
Un sacerdote advierte sobre sus límites
El uso de IA para consultas espirituales crece entre los fieles, pero especialistas recuerdan que estas herramientas no sustituyen el acompañamiento humano ni la experiencia de fe, y alertan sobre riesgos de dependencia y pérdida de discernimiento.

Muchas personas buscan consejo en las pantallas
Cada vez más personas recurren a la inteligencia artificial para buscar orientación espiritual, desplazando incluso la consulta directa con un sacerdote. Así lo señala el Pbro. Pablo Arturo Muñoz Valenzuela, quien advierte que, aunque estas plataformas pueden ofrecer datos útiles, no pueden reemplazar la guía humana ni la experiencia de fe.
El sacerdote, con base en la encíclica Magnifica Humanitas, explica que la IA puede servir como un primer acercamiento para investigar temas espirituales, siempre que la información sea verificada en diversas fuentes. Sin embargo, subraya que su uso indiscriminado puede alejar a los creyentes de Dios y generar una falsa sensación de acompañamiento.
Según Muñoz Valenzuela, una de las principales limitaciones de estas herramientas es su carácter complaciente. Al estar diseñadas para ofrecer respuestas agradables y personalizadas, pueden condicionar la búsqueda de la verdad y limitar el discernimiento. Además, no todas las personas saben formular indicaciones adecuadas, lo que aumenta el riesgo de recibir información incompleta o sesgada.
El sacerdote remarca que la IA carece del “componente personal e intersubjetivo” indispensable en la dirección espiritual. Citando la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León, recuerda que estas tecnologías no viven experiencias, no poseen cuerpo ni conocen desde dentro el amor, el dolor o la responsabilidad. Aunque puedan simular empatía, no participan del horizonte afectivo y espiritual propio del ser humano.
En este sentido, destaca que la dirección espiritual requiere la capacidad de “leer entre líneas”, algo imposible para un algoritmo. Además, recuerda que la gracia de estado no puede ser reemplazada por ninguna aplicación: “No podemos olvidar la gracia de estado. Ésta es otorgada por Dios a personas concretas —en este caso, el director espiritual— y no a aplicaciones o algoritmos”.
A su vez, el padre menciona que a estas herramientas les falta el “componente personal e intersubjetivo”. Para dar mayor entendimiento a esta idea, citó al Papa León en su encíclica Magnifica Humanitas:
“Las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. (…) Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio” (Magnifica Humanitas, 99).
El sacerdote también advierte sobre la creciente dependencia emocional hacia estas plataformas. Muchas personas conversan más con una IA que con sus seres queridos, atraídas por la sensación de aprobación constante. Esta dinámica, afirma, no fomenta virtudes como la caridad o la unidad, sino que genera vínculos aparentes sin profundidad real.
Incluso la vida de oración puede verse afectada. Algunos creyentes prefieren exponer sus inquietudes a una IA antes que acudir a los sacramentos o pasar tiempo ante el Santísimo. “Valen más 15 minutos ante el Sagrario que largas horas consultando a ChatGPT o a cualquier otra IA”, subraya.
Frente a este panorama, Muñoz Valenzuela recomienda a los católicos fortalecer su criterio, ejercitar el discernimiento y no renunciar al sentido común. La IA puede ser una herramienta útil, pero nunca la única fuente de conocimiento. Verificar la información y mantener la búsqueda de la verdad son, afirma, responsabilidades irrenunciables para todo creyente.
fuente: Aleteia
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