
Durante tres jornadas, especialistas de la Argentina y Europa debatieron en la UNTREF sobre los desafíos que la inteligencia artificial plantea a la producción artística, la curaduría y la construcción de archivos.
04-03-2026
El Coloquio Internacional “Semióticas, artes e inteligencia artificial” reunió a investigadores, artistas y docentes para analizar cómo la inteligencia artificial (IA) generativa transforma los modos de producir, interpretar y archivar obras en el arte contemporáneo. La apertura estuvo a cargo de Diana Wechsler, vicerrectora de la UNTREF y directora del Instituto de Investigaciones en Arte y Cultura Norberto Griffa (IIAC), que subrayó la colaboración sostenida entre la UNTREF, la Universidad de Liège y la Universidad Nacional de las Artes. “Estas acciones revelan la vocación por dar continuidad a líneas de investigación y sostener una mirada crítica sobre el pasado y el presente”, afirmó. En un contexto de recortes presupuestarios, destacó además la vitalidad de la universidad pública y su capacidad para generar redes internacionales de trabajo.
El eje que atravesó las tres jornadas fue una pregunta tan simple como inquietante: ¿qué cambia cuando la máquina también produce arte? ¿Se trata de un nuevo actor en el sistema artístico o de una intensificación de procesos ya presentes en la historia del arte contemporáneo?
Wechsler planteó que la inteligencia artificial introduce nuevas lógicas en el sistema de producción simbólica y altera las formas de habitar el tiempo y el espacio. La experiencia de la nube, por ejemplo, modifica radicalmente la relación con la información y los datos. “No es lo mismo ir a buscar un DVD que acceder a un contenido almacenado en un espacio intangible”, señaló, al tiempo que puso el foco en uno de los núcleos del encuentro: el lugar del archivo en un entorno fluido y continuo de datos.
Percepción de la máquina
La especialista de la Universidad de Liège Maria Giulia Dondero abordó la llamada “percepción de la máquina”. Explicó que los modelos generativos se nutren de imágenes y textos producidos por humanos, es decir, de un patrimonio cultural ya existente. Según su análisis, la IA no reproduce obras específicas sino estilos, lo que explica la facilidad con la que puede reconocerse, por ejemplo, un “paisaje en estilo Van Gogh”. Sin embargo, advirtió sobre el problema de la estereotipia: al aprender a partir de imágenes segmentadas por objetos aislados, los modelos encuentran límites para reproducir complejidades ópticas más densas, como las del barroco.
Por su parte, Aluminé Rosso, investigadora de la Université de Liège y la Université Lumière Lyon 2, sostuvo que la IA no introduce una ruptura radical en el arte contemporáneo sino que intensifica una dimensión metacrítica que le es constitutiva. Analizó casos en los que la IA actúa como “curador” y señaló que estas prácticas reconfiguran las condiciones de producción, legitimación y recepción de las obras. También puso el foco en los visitantes: las imágenes que circulan en redes sociales describen prácticas existentes, orientan comportamientos futuros y estabilizan modos de experiencia en los espacios expositivos.
En la misma línea, Pierluigi Basso de la Universidad de Bologna afirmó que la IA ya interviene en las prácticas museales a través de aplicaciones que proponen recorridos personalizados o aproximaciones entre obras. Más recientemente, se la moviliza como agente curatorial capaz de seleccionar y organizar configuraciones expositivas. Sin embargo, sostuvo que su función no debería ser sustituir la interpretación, sino convertirse en un entorno a interpretar, capaz de volver problemático el propio mundo del arte.
El archivo fue otro de los grandes ejes del coloquio. Baal Delupi de la Universidad Nacional de Córdoba propuso pensar el archivo además de en relación con la memoria como infraestructura crítica para el futuro. “Archivar sin clausurar, preservar sin fosilizar, digitalizar sin desmaterializar, automatizar sin despolitizar”, planteó como desafío en un tiempo en el que el ruido informativo resulta ensordecedor.
Enzo D’Armenio de la Universidad de Lorraine, a su vez, distinguió tres dimensiones del archivo: como patrimonio, como recurso digitalizado y como experiencia. En la actualidad, sostuvo, el despliegue masivo de lo digital exige reformular el documento de archivo no solo como lugar de almacenamiento sino como experiencia de recepción.
A lo largo de las tres jornadas, el coloquio dejó en claro que la inteligencia artificial no puede pensarse únicamente como herramienta técnica. Se trata de un actor que interviene en la producción, en la circulación y en la memoria de las obras y que obliga a revisar categorías centrales de la semiótica y del pensamiento estético.
El evento fue organizado en conjunto por el Instituto de Investigaciones en Arte y Cultura (IIAC-UNTREF), el Instituto de Investigación y Experimentación en Arte y Crítica (IIEAC, Área de Crítica de Artes-UNA), la Université de Liège, la Université Lumière Lyon 2 y el Laboratoire ICAR. Se realizó en formato presencial y a distancia, con transmisión a través del Canal de YouTube de la UNTREF. El programa completo y la totalidad de los expositores pueden consultarse en el siguiente enlace.
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