
Cumplir cien años suele despertar una pregunta inevitable: ¿existe una fórmula para llegar a esa edad con energía y entusiasmo? La ciencia sostiene que intervienen múltiples factores, pero quienes alcanzan esa meta suelen aportar una perspectiva diferente.
Ray Svejnoha, un estadounidense que celebró su centenario rodeado de familiares y amigos, asegura que el secreto no está en una dieta milagrosa ni en una rutina extraordinaria. Para él, la actitud con la que se enfrenta cada día ocupa un lugar central.
Sus palabras llamaron la atención porque reflejan una manera de vivir que, según distintos especialistas en envejecimiento saludable, puede influir tanto en el bienestar emocional como en la calidad de vida a largo plazo.
Una filosofía basada en el optimismo y el disfrute cotidiano
“Si vas a estar de mal humor, no me hables porque no tengo tiempo para eso… Tengo mucho espacio para reír, bromear, hacer ese tipo de cosas y disfrutar”, afirma Ray Svejnoha al explicar cuál es la actitud que lo acompañó durante toda su vida.

Lejos de negar los problemas, sostiene que prefiere dedicar su energía a aquello que le produce alegría y le permite mantener vínculos positivos con quienes lo rodean.
Svejnoha nació en 1925 y durante gran parte de su vida trabajó como agricultor y ganadero en Texas. Acostumbrado al trabajo físico desde muy joven, construyó una vida ligada al campo, donde aprendió el valor de la constancia, la disciplina y el contacto cotidiano con la naturaleza.
Al cumplir cien años, fue sorprendido con un festejo organizado especialmente para él, una celebración inspirada en el baile de fin de curso al que nunca pudo asistir cuando era adolescente debido a las obligaciones laborales.
El homenaje emocionó a Svejnoha, quien destacó la importancia de disfrutar cada momento y valorar el tiempo compartido con los seres queridos.
“Siempre trato de encontrar algo por lo que sonreír”, explicó en una entrevista al sitio Today. Para él, conservar el sentido del humor es una decisión diaria que ayuda a enfrentar las dificultades sin permitir que definan toda la experiencia de vida.
También recordó que nunca dejó de trabajar mientras su salud se lo permitió y que mantenerse ocupado le dio un propósito permanente. En su opinión, tener responsabilidades y proyectos ayuda a conservar la motivación incluso en edades muy avanzadas.
Otro aspecto que destaca es el valor de la familia. A lo largo de los años construyó una extensa red de hijos, nietos y bisnietos con quienes mantiene un vínculo cercano. Considera que compartir tiempo con ellos constituye una de las mayores fuentes de felicidad.
Aunque reconoce que el paso del tiempo trae desafíos físicos inevitables, insiste en que la manera de reaccionar frente a ellos marca una diferencia importante. “No tengo tiempo para el mal humor”, repite como una filosofía que procura aplicar cada día.

El Harvard Study of Adult Development, uno de los estudios más largos sobre desarrollo humano, ha mostrado que las relaciones personales de calidad y una actitud positiva frente a la vida se asocian con mayor bienestar físico y emocional en el envejecimiento.
La historia de Ray Svejnoha muestra que llegar a los cien años no depende de un único secreto. Su experiencia combina trabajo, vínculos familiares sólidos, sentido del humor y una decisión consciente de no quedarse atrapado en el enojo permanente.
Para él, la longevidad no consiste únicamente en sumar años, sino en seguir encontrando motivos para reír, compartir con los demás y aprovechar el tiempo del que todavía se dispone.
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