“Quién cuida a los que nos cuidan?”

Las muertes de un anestesista y un enfermero es un llamado de atención, una señal de alarma, como lo fue en su momento la dolorosa muerte de René Favaloro y tantos otros casos anónimos.

Cuidar a quienes cuidan es una cuestión de salud pública. El Estado debe garantizar un marco laboral que proteja tanto la salud física como la salud psíquica de sus médicos. En algunos países, como España, ya se encuentra regulada. Argentina cuenta con profesionales altamente cualificados y reconocidos internacionalmente que, sin embargo, no gozan de las mínimas condiciones laborales necesarias para ejercer con dignidad.

Medicina es una carrera larga, exigente, emocionalmente demandante y poco remunerada; por ello, injustamente desprestigiada en el plano social. Esta realidad no se sostiene con un aplauso post-pandemia, se necesita inversión, mejores salarios, residencias reguladas, acompañamiento emocional y licencias remuneradas para cuidados familiares.

No hablo sólo desde mi mirada como socióloga, sino también como madre de una médica R1 (residente de primer año) del Hospital de Clínicas, que regresa agotada después de 40 horas de guardia -aunque feliz-, todavía sostenida por las ilusiones y el compromiso de sus jóvenes 25 años. Algunos de sus compañeros han abandonado la residencia (luego de seis años de estudio, más CBC, examen y entrevista de residencia), por no poder sostener el burnout y el desgaste extremo.

El costo de no cuidar a quienes nos cuidan es altísimo. Cuando un médico trabaja en condiciones adecuadas, los pacientes recibimos una mejor atención y, en consecuencia, mejora toda la sociedad. Cuidar la salud de quienes nos cuidan, en todas sus dimensiones, es urgente e imprescindible para alcanzar aquello que los romanos ya sabían: mens sana in corpore sano…

Dra. Silvina Calvo Lamas silvicalvo1@yahoo.es

OTRAS CARTAS

“En las guerras, la derrotada es la humanidad toda”

La guerra en Medio Oriente es, ante todo, una tragedia humanitaria de proporciones gigantescas. Mientras unos pocos discuten intereses y estrategias, millones de civiles indefensos padecen el terror cotidiano y una completa incertidumbre sobre el presente y el futuro.

No hay motivos que justifiquen semejante grado de sufrimiento de personas inocentes. Este drama interpela a la conciencia moral de la comunidad internacional, que no debería permanecer indiferente frente al dolor de quienes quedan atrapados en contextos de violencia extrema. Y lo lamentable es también naturalizar esta tragedia que sufre la población civil de todos los países involucrados.

Nadie triunfa en las guerras, la derrotada es la humanidad en su conjunto.

Patricio Oschlies poschlies@yahoo.com.ar

Ley de Glaciares: el daño puede ser irreparable

En un contexto de enormes sequías y crisis climáticas cada vez más frecuentes aprobar la Ley de Glaciares es un retroceso irreversible. Se desoyó a la Ciencia como también a miles de personas que exigieron ser escuchadas. Ya fue dicho por científicos, especialistas en glaciología, que el daño puede ser irreparable. Chile atraviesa la peor crisis hídrica posicionándose entre los países con mayor estrés hídrico a nivel mundial. En tiempos de odio, guerras, destrucción y violencia, no dejemos que nos gane el individualismo. Los glaciares sostienen el agua y los territorios. Que el silencio no hable más fuerte que la conciencia.

Adriana Murtagian adrianamurtagian@gmail.com

Cuestiona cómo se utiliza la IA en la escuela

Encuentro un inconveniente en recurrir a la Inteligencia Artificial (IA) en la escuela, sobre todo en la Primaria y Secundaria, pues los alumnos, al encontrar todo resuelto, ven limitada la posibilidad de desarrollar su propia capacidad para interrogarse, responderse y cuestionar la pertinencia de sus propias respuestas. La IA debe ampliar más que limitar las capacidades de los estudiantes.

Carlos Alberto Castriota ccastriota2009@gmail.com

fuente: CLARIN

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