
La corriente filosófica estoica ha cobrado nuevo impulso en los últimos años con reediciones de obras clásicas, como el Enquiridión, de Epícteto, o las Meditaciones, de Marco Aurelio. Además, sus frases aparecen en contenidos virales y hasta en tatuajes.
El libro Stoicism: A Very Short Introduction, de Brad Inwood, define al estoicismo como una “escuela filosófica que enfatiza el autocontrol, la fortaleza y la convivencia en armonía con la naturaleza y la razón”.
Uno de sus principios queda en claro en el Enquiridión: “Hay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están”. Esto significa que controlamos nuestras opiniones, preferencias y acciones, pero no el cuerpo, las riquezas o las opiniones de los demás.
Una frase de Séneca (4 a.C.-65 d.C.) pone el foco en el rol que juegan las pasiones en este tipo de pensamiento.
La frase, atribuida a Séneca, lejos de aparecer como una simple provocación, encierra una reflexión profunda sobre el papel de las emociones en la vida de las personas, aunque, a simple vista, parece contradecir la imagen clásica del estoicismo como una filosofía que alienta la supresión de las pasiones.

Para Séneca el problema no eran las pasiones en sí, sino su descontrol. Un “hombre sin pasiones”, siguiendo sus ideas, sería desconectado de los impulsos que dan sentido a la acción humana: el entusiasmo, la indignación ante la injusticia, el deseo de aprender o de mejorar.
Así, una persona que carece de pasiones sería intelectualmente estéril. De ahí la asociación con la “estupidez” porque sin emoción no hay curiosidad, sin curiosidad no hay pensamiento crítico, y sin pensamiento crítico no hay verdadero juicio.
Es probable que esta frase provenga de su tratado De ira, donde defiende el control racional, pero no absoluto de las pasiones.
Quién fue el filósofo Séneca
Séneca nació en Córdoba (actual España) y en Roma estudió gramática y retórica. Recibió la influencia de los Sextios, un grupo afín al estoicismo. Ejerció la abogacía, estuvo enfrentado con el emperador Calígula, que estuvo a punto de matarlo. En el año 41, el emperador Claudio lo desterró a Córcega (actual Francia), acusado de cometer adulterio con Julia Livila.
Al volver del destierro, en el año 49 d. C., fue nombrado preceptor de Nerón con el fin de prepararlo para el gobierno. Al asumir Nerón, en el año 54, Séneca fue uno de sus principales consejeros y consiguió que gobernara de manera moderada, según los ideales del estoicismo.
Vigencia de la frase en el mundo actual
Las palabras atribuidas a Séneca cobran sentido en varios ámbitos:

- Sociedad digital. Donde la apatía y el cinismo se confunden a menudo con inteligencia, la frase recuerda que la indiferencia no es sinónimo de lucidez.
- Mundo laboral. la falta de pasión suele traducirse en trabajos mecánicos, baja creatividad y escaso compromiso.
- Educación. Refuerza la idea de que aprender no es solo memorizar datos, sino involucrarse emocionalmente con el conocimiento.
- Política y debate público. Advierte sobre el peligro de ciudadanos sin indignación ni entusiasmo son fácilmente manipulables.
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