo” en el regreso de la familia.
“Esta es una pieza clave del rompecabezas. Creo que, cuando todos nos enteramos de que Harry y Meghan se mudaban aquí —y de que, en cuestión de días, los niños ya estaban inscritos en la escuela—, todo el mundo se preguntaba: ¿Qué va a hacer Meghan?”.
Coy declaró al programa Today de BBC Radio 4 que el proyecto es “importante” y que Meghan está “muy entusiasmada”, añadiendo que se darán a conocer más detalles “relativamente pronto”.
Esto explica que muchas cosas ya estaban organizadas. Cuando llegaron a Gran Bretaña para una breve visita días atrás, los Sussex vivieron en secreto en los Cotswolds 5 días y dieron el okay definitivo a la casa en el campo donde vivirán. Lo mismo hicieron con la escuela, donde sus hijos irán todos los días.
Los reguladores de los diarios británicos no permiten identificar ni el lugar donde vivirán ni la escuela a la que irán los niños, que no podrán ser fotografiados en su primer día escolar o después. Se deberá respetar su privacidad, según la ley británica.
Nadie ha hablado de la seguridad, pero probablemente sea parte del proyecto que ha contratado a Meghan. Nadie ha precisado de qué se trata. Fue revelado por un sitio de noticias australiano.
La seguridad, el problema de Harry y el Gobierno
La situación de seguridad de Harry permanece inalterada a ojos del Ministerio del Interior. Lleva años luchando por recuperar la protección policial en el Reino Unido, con un costo enorme y sin éxito. Se cree que su solicitud para que se convoque un comité de evaluación de riesgos sigue tramitándose por los canales oficiales con extrema lentitud y, hasta la fecha, sin resolución alguna. Pero anoche se hablaba de que estaba siendo reconsiderada.
Por otro lado, el regreso de Harry refleja su deseo, expresado en repetidas ocasiones, de reconciliarse con su familia y de estar más presente en las organizaciones benéficas que apoya en el Reino Unido.
El año que viene, Birmingham será la sede de los Juegos Invictus de 2027 —el torneo deportivo creado por Harry para veteranos heridos—, por lo que él estará allí para el evento.
Es probable que quiera desempeñar un papel destacado en los homenajes que se organicen el próximo año con motivo del 30.º aniversario de la muerte de su madre, la princesa Diana.
Una encuesta de YouGov, realizada el jueves a 5.810 adultos, muestra que el 45 % se mostró indeciso sobre si quería que la pareja regresara.
Otro sondeo realizado el mes pasado reveló que tanto Harry como su esposa son vistos desfavorablemente por el público. Solo el 22 % de los británicos tiene una opinión positiva de Meghan, mientras que el 65 % tiene una opinión desfavorable.
Al príncipe Harry le fue ligeramente mejor: el 33 % lo ve de forma positiva y el 58 % de forma negativa. La opinión sobre el duque ha mejorado durante el último año. Su valoración positiva ha subido seis puntos y la negativa ha bajado cinco puntos desde mayo de 2025.
Pero sea cual sea el proyecto de Meghan y Harry, ha conseguido una espectacular difusión y expectativa global.
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