Quiero dejarles a mis hijos algo más que la tierra y recién ahora es posible – Agrofy News

17deAbrilde2026a las14:15

Hace 23 años que camino lotes. Que miro el cielo antes de decidir si pulverizo o espero. Que negocio granos con un ojo en Chicago y el otro en el acopio de Nogoyá. Que calculo de márgenes en la cabeza mientras manejo la camioneta por la ruta 12.

En esos 23 años junté algo que no figura en ningún balance: experiencia. Datos de campaña tras campaña. Intuiciones que se afinaron con los errores. Cicatrices de sequías que me enseñaron más que cualquier congreso. Y la certeza de que un buen promedio de venta le gana a cualquier jugada de una sola mano.

Todo eso estaba en un solo lugar: mi cabeza. Y un día me hice una pregunta que me cambió la forma de pensar el campo: si mañana yo no estoy más, ¿qué pasa con todo lo que aprendí?

El conocimiento que se muere con el productor

Esta es, probablemente, la deuda más grande del campo argentino. Y no es una deuda financiera. Es una deuda generacional.

Tu viejo sabía leer el suelo con las manos. Sabía cuándo la planta pedía agua antes de que se notara. Sabía negociar con el acopio sin que le tomen el pelo. ¿Vos aprendiste todo eso? ¿Tu hijo va a poder?

La respuesta, en la mayoría de los casos, es no. Porque el conocimiento del productor argentino es oral, intuitivo y personal. No está sistematizado. No está escrito. No se puede transferir con un manual. Y cuando el productor se retira o ya no está, ese conocimiento desaparece. Literalmente.

La tierra queda. Los fierros quedan. Pero la cabeza — que es lo que le da sentido a todo lo demás — se va. Yo no quiero que eso me pase.

fuente: GOOGLE NEWS

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