
En una era atravesada por el avance de la Inteligencia Artificial (IA), que brutalmente comienza a ganar terreno en el mundo del trabajo, la Psicología se enfrenta a un desafío central que es la de prevalecer a los algoritmos, que prometen respuestas rápidas al malestar emocional y que cada vez son más utilizados peligrosamente por jóvenes y no tanto.
Lo que hace no muchos años era terreno de la ciencia ficción, hoy es una realidad que se promociona en internet como de un “hito” en la evolución del cuidado de la salud mental y que cuenta con herramientas -algoritmos- que intentan identificar patrones del habla o la escritura y determinar si hay indicios de depresión o ansiedad. Su disponibilidad 24 x 7 a través de un celular, el bajo costo y su fácil accesibilidad, lo torna por demás más accesible.
Juan Pablo Issel, Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp), se expresó sobre el rol que mantiene la disciplina en un contexto de “debilitamiento” en la protección social y el “enorme desafío” en tiempos que los sistemas de salud se ven sobreexigidos.
“Creo que la Psicología enfrenta el desafío de sostener aquello que ninguna tecnología puede sustituir: la dimensión humana de la escucha. Nuestra vida cotidiana se vuelve cada vez más dependiente de dispositivos conectados y sistemas de inteligencia artificial, y esto parece guardar una íntima relación con el aumento sostenido del padecimiento psíquico que muestran tanto las estadísticas nacionales como las internacionales. Por eso, pensar que los efectos subjetivos de interactuar permanentemente con máquinas pueden resolverse con más máquinas difícilmente sea la respuesta más razonable”, expresó el Decano en diálogo con 0223.
Según un estudio elaborado en enero 2026, en la Ciudad de Buenos Aires, se reportó un aumento cercano al 30% en la demanda de consultas de salud mental en los grupos etarios más jóvenes. Y otro estudio alertaba que por riesgo suicida, el 90% correspondían a adolescentes. “Hay un deterioro significativo de la situación de la salud mental en el país, con un aumento sostenido de las internaciones y de las consultas por padecimientos mentales, y una creciente presión sobre los sistemas públicos de atención”, alertó, en base a conclusiones en congresos especializados que sostenían que la situación en salud mental “era crítica” en 16 provincias argentinas.
La salud mental, en riesgo
Para Issel, “entre los factores que ayudan a comprender este fenómeno aparece con fuerza la incertidumbre respecto del futuro y de las condiciones de vida. Vivimos un tiempo atravesado por transformaciones profundas: por un lado, el acelerado desarrollo tecnológico; por otro, el debilitamiento de sistemas de protección social que durante décadas ofrecieron marcos de estabilidad, como las jubilaciones, los derechos laborales y el acceso gratuito a la salud y la educación. En ese contexto de mayor precariedad e imprevisibilidad, no resulta extraño que el malestar psíquico se intensifique y que los sistemas de salud mental se vean cada vez más exigidos”, razonó.
Entre IA y chatbot, ¿tiene futuro la Psicología como profesión?
Según estudios, en la Argentina la demanda de profesionales en el mercado laboral ha crecido un 45% en los últimos tres años. Ante la consulta de 0223 sobre el horizonte de la profesión en el mundo tecnológico, el catedrático no dudó en sostener la importancia de estudiar la carrera.
“La psicología tiene mucho futuro como disciplina. Muchos colegas que se reciben logran trabajar y encontrar espacios de inserción en el mercado laboral porque tienen un campo de aplicación muy amplio que va mucho más allá de la clínica y la psicoterapia: interviene en ámbitos educativos, laborales, comunitarios, institucionales y también en el diseño de políticas públicas”, añadió.
En se punto, recalcó que existe “un aumento en la consideración de los factores psicológicos y de la salud mental en la vida social. Cada vez tienen más peso en la forma en que las personas evalúan su bienestar, en la definición de agendas públicas e incluso en la comprensión de fenómenos políticos y sociales contemporáneos. Por eso creo que la Psicología está llamada a ocupar un papel muy importante en estas transformaciones aceleradas que estamos viviendo. Tiene el enorme desafío —como casi todas las profesiones— de adaptarse y encontrar su lugar en un mundo donde la inteligencia artificial tendrá un papel cada vez más preponderante”, razonó.
En un informe reciente, la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) evaluó que el uso de IA generativa para terapeuta “plantea riesgos graves, incluyendo la exposición a sesgos algorítmicos, la falta de confidencialidad y la posibilidad de inducir o agravar patologías psiquiátricas en poblaciones vulnerables”.
Para el decano de la Facultad de Psicología, “actualmente, ningún software, algoritmo o aplicación tiene la capacidad de interpretar o descifrar estados anímicos complejos en contextos reales de manera confiable. Si bien algunos modelos pueden detectar tendencias generales, trabajan con altos márgenes de error. Es posible que el desarrollo tecnológico reduzca esos márgenes, pero eso no equivale a comprender la experiencia subjetiva“.
Y añadió: “En ese punto aparece un límite más estructural: la empatía y la interacción humana no son simplemente «mejores herramientas de detección». No se trata solo de registrar e interpretar señales, sino de construir vínculos y sentidos compartidos. Y el sentido no está en los datos: se produce en la relación. Al menos por ahora, esa dimensión sigue siendo irreductible a cualquier algoritmo“.
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